Colas en los supermercados durante el coronavirus (archivo/Nicolás Stulberg)
Colas en los supermercados durante el coronavirus (archivo/Nicolás Stulberg)

En épocas de coronavirus y cuarentena obligatoria, pasan cosas impensadas. Como que a un padre no lo dejen entrar a un comercio con su hija, una beba de dos años y medio en brazos. Eso fue lo que le pasó en la mañana del martes a Agustín García, un médico oncólogo, en el barrio porteño de Caballito. El episodio, sin embargo, dejó al descubierto los vacíos legales que existen en la reglamentación del funcionamiento de comercios durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Primero vivió un mal momento en una de las sucursales de una de las cadenas más grandes del país, que en un principio le negó el ingreso pero luego de aclarar la situación con los guardias de seguridad lo dejaron ingresar. Un par de días más tarde, el martes, fue a una sede del supermercado Día, ubicada en las calles Olaya y Ángel Gallardo, frente a la clínica San Camilo, donde directamente le prohibieron el acceso y fue víctima de un injusto escarnio público.

Agustín y su mujer son médicos. Su esposa había tenido que ir a ver a un paciente y Agustín se dio cuenta de que necesitaba algo del supermercado. Precisamente, como no tenía con quien dejar a la beba, fue con ella. Lo que pasó cuando quiso entrar lo dejó indignado.

“Esperamos para poder entrar. Cuando salió una persona avancé hacia la puerta y en ese momento uno de los empleados me dijo que no podía pasar, que los chicos eran población de riesgo -contó a Infobae-. Es el negocio al que voy habitualmente. No había personal de seguridad, sino los empleados que están ahí. Y me dijeron directamente que no podía entrar con la beba. Que la dejara. La gente se puso encima a decir que me tenía que ir. Justo había un oficial de la Policía de la Ciudad y se generó un griterío. El oficial empezó a modular como reportando lo que estaba pasando”.

“No me quería poner a discutir así que me fui. Pero estaba tan enojado que llamé al 911 para reportar lo que había sucedido. En esa línea me dijeron que mandaban un patrullero. Yo no quería un patrullero. ¿Qué le voy a dejar a mi beba al policía para poder ir al supermercado? Quería denunciar lo que había pasado y saber con qué justificativo estaban tomado una decisión así”, afirmó.

Después, García decidió llamar al Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo. Allí aseguró lo que le había pasado en los dos supermercados. Preguntó cómo debía proceder, pero allí le dijeron que iban a comunicarse con los comercios para plantear la situación. Y que si quería radicar una denuncia formal podía hacerla en el 0800 y luego ratificarla con su DNI cuando finalice la cuarentena obligatoria. “No todo está previsto”, le explicaron.

Los supermercados cuando comenzó la alarma del coronavirus (REUTERS/Agustin Marcarian)
Los supermercados cuando comenzó la alarma del coronavirus (REUTERS/Agustin Marcarian)

“No hay ninguna disposición para dejarme afuera del comercio y obligarme a no entrar con mi beba. La verdad es que no tenía con quien dejar a mi hija. Fue un momento horrible, griterío encima de la gente contra una bebe de dos años. Me parece discriminatorio, fuera de sentido común. Además hay muchas personas que están solos con sus hijos. ¿Qué hacen?”, afirmó a Infobae.

El episodio dejó al descubierto que hay huecos en la reglamentación sobre cómo organizarse el ingreso a los comercios en estos tiempos de pandemia, como cuántas personas pueden estar dentro de un negocio o dependencia. Algunos autorizan una persona por vez, otros permiten cinco personas, la mayoría lo regula a ojo según el espacio del comercio.

Lo que fue una novedad fue la situación con los menores. El Correo Argentino, por ejemplo, dispuso que “todas las sucursales dedicarán sus dos primeras horas de servicio exclusivamente a la atención de personas mayores de 60 años” y no podrán entrar en otros horarios, mientras que estableció que “queda terminantemente prohibido el ingreso de niños a nuestras oficinas” y que “solo se atenderá una persona por ventanilla, quedando prohibido el ingreso de acompañantes”. Las medidas fueron oficializadas en su página web y aparecen carteles en las puertas de los locales para que todos se den por enterados.

El 22 de marzo pasado, horas después de que entrara en vigencia el aislamiento obligatorio, la Secretaría de Comercio Interior estableció que los negocios habilitados deberán disponer “de personal específicamente destinado a controlar el acceso y evitar aglomeraciones en los locales de venta en función de la superficie de los mismos, a fin de mantener una óptima relación entre espacio y asistentes”. También fijó que se debe “señalizar los lugares de espera, de manera de mantener una distancia de UN METRO Y MEDIO (1,5 m.) entre cliente/a y cliente/a en lugares de espera sea tanto en linea de caja y/o donde los/as consumidores deban formar fila de espera para ser atendidos”.

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