“Quiero ser protagonista de la mayor travesía de roller skate del mundo", dice. Un deseo ambicioso que Lucas Pellería se propuso hace tres años... y ahora no lo para nadie.
El 14 de enero se puso los patines en la puerta de su casa en La Matanza rumbo a Colombia. En total son 7.000 kilómetros que piensa recorrer en 70 días.
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Multideportista, inquieto y con habilidades de supervivencia desarrolladas, Lucas, quiso ponerse a prueba. “Practico deportes desde que tengo 5 años. Todo lo que te imagines: fútbol, natación, taekwondo, participé de carreras de montaña y otras competencias extremas... cualquier rutina física me atrae. Este viaje es diferente, compito conmigo mismo, y quiero demostrar mi capacidad de SUPERHUMANO”, explica a Infobae desde La Paz, Mendoza, donde llegó el lunes.

-¿Por qué hacerlo en patines?
-Lo que siento arriba de los rollers es intransferible. La primera vez que los encontré, en un baúl de mi casa, tenía cuatro años. No sabía cómo usarlos, encima era los de cuatro ruedas con cordones. Me los puse y me caí. Me rompí dos dientes de leche. Eso no me detuvo.
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Su pasión por las ruedas llegó a tal punto que se transformó en un modo de vida: “Armé un emprendimiento de viandas vegetarianas en Pontevedra. Las vendía y repartía rolleando. Eran diez horas por día. Cada vez que me bajaba pensaba: ¿por qué tengo que parar?”.
Entonces quiso ir por más, y más lejos. Ideó un itinerario inicial, de Ushuaia a la Quiaca, que a las pocas semanas cruzó las fronteras nacionales para conectar Buenos Aires a Cartagenas de las Indias. “Lo cambié uno días antes de salir. Mi familia no me dejaba ir. Sé que lo voy a lograr".
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Tenía la idea, la voluntad y le faltaba la preparación física y mental para poder hacerlo.“Inventé un sistema extremo a medida que llamé ‘3 mil por 3 mil’: en total 6 mil ejercicios para fortalecer brazos y piernas. Me levanté a las 4 de la mañana y lo hacía hasta los 8”.
No terminaba ahí. “Me ponía los patines y salía a girar 150 kilómetros. Los recorridos eran por Merlo, Morón… a veces iba hasta Las Heras. Hubo días que ni comía, sólo tomaba agua. La idea era trabajar al límite sobre el cuerpo, alma y mente".
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Lucas jamás tomó clases de rollers, todo lo que aprendió lo hizo mirando videos, leyendo o a prueba y error. “Para desarrollar la técnica le dejaba una rueda y patinaba en curvas o bajadas, probaba como derrapar, saltar o frenar".
Otro punto importante: el equilibrio sobre ruedas. “Sabía que me enfrentaría a terrenos desparejos entonces trabajé en ese aspecto durante semanas: puse una rueda de camión en el patio de casa y saltaba, una y otra vez, para lograr caer en un solo pie... me lastimé varias veces, hasta que pude”.
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“Yo me sentía listo para arrancar. Pero nunca tuve el apoyo económico de sponsors y mi equipo es rudimentario, los patines que tengo son están en buenas condiciones. Los pude comprar después de haber vendido mis viandas. Pero, me cansé de esperar, así que le avisé a mi padres y acá estoy en La Paz. No me va frenar nada.”
-¿Cómo fue el primer día?
-Llovía sin parar. Todos me decían que no lo hiciera. Pero me largué 80 kilómetros hasta Luján, empapado, con agua hasta los tobillos. Después de casi 10 horas paré. No había tomado agua, ni había comido nada. Esa noche dormí en una garita de colectivo que encontré.
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-¿Con qué viajas?
-Un caso de moto con espejo retrovisor y cámara para filmar todo el camino. Además, una mochila cargada con 30 kilos, porque tengo ropa, repuestos y teléfono. No llevo agua, se calienta y pesa. Para comer tengo suplementos dietarios, aunque ya me estoy quedando sin.
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-¿Qué velocidad alcanzas?
-En línea recta puedo superar los 30 kilómetros por hora. En bajada, hasta 100.
-¿Plata no tenés?
-Nada. Me quedé sin ahorros antes de salir. La gente es solidaria, me da de comer, me hospeda en el camino. Hay gente que me espera en la ruta y me entrega hasta hielo. También me ayudó la municipalidad de Mendoza por ejemplo, que me acompañó los últimos 120 kilómetros antes de llegar a la Paz. Todo se va armando así, como cuando puedo, duermo donde encuentro.
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-En lo que va del viaje, ¿no te faltó comida o agua?
-Sí… hace unos días casi me desmayo. Sentí un hormigueo en el cuerpo, la vista se me nubló y estaba en plena ruta. Unas personas que estaban manejando me vieron y pararon para ayudar. Les pedí que sólo me acompañen hasta la siguiente parada: unos 100 kilómetros adelante. Me puse la meta y fue como si el cuerpo se me despertara, pasé de circular de 10 kilómetros por hora a 30. Cuando paré, me desplomé, el cuerpo me empezó a temblar. Me tranquilicé, tomé agua de a poquito y comí algo. Dormí bien, y al día siguiente volví arrancar. Estaba como nuevo.
-¿Le tenés miedo a algo?
-No a nada, pero soy consciente del riesgo porque voy por la ruta en rollers. La fuerza me la da la gente que me alienta, me escribe por mis redes sociales (patinadoxtremo) aplaudiendo mi hazaña. Antes de salir no sabía de todo el amor que mucha gente está dispuesta a dar. No todo está perdido...

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