La pelea viene de lejos, y ahora alcanzó su punto más alto. Desde hace años, entre la nutricionista y presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición Mónica Katz, y la periodista Soledad Barruti, que suele escribir sobre alimentación, las cosas no están nada bien.
Ahora, Katz le envió una carta documento a Barruti. Con la firma de su abogado, Hernán Frajad, la intima “en forma inmediata de recibida la presente se abstenga de nombrar o de referirse a mi representada a través de redes sociales y/o medios de comunicación… Le hago saber que las opiniones médicas vertidas por la doctora Mónica Katz poseen fundamentos científicos y se encuentran respaldados por la mejor evidencia científica... Sus dichos maliciosos e infundados generan desprestigio y perjuicio”. De no hacerlo, señala, iniciará acciones penales.
Esto provocó la inmediata respuesta de Barruti a través de un video en su cuenta de Twitter: “Pedirme a mí que no tenga en cuenta este actor importante de la sociedad es pedido de censura. Se me acusa de que genero desprestigio y perjuicio a la persona que este abogado representa. Y me hace saber que las opiniones vertidas por la doctora Mónica Katz poseen fundamentos científicos… Yo no sé de qué me está hablando, no me dice que hice una publicación y que eso la está dañando… Y me intima a nunca más hacer referencia a la doctora”.
Los encontronazos más importantes entre ambas mujeres comenzaron el 16 de diciembre del 2013, cuando se cruzaron en el programa de Jorge Lanata, ese día conducido por Jorge Fernández Díaz. Allí, Barruti presentaba su libro Malcomidos, y poco tiempo antes, Katz había publicado Somos lo que comemos. “Creo que ella me copió. Mi libro desentrañaba cómo se hace para que algo sea delicioso, los secretos ocultos… Yo no soy para nada pro mercado, soy pro salud”, sostiene hoy, consultada por Infobae. “Aquella vez me llamaron del programa, y cuando llegué, ella estaba sentada, no me cayó muy bien, no me habían dicho nada. Fue raro. Como ella en su libro lo que hace es pegarle a todos los alimentos, nos trenzamos. Yo le dije que, si como ella sostenía, todo era malo, ¿qué comemos? Ella acorrala a la gente. Para mí, los humanos nacemos con derecho a sentir placer al comer. No es un ejercicio intelectual. Y lo que te gusta, en porciones adecuadas, puede ser parte de un plan saludable. En ese lugar, yo represento un poder hegemónico de una ideología opuesta a la de ella. Yo creo en el placer, en que el mercado de alimentos se regula con políticas públicas, no con libros únicamente”.
Los libros de Barruti -Malcomidos y Mala leche- tienden a presentar, con títulos efectistas, un panorama sombrío sobre nuestra alimentación que no suele ser convalidado por los expertos. Así por ejemplo, aun reconociendo que los argentinos debemos variar más todavía nuestra dieta -disminuir la parte de carne en beneficio de más fruta y verdura- Fernando Vilella, ex decano de la Facultad de Agronomía de la UBA, afirmaba un tiempo atrás: “Si uno mira lo que comía un argentino hace 30 años, la verdad es que no era bueno (...) ... comíamos mucha más cantidad de carne vacuna, poco pollo, poco cerdo, había un bajo componente de lácteos y no había una gran cantidad de frutas y verduras. (...) Cuando uno mira el panorama general, la dieta actual es mejor que la que había hace 50 años, en términos globales”.

En octubre del 2018, Katz y Barruti volvieron a enfrentarse, esta vez en Twitter. “Quien comunica interviene en la gestión de la Salud Pública. Intrusismo nutricional es ubicarse en lugar de experto sin serlo“, publicó Katz, en obvia referencia a las críticas que hacía Barruti, y a su falta de idoneidad en materia de nutrición. Esta le respondió: “Es preocupante que profesionales de la salud sean comunicadores públicos de sus negocios privados llegando al punto de utilizar su matrícula para publicitar productos y marcas”. Es la clase de acusaciones que dispararon la reacción de Katz.
Sobre la carta documento que le envió, la nutricionista señaló: “Simplemente, lo que intenté es que no utilice a mi persona para hacer sus investigaciones y denuncias. Ella tiene que hacerlas y me parece fantástico. Pero todo el tiempo las liga a mi persona y a la sociedad que presido. En un momento me harté. Yo no soy sinónimo de nutrición, de alimentación, las investigaciones las puede hacer sin mi. Intenté que deje de nombrarme en cada cosa que dice, pero lo convierte en un acto de censura”.

Para Katz, no se trata de censurar a la periodista: “Es defender que uno tiene la libertad de no estar en la palestra cuando hay noticias falsas sobre su persona, cuando sostiene que lo que digo tiene que ver con el apoyo de una empresa. No conoce mi trayectoria. Yo hablo del placer de comer desde el 2005. Y ella atribuye equivocadamente que si yo hablo del placer de una copa de vino o de un pedacito de chocolate, es porque me paga la industria vitivinícola o la del chocolate. Es algo muy agresivo. Que hable de lo que quiera, porque yo pienso que hay que reconvertir el mundo de los alimentos, hay que hacer mucho más justo el márketing y regularlo… Pero, ¿por qué se la agarra con mi persona o la sociedad que presido desde hace un año? (Le queda uno al frente de la SAN). Cualquier sociedad científica tiene sponsors. Una ONG no tiene forma de sobrevivir si no. Ella hace un ataque sistemático hacia mi persona. Además, hay otras sociedades de nutrición. Y ella no las toca”.
La nutricionista, además, reconoce que su carta documento se puede convertir en un boomerang, y que todo el mundo comience hablar del conflicto que intentó cortar de cuajo: “Puede ser, pero siento que en las redes, en un punto, estaba indefensa. Ella no lo entendió. Pero por supuesto que me sentaría con ella a debatir, claro. El verdadero diálogo se da cuando uno habla con alguien que no piensa lo mismo, por eso digo que mi carta documento no tuvo por objeto censurar a nadie. Pero sé que hoy es un negocio juntar seguidores, y ella vive de las charlas. Y yo de dar clases y atender pacientes. ¿Si me vuelve a nombrar? Es que ella me va a seguir nombrando, pero no voy a hacer nada, quiere decir que no entendió”.
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