
Los Schiavi descienden por la anteúltima bajada con la precaución que exige la montaña de arena. Adolfo, padre y único hombre de la familia, explica el principal secreto: “La gente se confunde. Cree que por tener una 4x4 van a atravesar cualquier situación y no, los neumáticos deben estar con menos aire de lo habitual. Porque las ruedas deben deslizarse, es decir, tienen que estar anchas para poder buscar el equilibrio en el manejo. Caso contrario, se estancan. Y cuando eso pasa es todo un tema”.
“La Frontera” de Pinamar recibe, a diario, miles de turistas distribuidos en cientos de vehículos que se estacionan -por orden de llegada- frente al mar con el objetivo de pasar una jornada lejos de la multitud y bajo otra lógica. “Acá no tenés el bullicio de los paradores del centro. Hay mucha playa, cada familia trae su gazebo, lo arma, pasás el día y listo. A otra cosa”, agrega Schiavi.
El hombre de 49 años atiende a Infobae mientras dirige el armado de su estructura. “Poné allá, agarrá acá, pasame la estaca, cuidado con la soga”, les indica a sus hijas, ambas menores de edad, quienes cumplen los pedidos de su papá y en menos de 15 minutos logran lo de todos los días: que el gazebo color azul, comprado en 2018, esté prolijamente colocado.

La rutina de Adolfo es la de casi todas las familias que se ubican en el norte de Pinamar. Kota Beach, El Más Allá y Nómade son los tres paradores que completan la escena. Hay mesas pero no las carpas tradicionales de los balnearios de la Costa Atlántica. Sí camastros, que se alquilan por día. Agostina, encargada de Kota Beach, los ofrece por $2.500. “De ese monto, $1.000 los pueden utilizar para consumir en el parador”, explica a Infobae.
Cada mediodía, estos tres paradores completan la totalidad de sus cubiertos. La joven asegura que en su restaurante los números superaron ampliamente los del año pasado. “Mucha gente que venía de Punta del Este y este verano está acá”, indica la mujer, quien retocó los precios de su carta el mismo día en que la visitó este medio. “Estos son los valores que permanecerán hasta el final de la temporada”, completa. Los precios no difieren demasiado de los que podrían encontrarse en los más concurridos de Pinamar o los cuatro emblemáticos de Cariló.
Los comensales, en su gran mayoría, responden al mismo accionar que la familia Schiavi: cada mañana cargan en sus camionetas todo lo elemental para el día playero. Allí el gazebo, la conservadora, reposeras o sillas, alguna mesa plegable, abrigos, ojotas, el mate y una pelota o eventualmente paletas o tejo.

“A nosotros no nos ocasiona ningún problema tener que descargar cada tarde y volver a hacerlo al otro día. Preferimos venir acá por diversas cuestiones. Pero principalmente es por la tranquilidad de estar en una playa grande, con un mar mucho más hermoso y sin el ruido que hay allá”, sostiene Gustavo Burgos, comerciante porteño, quien desengancha del trailer el cuatriciclo que más tarde utilizará su hijo de 20 años.
Cuando Burgos dice “allá” se refiere al norte de Pinamar que no es tan al norte como “La Frontera”. Para la porción de turistas que completan estas playas con sus cuatriciclos y UTV, en las playas céntricas -o más cercanas al corazón de Pinamar- no hay lugar. Bien al norte sí, porque pueden lucir sus vehículos de playa y andar por los médanos privados que se ubican a 100 metros del mar. Lo hacen a través de los corredores seguros que habitualmente están rodeados de los gazebos mencionados. Si algunas de las camionetas se queda en la arena, una grúa ofrece sus servicios “a voluntad”.
Previo al descenso de las 4x4, hay varios controles policiales ubicados estratégicamente. Y a pesar de que la Municipalidad de Pinamar estableció estos carriles para la utilización de los vehículos, suelen encontrarse algunas acciones ilegales que escapan del control de las autoridades: cuatriciclos y UTV sin patentes y conductores que son menores, no tienen licencia o no usan casco al momento transitar la zona.

“Hace algunos años muchas familias traían parrillas chiquitas y hacían un fuego al lado de los gazebos. Eso ya no se ve. Creo que el problema se originó por uno que se prendió fuego. Además dejaban el carbón apagado en la arena y no estaba bueno. Lo que hacen algunos es traerse las eléctricas. Las conectan a la camioneta o algún grupo electrógeno y se cocinan un pedacito de carne”, sostuvo Diego Castro, vendedor de churros en “La Frontera”.
En la zona, a pocos metros de los principales paradores, un grupo de comerciantes gastronómicos incorporó -entre los árboles del bosque- una propuesta llamada Go! Festival, la cual está protagonizada por food trucks que ofrecen diversas opciones culinarias. Desde las 17 hasta las 2, los turistas se acercan y viven una noche diferente en Pinamar. Al estar dentro de “La Frontera”, muchas familias comenzaron a arribar más cerca del mediodía a la playa y cuando cae la tarde pasan por este complejo para tomar una cerveza o comer una hamburguesa.
Fotos: Diego Medina
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