Jorge Fontevecchia, Jérôme Paillard y su traductora, Lucrecia Cardoso y Luis Scasso (Fotos: Maximiliano Vernazza)
Jorge Fontevecchia, Jérôme Paillard y su traductora, Lucrecia Cardoso y Luis Scasso (Fotos: Maximiliano Vernazza)

Lucrecia Cardoso, directora ejecutiva del Observatorio del Sector Audiovisual e Infocomunicaciones (OSAI), presentó este jueves Políticas y producción audiovisual en la era digital en América Latina, un libro que reúne artículos que describen distintos aspectos del estado actual de la industria en la región e invitan a reflexionar acerca de los desafíos y oportunidades que ofrece un escenario cada vez más complejo y dinámico.

El volumen, publicado por Editorial Octubre y del que participaron miembros del grupo de trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), en particular de Ecuador, Cuba, Uruguay, Argentina, México y Bolivia, contiene las consideraciones de instituciones académicas, gestores culturales, personas involucradas en la formulación de políticas públicas, activistas políticos, sindicatos y productores de TV y cine. Los textos fueron compilados por Cardoso, Germán Calvi y Matías Triguboff.

Los tres compiladores: Matías Triguboff, Lucrecia Cardoso y Germán Calvi
Los tres compiladores: Matías Triguboff, Lucrecia Cardoso y Germán Calvi

En la presentación, que se celebró en el auditorio de la sede de la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI), acompañaron a Cardoso el director de la Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, el director ejecutivo del Marché du Film de Cannes, Jérôme Paillard, y el director adjunto de la Oficina Argentina, Luis Scasso.

Concluido el evento, Cardoso habló con Infobae sobre las consecuencias de los cambios que introdujo la era digital, la competencia de la industria regional con los grandes jugadores globales y la situación que atraviesa el cine argentino.

-¿Por qué diría que es fundamental poner en común estas perspectivas en torno al nuevo paradigma de la producción audiovisual?

-Es un tema que está reconvirtiendo, especialmente en el sector de los contenidos, las industrias culturales. En 2013, el 70% de los consumos culturales eran analógicos y el 30%, digitales. Es decir, el ingreso cultural circulaba entre el físico y el vivo. El físico es el libro, el CD, el DVD. El vivo es el theatrical, el cine, la música en vivo. Esto cambió radicalmente. Hoy el único espacio que crece es el de los consumos culturales digitales, pero ese espacio no está regulado. Toda nuestra legislación, todo nuestro esquema tributario, todos nuestros fondos de fomento están pensados para el mundo analógico. Tenemos que lograr que el ingreso cultural, esto es la producción, la posibilidad de producir, circular, exportar y consumir circule en todo el espacio.

-¿Cuál es el camino para lograrlo?

-Hay condiciones, hay capacidad instalada, hay un montón de desafíos que tienen que ver con cuestiones como la convergencia tributaria, los fondos específicos que son impuestos específicos al fomento de un a determinada disciplina y de otra están pensados en ese mundo analógico. Las políticas de fomento están pensadas en formatos que tienen que ver con ese mundo analógico. Hay que actualizar eso. Hay que actualizar la normativa, convergencia tributaria, cuotas de pantalla en las plataformas, pero también hay que poner políticas activas de circulación, ese es el lugar donde los argentinos y el mundo consumen los bienes culturales.

-¿Hay motivos para ser optimista?

-Siempre los consumos culturales fueron elásticos a la economía. Si el ingreso crecía, había más consumo; si se restringía, caían. Hoy algunos de esos consumos son inelásticos. Los abonos a las plataformas son inelásticos al ingreso, en un sector. Hay que lograr que ese sector por el que circulan nuestros bienes culturales sea parte del promotor a través de la convergencia tributaria del fomento de contenidos que garanticen la circulación. La última cuestión también tiene que ver con la exportación. La Argentina tiene esa capacidad, tiene un desafío por delante, la región también lo tiene.

-¿Es posible enfrentar desde nuestra región a los grandes jugadores globales?

-Obviamente los jugadores son grandes. Estamos hablando de empresas cuyas facturaciones son a veces superiores a la de un país latinoamericano. Pero tiene que haber condiciones. La producción nacional forma parte del modelo de esas plataformas, y eso hace que nosotros seamos socios en esas situaciones. Hay políticas ligadas a la capacidad del Estado de regular o asociarse con esas plataformas para coproducir contenidos. Hubo políticas de promoción de ensamblaje de tecnología que tenía que ver con esta nueva etapa. Me parece que es un desafío enorme a escala del espacio de los nichos que podemos ocupar, para los que tenemos capacidad de sobra, y que desarrollaría potencialmente nuestra industria cultural de manera cuántica.

-¿Cómo hacer para no perder en ese juego? ¿Hay que aspirar a ofrecer nuestros productos en plataformas que pertenecen a otra región?

-Yo creo que sí, porque hoy es el lugar donde circulan y se consumen los bienes culturales. Nosotros tenemos una producción en broadcasting internacional de muy alta capacidad, de calidad, de reconocimiento en el mundo. Desde el punto de vista de la producción de contenidos tenemos condiciones óptimas para disputar una parte de ese mercado, más allá de la facultad del Estado de regular las cuotas de pantalla de lo que circula, o la capacidad de que la convergencia impositiva se dé para fortalecer los fondos de fomento que producen esos contenidos.

-Hay un estallido en cuanto la creación de contenidos, una situación de sobreoferta en la que es difícil garantizar la calidad, ¿no?

-Es relativo, hay que estudiar los indicadores. Hay países que han establecido cuotas de pantalla de producción nacional, la UE y países como Turquía, con ejemplos exitosos. Los argentinos en particular tienden a consumir la producción nacional. En música es claro, pero también en lo audiovisual es creciente. Tenemos uno de los mejores indicadores de participación de las entradas de cine de películas nacionales en la región. Creo que esas también son potencialidades. Pero no es solamente la escala de nuestro mercado, sino la potencialidad de ser una puerta de entrada a la región. La Argentina coproduce con todos los países de América Latina, porque hay una ley de cine, una política de Estado, un fondo autárquico. Ese es un capital que excede el mercado interno.

-En su artículo se refiere a los videojuegos. ¿Cuál es la situación de esta industria en la Argentina?

-Es otro gran potencial que tenemos. Yo creo que la ley de software fue una muy buena experiencia. Es una industria deslocalizada que permite también un desarrollo que no está concentrado en las áreas metropolitanas. El software empaqueta todo lo que vemos. Tenemos las grandes carretas por las que circulan los contenidos y después el software que te dice el formato en el cual vos tenés que poner ese contenido. Ese es el software. Ese es el desarrollo de aplicaciones. Netflix mismo es un software.

-¿Cómo se reconfiguró a grandes rasgos la cadena de valor en este nuevo modelo?

-Cambió radicalmente. Básicamente cambiaron los tiempos y los costos. Frente a algunos aspectos de la producción donde estos costos se restringieron, los de difusión y lanzamiento crecieron enormemente. Es un mercado concentrado donde la principal barrera ya no es la producción, sino la posibilidad de instalar el producto y de salir a pelear esas cuotas de mercado, que es verdaderamente difícil.

Lucrecia Cardoso
Lucrecia Cardoso

¿Cómo evalúa la gestión del INCAA durante el gobierno de Mauricio Macri?

-El INCAA compone su presupuesto de forma directa de los impuestos que tienen que ver con la recuperación de sector. Un porcentaje de la media de publicidad televisiva y el 10% del 21% de IVA de toda la taquilla, con lo cual tuvo cierta autonomía en la gestión de este fondo. El consumo de entradas obviamente cayó, pero no a escala de la crisis, porque hay una cultura de ir a ver películas argentinas, algo que llevó muchos años crear, y que seguramente lleve muchos años destruir. Creo que eso esta en pie todavía. Creo que hay una capacidad enorme que la dejaron los fondos de fomento anteriores a este Gobierno, que produjeron capacidad instalada en todas nuestras provincias. Tradicionalmente la ficción se producía en el área metropolitana, y hoy las provincias logran también productos exportables. Mas allá de que haya desfinanciado esa política, esa capacidad todavía existe, pero en el marco general siguió el devenir del resto de las áreas del estado.

-¿Cómo se puede promover la industria en un contexto de crisis?

-Hay capacidad, y la producción es competitiva. La Argentina coproduce no solo con América Latina, Europa, o Estados Unidos, sino también con países como Corea o Finlandia. Ese es un gran potencial. La creciente participación de la producción argentina en algunas plataformas con las receptividad que viene teniendo. Creo que hay un montón de potencialidad que tiene que ver también con nuestros talentos de directores, técnicos, actores, etcétera, y una empresarialidad de nuestras productores, que tuvieron una maduración interesante, durante aquellos años y en estos de resistencia lograron sobrevivir.

-Como integrante del equipo de Cultura de Alberto Fernández, ¿qué cambios percibe que se pueden esperar en los próximos años en el ámbito cinematográfico?

-Creo que está enmarcado en el proyecto de Alberto. No podría dar precisiones en materia cinematográfica, pero sí tiene que ver con encender la economía en base a fortalecer el consumo interno y generar trabajo. Esto está ligado a la productividad y la producción audiovisual no es ajena a eso, es decir a volver a revitalizar la producción, que hace sinergia con el consumo. Y en la cultura el mercado interno es el principal motor de la producción de cara a la exportación.