Agustina tenía 10 años cuando se sintió, por primera vez, acorralada. Tenía vello negro y grueso en sus brazos de nena, en las piernas y en la panza, y los otros chicos y chicas de la primaria se lo hacían notar, con burlas, cuchicheos o caras de asco. Los varones -según una ley no escrita transmitida de generación en generación- podían tener pelos, las chicas no. Fue esa nena de 10 años quien le rogó a su mamá -"rogar" es la palabra que usa Agustina cuando recuerda- que la dejara depilarse.

Usó una máquina eléctrica -de esas que enroscan el pelo y lo arrancan de cuajo- y todavía se acuerda del dolor, de la transpiración, de cómo se le durmieron las piernas. Se esforzó por mantener la depilación a raya pero las exigencias rápidamente aumentaron: Agustina sólo se depilaba de la rodilla para abajo hasta que una compañerita le señaló que seguía teniendo pelos en los muslos, y que se le notaban.

Agustina fue convocada por una famosa marca de ropa para adolescentes para hacer una campaña. Es la primera vez en 20 años que la marca elige a una chica sin depilarse (Gentileza @micaelarosaph)
Agustina fue convocada por una famosa marca de ropa para adolescentes para hacer una campaña. Es la primera vez en 20 años que la marca elige a una chica sin depilarse (Gentileza @micaelarosaph)

“Empecé a sacarme todo con la maquinita de afeitar: los brazos, el abdomen, la espalda. A mí me encantaba ver películas, veía con mi familia desde chica, y jamás había visto mujeres con pelos en las películas. Yo pensaba que eso era la belleza en una mujer: ser lampiña”, cuenta a Infobae Agustina Escudero, que es ilustradora y ya tiene 21 años.

Es joven y, a contrapelo de quienes aún se horrorizan cuando ven a una mujer sin depilar, ya ha logrado destejer una norma social. La ayudó -cuenta y agradece- el movimiento feminista, que le permitió hacerse preguntas que nunca se había hecho. Así, pasó de ser aquella niña que se sentía obligada a depilarse para cumplir con las reglas de “lo femenino” a ser esta joven que dejó de hacerlo -también de usar corpiño-, y encontró su expresión de género en la androginia.

Ropa holgada, pelos en las piernas. Así es el estillo andrógino que eligió, la androginia es
Ropa holgada, pelos en las piernas. Así es el estillo andrógino que eligió, la androginia es "expresión de género". (Gentileza @micaelarosaph)

Ser andrógina, de acuerdo a la definición con la que Agustina se autopercibe, no tiene que ver con la genitalidad ni con su orientación sexual sino que es una expresión de género, una forma de jugar con la ambigüedad. “Es la forma en la que me expreso, que me presento ante la sociedad. Una oscilación entre lo masculino y lo femenino. También es una forma de cuestionar esa división tajante entre los géneros porque ¿quién puede decir qué es ‘lo femenino’ y qué es ‘lo masculino’?".

Agustina se considera mujer, por lo que ser andrógina y jugar con esa ambigüedad estética no es lo mismo que ser “no binaria”. No binarias son las personas que no se definen en ninguna de las dos categorías (ser hombre o ser mujer, con todo todo lo que eso implica).

Con todo esto, a fines de octubre Agustina fue elegida por la marca de ropa teen “Muaa” para una campaña que causó revuelo en las redes sociales. Si bien hacía un año que la marca estaba transitando el camino de la androginia, por primera vez en sus dos décadas de vida, mostró a una mujer con pelos en las axilas en una campaña.

Las preguntas que marcaron un antes y un después

Si bien hay muchísimas mujeres que no padecen la depilación y eligen hacerlo con libertad, Agustina empezó a cuestionarla durante la adolescencia. Tenía un antecedente que hizo más fértil el terreno de las nuevas preguntas: “A los 16 años me había cortado el pelo bien corto y me decían ‘parecés un varón’ o ‘no es muy femenino’”. Lo mismo pasaba cada vez que se ponía ropa holgada en vez de prendas que marcaran su figura.

“Cuando empecé a conocer el feminismo escuché por primera vez a mujeres cuestionar cosas que yo no sabía que se podían cuestionar. Por ejemplo, hablaban del derecho a vestirnos como queremos sin que nadie crea que puede decirnos algo por eso en la calle. Yo siempre había pensado que los hombre eran así y que éramos nosotras las que teníamos que saber cómo cuidarnos. Así empecé a cuestionarme un montón de cosas, por ejemplo, qué era la belleza para mí”.

“Empecé a ver a mi cuerpo en estado natural y me pregunté si algún día iba a aceptarlo tal como era”, cuenta. (Gentileza @micaelarosaph)
“Empecé a ver a mi cuerpo en estado natural y me pregunté si algún día iba a aceptarlo tal como era”, cuenta. (Gentileza @micaelarosaph)

Frente a la depilación, entonces, se abrió un enorme signo de pregunta: “Por ejemplo, mi papá me decía ‘¿querés venir a la pileta? Se ponía la malla y salía. Yo siempre contestaba: ‘No puedo porque tengo pelos'. Ese contraste entre mis rutinas y las de la mayoría de los hombres, mucho más relajadas y cómodas, me llevó a preguntarme: ‘¿Por qué yo no puedo tener esa misma libertad’?". Depilarse, entonces, ¿era una elección o una imposición cultural? La respuesta fue clara: “Yo me sentía obligada a depilarme, entonces no era una elección”.

Menos con la depilación definitiva, Agustina había probado con todo: maquinitas de afeitar, cera, cremas depilatorias, máquinas eléctricas. “Pero mi cuerpo también empezó a reaccionar, como si lo estuviera lastimando”. Al dolor, al tiempo y al dinero que demanda la depilación se sumaron las marcas en la piel, los pelos encarnados. Así, fue hace un año y medio que Agustina decidió dejar de depilarse completamente.

“Empecé a ver a mi cuerpo en estado natural y me pregunté si algún día iba a aceptarlo tal como era, en vez de tratar de modificarlo todo el tiempo para encajar en un modelo de belleza. Una vez que me liberé de ese peso, ya no pude volver atrás”.

De a poco empezó a construir ese estilo andrógino con el que siempre se había sentido cómoda. Pelo corto y rapado a los costados, pantalón de tiro alto, ropa floja, pelos en las piernas. “Todo lo que podría considerarse ‘no femenino’. Muchas veces me confundieron con un chico, y no es un problema para mí. Me gusta lo andrógino, lo veo como una especie de equilibro. Para mí no es todo de un lado o todo de otro, es ‘un poco de cada’. Por eso digo que lo que me dio la androginia es una sensación de libertad enorme”.

Hace poco también decidió dejar de usar corpiño y apareció otro temor:
Hace poco también decidió dejar de usar corpiño y apareció otro temor: "Que me sexualicen sin que yo quiera, porque los pezones siguen siendo vistos como una forma de provocación". (Gentileza @micaelarosaph)

No fue magia sino un incómodo proceso de deconstrucción porque, para sostener la decisión de no volver a depilarse, Agustina tuvo que romper con las ideas que había asimilado. Pasó de verse “horrible” y de creer que nadie podía sentirse atraído por una mujer con pelos a moverse en la calle sin prestarle demasiada atención a las miradas de los demás.

“Dejé de pensar la belleza como lo que de afuera dicen que es y empecé a pensarla como algo más personal: es mi idea, es de la forma que yo elijo”, agrega. “Hay caras de asco, de horror, a esas no les presto atención. Me quedo con las miradas de curiosidad, que son las que más me gustan".

El cambio es generacional porque hace un año se puso de novia y él -que tiene amigas que tampoco se depilan- ni siquiera le preguntó por qué no lo hacía.

Ahora, además, Agustina decidió dejar de usar corpiño, una prenda que para muchas mujeres aprieta, comprime, ahoga y sólo tiene como fin adaptar (y agrandar) el busto al modelo redondo y libre de gravedad que conocemos por los medios. Pero esta decisión tiene otras dificultades, porque los pezones aún son vistos como señales de provocación.

“Tengo miedo de que haya miradas que me sexualicen sin que yo quiera. La verdad, quisiera que la gente se acostumbre a ver pezones debajo de una remera y no crea que tiene derecho a sexualizarte, así como nosotras vemos a un hombre en cuero y no sentimos derecho a decirles nada. Sigue existiendo la idea de que los pezones se muestran para provocar, va a haber que deconstruirla”.

Fue así -sin corpiño, sin aros en las orejas, con el pelo corto y las axilas peludas a la vista- que Agustina fue convocada por la marca de ropa argentina Muaa. Otras marcas vienen mostrando mujeres sin depilación en el mundo, como Nike, Adidas y Calvin Klein pero el tema es tan tabú que sigue generando reacciones desmedidas. De hecho, el año pasado, cuando la hija de Madonna desfiló sin depilarse en la pasarela de la Semana de la Moda de Nueva York, la destrozaron en las redes sociales.

En este caso, Agustina pensó que las fotos donde mostraba las axilas eran “tan jugadas” que no iban a terminar saliendo (la cuenta de Instagram de la marca tiene casi medio millón de seguidores), pero quedó impactada cuando empezaron a llover las notificaciones.

Quien explica la decisión a Infobae es Evangelina Pérez Vinaccia, directora creativa de la marca. “Es la primera vez que elegimos una chica sin depilar y es parte de una transformación que estamos haciendo. Decidimos apostar a una idea que las representa: ‘Si te querés depilar está perfecto, pero no necesitás depilarte para ser más o menos mujer’. Que sea una elección, no una obligación”.

La marca solía mostrar una belleza más tradicional, con modelos como Pampita, Oriana Sabatini o Luisana Lopilato (y el color rosa como bandera). La idea, ahora, no es cambiar una por la otra sino incluir otras formas posibles de belleza. Lo de inclinarse por modelos más andróginas es un camino que vienen recorriendo en el último año. “Las adolescentes de hoy no se sienten identificadas con las de hace 15 años. Tienen otro uso de su cuerpo y necesitan mostrar otra cosa, más su persona que su género”. Muaa planea crear una línea de ropa unisex, un camino que hace poco más de un mes inauguró Mercado Libre cuando lanzó “Moda Sin Género”, una nueva sección para quienes "no se identifican con la tradicional división binaria entre géneros femenino y masculino”, informaron.

Por supuesto que no todos los comentarios al lado de la foto de Agustina fueron positivos: hubo quienes comentaron “qué horror”, “¿hacía falta?” o “parece un chabón” pero también quienes escribieron “qué hermosa” o “Depilarse es cultural (...) El cuerpo es perfecto tal cual es, cada quién decide sobre el mismo”. “Yo estoy feliz con el resultado”, se despide Agustina. "Me parece que animarse a cuestionar las normas es un acto de valentía”.


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