
Hace años que el nombre Monzer Al-Kassar no está presente en el ciclo de noticias argentino. Pero durante la década del ’90 fue protagonista de distintas controversias de alto perfil, sobre todo debido a sus vínculos con la familia del entonces presidente Carlos Menem, y en particular con la cuñada del jefe de Estado, Amira Yoma.
Entre ellas se encuentran la operación de lavado y blanqueo de dinero proveniente del narcotráfico, conocido como “Yomagate”; la causa por la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador-en la cual el ex Presidente fue condenado a siete años de prisión en 2017-; y la denuncia por obtener su nacionalidad argentina en tiempo record, en la que finalmente fue condenado a seis años de prisión.
A ellas se refirió Al-Kassar en “El Traficante: Armas, espías y operaciones secretas”, el libro sobre su vida que recientemente publicó el periodista español David López Canales. A lo largo de los últimos siete años, López Canales intercambió cientos de correos electrónicos con el sirio, quien desde 2007 se encuentra preso en una cárcel de Estados Unidos. En una prisión del estado de Indiana, cumple una condena de 30 años consecuencia de haber sido encontrado culpable de acordar una venta ilegal de armas a las FARC.
“El Traficante” repasa las actividades del sirio como traficante de armas alrededor del mundo durante casi cuatro décadas, e incluye su versión de distintos hechos resonantes a los que apareció vinculado. No por nada el autor lo define como “un personaje que siempre estaba allí”. Sus huellas se cuentan en países como Yemen, Bulgaria, Rumania, Nicaragua, Colombia, Suiza, Austria, España y, también, Argentina.
La relación de Al-Kassar con la Argentina comenzó a en la década de los ’80, a través de Munir Menem, hermano del Presidente y embajador argentino en Siria. Viajó esporádicamente al país durante varios años hasta que en 1990 emigró desde España, luego de que se le prohibiera residir allí en 1987 al considerar que comprometía la seguridad del Estado y empañaba las relaciones con otros países donde tenía problemas judiciales. También había sido expulsado de Francia, Alemania e Italia, estuvo procesado en Dinamarca y Suiza, mientras que fue declarado “persona non grata” en Estados Unidos, Canadá y Austria.
Sus vínculos con la familia presidencial se remontaban a Siria. No solo eran originarias del pequeño pueblo de Yabrud, sino que Al-Kassar llegó a ser vecino de la familia Yoma en Damasco, la capital Siria. Además, tuvo una relación con Amira, cuñada del Presidente y secretaria de audiencias durante su gestión. No obstante, en el libro se refiere específicamente a ella como una “amiga”.

Pero fue precisamente esa supuesta cercanía la que lo puso bajo la lupa de la Justicia. El vínculo se manifestó por primera vez cuando Al-Kassar obtuvo su ciudanía argentina y la de su familia en tiempo récord.
López Canales recuerda que el sirio contaba que el propio jefe de Estado le había prestado el saco para hacerse la foto del pasaporte, y que la imagen había sido tomada en la Casa Rosada. No obstante, el periodista aclaró que la versión es errónea. El saco pertenecía a un colaborador de Menem. Pero el Presidente le había prestado su corbata.
Según la investigación, motorizada en 1992 por el entonces fiscal -ahora juez- Gustavo Hornos, Al-Kassar había firmado una declaración jurada en la que aseguraba que no tenía antecedentes penales cuando, en realidad, no era el caso: había sido detenido en Inglaterra por posesión de estupefacientes en 1974 y condenado a ocho años de prisión por una corte francesa.
Esa denuncia produjo la condena. Al-Kassar fue encontrado culpable del delito de falsedad ideológica y condenado a cinco años de prisión en 2009. En 2011 la Corte Suprema ratificó la condena y la elevó a seis años. Pero para ese entonces ya se encontraba tras rejas estadounidenses.
Al respecto, el sirio aseguró que la sentencia fue parte de un “show cómico” que inició luego de que fuera encarcelado. “Cuando se mata a la vaca, aparecen muchos cuchillos”, graficó.
En otros pasajes del libro, Al-Kassar se refirió a las otras acusaciones que pesaron sobre él: estar involucrado en la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia y en el “Yomagate”, la operación de blanqueo de dinero proveniente del narcotráfico ocurrida durante el primer gobierno de Menem. En la primera fue imputado, debido a que participó como intermediario en la operación, pero la acusación no avanzó. Y en la segunda no fue acusado formalmente. Negó haber cometido delitos en las dos.

También, indica el autor, “ha aparecido frecuentemente relacionado” con los ataques a la embajada de Israel y la AMIA, en 1992 y 1994, respectivamente. Pero Al-Kassar negó esta acusación y aseguró que “nunca tuvo información sobre aquellos atentados a pesar de sus buenos contactos por el mundo”. “Quien me intente encontrar ahí estará pescando en un río salado”, aseguró.
Menem siempre negó tener relación con Al-Kassar. A la distancia, el sirio dice que entendió esta posición porque "es lo que deben hacer los políticos”. “La presión que tenía en aquel momento era muy fuerte. Pero no le guardo rencor. Incluso ahora, le deseo a él y su familia mucha salud”, agregó.
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