En 2016, Víctor Buso fotografió la explosión de una supernova de la galaxia espiral NGC 613, ubicada a 70 millones de años luz de la Tierra. Científicos del Conicet y colaboradores internacionales publicaron entonces el descubrimiento en la revista Nature y el cerrajero santafesino, astrónomo amateur de 58 años, saltó a la fama.

En aquel momento medios nacionales e internacionales buscaron al primer hombre que había sido capaz de registrar el nacimiento de una supernova, es decir, la explosión que se observa de la vida final de las estrellas muy grandes. Tres años más tarde, Víctor compartió este martes con Infobae a través de una serie de videos y una charla cómo vivió desde la cordillera de los Andes el eclipse.

Víctor Buso posa orgulloso con su telescopio descubridor de supernovas
Víctor Buso posa orgulloso con su telescopio descubridor de supernovas

"Te informo en directo", se le oye decir a Víctor en el registro, tomado en cercanía del Paso de Aguas Negras, en la provincia de San Juan, a 500 kilómetros de Las Flores, última ciudad que separa a la Argentina de Chile,  uno de los mejores puntos desde donde se podía apreciar el fenómeno.

Buso además compartió imágenes de su campamento y los equipos telescópicos con los que vio junto a sus tres compañeros de aventura, tres rosarinos como él aficionados a la astronomía, el eclipse. Además regaló una última postal que se traduce en sentimientos: sonrisas, abrazos y gritos, alrededor de un brindis frente a la cordillera.

"Es un momento hermoso, fue una coincidencia del mundo, nos encontramos en el lugar preciso cuando dos cuerpos tan importantes para la vida, como la Luna y el Sol, coinciden", intentó describir Buso, en comunicación con Infobae, la magnitud de un fenómeno para el que no le alcanzaban las palabras.

Cientos de personas viajaron desde distintas partes para ver el eclipse (REUTERS)
Cientos de personas viajaron desde distintas partes para ver el eclipse (REUTERS)

"Son cosas que no te pueden mostrar la foto, ni la filmación", aseguró  todavía parado en el punto desde el que vio el eclipse. Durante la charla compartió además que junto a sus compañeros ya saben cuál será su próxima misión.

"Nosotros sabemos que para diciembre de 2020 va a haber otro eclipse, igual a este pero al mediodía, va a ser entre la Península Valdés y Junín de los Andes, así que ya empezamos a hacer averiguaciones", precisó, dejando saber que para esa ocasión intentará cumplir además el sueño de llevar a su familia.

Miles de turistas vivieron en San Juan el eclipse solar  (Télam)
Miles de turistas vivieron en San Juan el eclipse solar  (Télam)

"Este es el tercer brindis que tengo de un eclipse. La ocurrencia fue de un amigo, esa primera vez lo vimos en el año 1994 en la frontera de Chile, Perú y Bolivia", recordó antes de hacer un nuevo intento por explicar las sensaciones del momento.

"Es estar en un momento más allá de lo científico, es estar reunido con gente que sabe lo que representa todo esto, la naturaleza, un cúmulo de sentimientos que se disfrutan y todo pasa en esos dos minutos", dijo.

La supernova que lo convirtió en estrella

La noche del 20 de septiembre de 2016 Buso estaba entusiasmado por estrenar una cámara nueva que había comprado para su telescopio. "Para no mover mi cúpula y evitar que hiciese ruido y no despertar a mis vecinos, traté de aprovechar el espacio de las compuertas ya abiertas y buscar una galaxia en esa región de cielo que se veía", explicó el cerrajero a varios medios de prensa en aquel momento.

Entonces observó un brillo inusual en los píxeles que observaba de una galaxia lejana. Tomó 40 imágenes cada 20 segundos de ese raro destello y se convenció de que había fotografiado a una supernova.

En un viaje en el tiempo increíble, Víctor había captado la luz de la galaxia espiral NGC 613, que había explotado cuando los dinosaurios todavía caminaban sobre la Tierra.

Una de las fotografías tomadas por Buso en 2016
Una de las fotografías tomadas por Buso en 2016

La secuencia permitió capturar por primera vez los momentos iniciales del surgimiento de la supernova SN2016gkg, al sur de la galaxia espiral NGC 613, ubicada a 70 millones de años luz de la Tierra.

Así, confirmó esta etapa temprana en la evolución de estos objetos que hasta ese momento solo era un postulado teórico.

Los datos fueron analizados por un grupo de investigadores del CONICET en el Instituto de Astrofísica de La Plata (IALP, CONICET-UNLP), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, CONICET-CICPBA) y la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), en colaboración con expertos de Estados Unidos, Japón y el Reino Unido, quienes semanas después publicaron sus resultados en la prestigiosa revista Nature.

SEGUÍ LEYENDO