
"Estábamos en el piso 26 del Hotel Taj Mahal, cenando, cuando escuchamos disparos y explosiones", recuerda el rescatista Bob Nicholls (55, casado, dos hijos). Pero apenas fue el preludio de una noche eterna: ataques terroristas a un cine, tres hoteles de lujo, un restaurante internacional y una estación de tren en Mumbai.
Eterna y trágica: más de 60 horas de terror, 180 muertos, 200 heridos. Pero con heroica contracara: Nicholls salvó, a todo riesgo, más de 150 vidas.
A once años del ataque, el cineasta greco–australiano Anthony Maras se sintió particularmente conmovido por las historias de vida y lo plasmo en la película "Hotel Mumbai, el ataque" con Dev Patel y Armie Hammer.
El plan que el héroe tenía para Mumbai, cambió brutalmente esa noche del 26 de noviembre de 2008. El terrorífico episodio fue estremecedor. Pero Nicholls lo cuenta con la calma de un british que acaba de tomar un whisky en su club privado de Nothing Hill…
Bob vive en Sudáfrica, y esa noche estaba en la India al frente de un grupo de seguridad para controlar que el torneo de cricket terminara en absoluta paz, a pesar de la sangre caliente de los fanáticos.

Aterrizó en Mumbai para poner el marcha los anillos de seguridad alrededor del estadio."Con mis seis hombres nos reunimos en el restaurante del Taj, donde nos alojábamos, para cenar y ajustar detalles de nuestro operativo", recordó frente a Infobae sobre los minutos previos a que se desatara el horror.
Mientras explicaba sus siguientes movimientos ignoraba que el deslumbrante Taj Palace Tower –una joya arquitectónica de 1903 donde se alojaron Lady Di, Angelina Jolie, presidentes, diplomáticos, y empresarios- se iba a transformar de un pacífico paraíso a un infierno en la Tierra.
"Escuchábamos gritos, disparos, granadas explotando, pero no sabíamos qué pasaba", recuerda Nicholls.

El lugar había sido tomado por siete atacantes que abrieron fuego contra la gente. "Reuní a mi equipo y le pedí que tratara de averiguar qué pasaba abajo. Primero nos dijeron que era un tiroteo entre bandas, pero al al rato recibí un mensaje confirmando un ataque terrorista".
En ese instante, Nicholls se puso a cargo de la operación: les pidió a sus hombres que se armaran con cuchillos, mazos para ablandar la carne, palos de amasar… ¡Todo valía!
"Mi mayor temor era no conocer el plan de los terroristas. Pensaba que si detonaban una bomba, nadie se salvaría. Pero tal vez ellos tampoco lo tenían pensado, porque ¿cómo saldrían de su escondite?"
El restaurante tenía una zona vidriada de fácil acceso, por lo que el grupo de seguridad decidió llevar a las treinta personas que estaban en el restaurante a una sala de conferencias en el piso 25.

"Lo hicimos desde los techos del entrepiso, y en todo momento les expliqué a los huéspedes quiénes éramos, y les pedí que mantuvieran la calma", cuenta Nicholls, que cada dos horas se comunicaba con su mujer que estaba en Sudáfrica mirando los ataques por televisión.
Grande fue su sorpresa cuando al llegar a la amplia sala de conferencia se toparon… ¡ con otros 100 huéspedes! Entre ellos, embajadores y diplomáticos y dos miembros del US Army, que habían viajado a la India por un reunión protocolar.
"Había una especie de atril. Les pedí colaboración. Apagamos las luces, los teléfonos, y les repartí papeles con lapiceras para entretenerlos y ayudarlos a bajar la tensión. Mientras, mis hombres se ubicaron en cada puerta (uno, incluso en el falso techo para supervisar lo que iba pasando afuera). Luego de dos o tres horas, la información seguía confusa o nula", recordó.

La idea era seguir en la sala de conferencia, y ante un posible ataque al lugar, tomar a los terroristas por sorpresa. Sin embargo, los explosivos desataron un incendio en la azotea del hotel.
"Tuve que tomar la decisión más difícil: quedarnos… ¡ o tratar de que 150 personas bajaran veinticinco pisos por escalera!" , relató. Y eso fue lo que hizo.
Tardaron casi dos horas en bajar. "Iban dos hombres míos adelante para asegurarse de que la zona estuviera despejada. La gente bajaba descalza, con los zapatos en la mano, para evitar el menor ruido y custodiada por dos hombres míos. Así, piso por piso…".

Entre el grupo de los 150 rescatados, una mujer de 95 años que no podía bajar a pie y debió ser llevada en una silla con la ayuda de otros rehenes. "Una imagen que jamás olvidaré", aseguró Nicholls.
El grupo salió ileso y completo por la puerta trasera del hotel, ya que el frente estaba copado por policías, cuerpo militar y algunos terroristas que intentaban abrirse paso a fuego graneado.
"Solo tomé conciencia de los terribles hechos cuando vi las imágenes por televisión. En ese momento solo pensé en actuar".
Confesión de un profesional entrenado para lo peor: custodió nada menos que a Nelson Mandela en los terribles años del apartheid.
Los atentados siguieron unos días más. El héroe y sus hombres perdieron los documentos, la ropa, los celulares, y debieron quedarse allí dos días más después del ataque.
"Un año más tarde volví al Taj Palace, fui directo al restaurante, y reclamé… ¡el postre que no pude terminar!", intentó cerrar con el clásico humor inglés.
Pero antes de despedirse, hace un largo minuto de silencio: es por los muertos en el ataque. Nunca pudo olvidar, ni olvidará, las 180 víctimas de ese dramático día de horror, sangre y muerte.
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