Cuando Mauro Ponti se hizo su primer tatuaje a los 17 años -un león en la espalda- su cuerpo todavía pasaba desapercibido. Recién a los 18 comenzó a ir al gimnasio. Quería ser fuerte, estar seguro de sí mismo a la hora de caminar por las calles de su Isidro Casanova natal. Por ese entonces todavía no tenía barba.

Dieciséis años después, tiene más de 80 tatuajes (perdió la cuenta, pero la última vez que hizo un recuento iba por ese número), pesa 130 kilos y su barba alcanzó ya los 38 centímetros de largo.

Es el presidente de Bearded Villains Argentina, un club de barbas fundado en Estados Unidos en 2014 que tiene 7,000 socios alrededor del mundo. 2000 de ellos son de Latinoamérica y 70 de nuestro país. Se trata de un club en el que hombres con barba se reúnen con el fin de compartir tiempo juntos y cambiar la imagen que se tiene de los barbudos. Es por eso que desde hace 3 años cada miércoles hacen recorridas nocturnas por la ciudad, donde llevan un plato de comida y compañía a personas en situaciones de calle.

“Los cuatro pilares fundamentales de los Bearded Villains son: familia, respeto, lealtad y solidaridad”, afirman
“Los cuatro pilares fundamentales de los Bearded Villains son: familia, respeto, lealtad y solidaridad”, afirman

"Hay requisitos para ser parte del club: tener una barba de más de 5 centímetros, tener Instagram para difundir actividades… Pero los cuatro pilares fundamentales de los Bearded Villains son: familia, respeto, lealtad y solidaridad. Es que la gente pasa por al lado nuestro y nos mira como bichos raros. ¿Y cómo se podía cambiar esa imagen? Haciendo cosas por la sociedad. Para las fiestas por ejemplo juntamos juguetes y los llevamos al hospital de niños. Cuando nos ven los pibes dicen: 'Uh, vinieron los Papá Noel rockeros. Es muy lindo'", cuenta Mauro, presidente de los Villains en nuestro país.

Paradójicamente, es la imagen lo que hace tan particular su actividad. Como si fuera un revés perfecto para la teoría lombrosiana (que relaciona rasgos físicos con actitudes), los muchachos descolocan a todos lo que pasan cerca.

Los Bearded Villains Argentina es un club de barbas fundado en Estados Unidos en 2014 que tiene 7000 socios alrededor del mundo, de los cuales 2000 son de Latinoamérica, 70 de ellos de nuestro país
Los Bearded Villains Argentina es un club de barbas fundado en Estados Unidos en 2014 que tiene 7000 socios alrededor del mundo, de los cuales 2000 son de Latinoamérica, 70 de ellos de nuestro país

Infobae los acompañó durante una de sus recorridas, desde las 20.30 hasta la 1 de la madrugada. Cada persona que pasa caminando sin conocerlos lo hará de modo atento, a paso rápido (aunque en rigor, es poca la gente que camina por las calles que recorremos). Quienes los conocen, en cambio, los reciben con alegría.

De un lado a otro, iremos en la camioneta escolar de Axel. Hay música mientras recorremos Buenos Aires. Baladas y alguna bachata. Axel tiene 26 y canta: pasó años en un coro. Apenas arrancamos, pone Andrea Bocelli. No tiene pudor en ser filmado cantando. Después de un par de temas, estacionamos. Baja tarareando Vivo per lei. De los otros cuatro autos bajan otras 15 personas. En un minuto la cuadra se cubre de barbas.

Primeras paradas: la familia y el hospital

Ezequiel sale de atrás de una lona. La calle 24 de noviembre está oscura. Poca gente va a pie a esa hora en el barrio de Boedo. En la mitad de la cuadra está la casilla rodante de la familia de Ezequiel: padre, madre, dos hermanos. Él tiene 11. Usa un buzo canguro que le cubre la cabeza. Saluda chocando las manos y golpeando el puño. Lo hace despacio, producto del sueño. Son cerca de las 10 de la noche, su papá no está. Su mamá y hermana están dentro, durmiendo. Su hogar es una pequeña casa rodante estacionada con un alero de lona que se extiende hacia la vereda. Contra la pared se ve una bañadera apoyada en vertical, varias sillas, una mesa al costado, como si fuera un campamento.

Están viviendo ahí hace más de un año, cuando los desalojaron de su casa. Los vecinos los ayudan, los dejan estar sin molestar, permiten que los chicos se bañen en sus casas antes de ir al colegio. Cada miércoles son visitados por los villanos.

Desde hace 3 años cada miércoles hacen recorridas nocturnas por la ciudad, llevando un plato de comida y compañía a personas en situaciones de calle
Desde hace 3 años cada miércoles hacen recorridas nocturnas por la ciudad, llevando un plato de comida y compañía a personas en situaciones de calle

Ezequiel mira a Mauro desde abajo. Uno enorme, el otro chiquito. Se saludan, otra vez chocando las manos, y Mauro le dice que se porte bien. Ezequiel no responde. Es serio, tal vez esté un poco triste, o tal vez sea solo el frío. En todo caso, es poco conversador. Los villanos le dejan algo de comer para la familia y unas viandas para el desayuno del día siguiente.

Volvemos a los autos y vamos a la siguiente parada. Vuelven a desembarcar. Parece una misión de paz del ejército de la anarquía.

"Es fuerte todo esto", dice Daniel Luna (53 años). Habla desde el frente del Hospital Ramos Mejía, la segunda parada de la noche. "Ya estamos un poquito curtidos pero la primera vez que vine dolió bastante. Cuando hay chicos es muy duro. Yo tengo hijos grandes, y acá generalmente vemos chicos chicos. Es difícil, pero esta es la parte más importante del grupo. La barba es una factor común, pero este tipo de actividades son las fundamentales a fin de cuentas", dice.

Los Bearded Villains conocen todas sus historias. Hace meses que visitan el Hospital cada miércoles. En el baúl de uno de los autos improvisan una estación de comida: sirven guiso y café caliente a quienes quieran. Desde el baúl de otro de los autos reparten ropa de abrigo
Los Bearded Villains conocen todas sus historias. Hace meses que visitan el Hospital cada miércoles. En el baúl de uno de los autos improvisan una estación de comida: sirven guiso y café caliente a quienes quieran. Desde el baúl de otro de los autos reparten ropa de abrigo

El Hospital Ramos Mejía tiene abierta solamente la sala de emergencias. Dentro de ella conviven algunos pacientes que llegan para atenderse con gente en situación de calle que pasa la noche allí para estar a reparo del frío. Se siente un olor intenso al entrar. La mayoría no tiene donde bañarse o donde recibir un plato de comida.

Llevan desde sus casas la comida y la ropa, piden a sus seguidores de Instagram que si tienen algo para dar se los hagan saber: ellos pasarán a buscarlo antes de la recorrida
Llevan desde sus casas la comida y la ropa, piden a sus seguidores de Instagram que si tienen algo para dar se los hagan saber: ellos pasarán a buscarlo antes de la recorrida

Fuera del Hospital, se acumula otro montón de gente. Alguna duerme ahí, otra -los que más- pasan la noche haciendo fila para recibir un turno al día siguiente y poder ser atendidos por un médico. La fila la hacen desde afuera, solo a partir de las cinco y media de la mañana los dejan entrar. Hay familias con chicos, hay un hombre mayor que vino desde Misiones junto a su nieto para hacerse un tratamiento, hay una mujer que tiene epilepsia y debe  pasar la noche haciendo fila una vez por mes para ver a su médico.

Los Bearded Villains conocen todas sus historias. Hace meses que visitan el Hospital cada miércoles. En el baúl de uno de los autos improvisan una estación de comida: sirven guiso y café caliente a quienes quieran. Desde el baúl de otro de los autos reparten ropa de abrigo. Al principio la gente se acerca con cierta timidez. A los pocos minutos, son muchos alrededor de cada auto.

Junto a una casa de muebles

Nery está contento porque hace dos días consiguió un carrito y ahora puede trabajar. Junta cartones y así gana unos pesos. Los necesita más que nunca, desde hace tres meses su mujer está embarazada. Duermen juntos en la esquina de Alberti y Belgrano, en la puerta de un local de muebles. Del lado de adentro, camas de dos plazas armadas para proyectar el hogar perfecto. Del lado de afuera, Nery y su mujer sobre un colchón inflable y mantas raídas.

En invierno priorizan la comida calórica, las mantas y las ropas de abrigo.
En invierno priorizan la comida calórica, las mantas y las ropas de abrigo.

"El dueño del local es macanudo, nos deja estar acá, es muy buena persona", cuenta Nery. Durante un tiempo tuvo problemas con un vecino en particular que les tiraba agua, trataba de alejarlos de la cuadra, pero ya no molesta. Está descalzo mientras conversa con el Tano, el Secretario de las labores solidarias del club, que le pregunta cómo va el embarazo. Nery tiene un gorrito norteño en la cabeza y está con pantalones cortos. Cuenta algunas cosas de su vida. Dice que además consiguió un candado para atar el carro. Los muchachos lo felicitan.

Le dejan un plato de comida caliente y dos ensaladas para el día después. Nery necesita unas mantas, pero no tienen encima. Le prometen acercarle una en la próxima recorrida. (Si algún vecino de la zona de Boedo lee esta nota y tiene abrigo para ofrecer, puede acercarse a la esquina de Belgrano y Alberti y dárselo).

Los villanos van cada miércoles. No solo los ayudan con lo que dan sino visibilizando su situación. "Son personas invisibles, tenemos que lograr que dejen de serlo", dice Mauro.

“Somos un club de barbas, el único en la Argentina, y queremos que sepan qué tipo de personas somos”, dicen
“Somos un club de barbas, el único en la Argentina, y queremos que sepan qué tipo de personas somos”, dicen

"Esto va más allá de la barba. El grupo se formó para diferenciarnos y cambiar un poco los prejuicios. En Estados Unidos ciertas bandas de motoqueros son consideradas delictivas, por ejemplo, y nosotros no tenemos nada que ver con eso y queríamos demostrarlo. Algunos de nosotros tienen moto, pero no somos un club de motos ni Custom. Somos un club de barbas, el único en la Argentina, y queremos que sepan qué tipo de personas somos", explican.

De allí la importancia del Instagram: cada uno de ellos transmite actividades en vivo, sube fotos, videos… Su idea es estar cerca de la gente. "Yo cada vez que voy a salir hago un Live en Instagram y pregunto a mis seguidores si tienen algo para dar, así recolecto cosas antes de la recorrida. Tengo pocos seguidores pero siempre alguien ofrece algo", cuenta Axel, que viene desde José León Suárez para participar.

En Miserere

"La primera vez que los vi me quedé sorprendido: mirá que uno de ellos va a estar acá con nosotros para darnos comida. Me dejó helado… Los veía como los de las películas, esos de las Harley Davidson, ¿viste? Y qué iban a hacer con nosotros. Pero bueno, fue una muy linda sorpresa", dice uno de las personas que los recibe frente a la Plaza Miserere.

Está en silla de ruedas. Los conoces desde hace unos meses. Recibe su plato de comida de la mano del Tano, pero ya comió, entonces busca un tupper en su mochila y dice que lo va a guardar para el día siguiente.

Cuando empieza el invierno y las temperaturas descienden, es fundamental mantener el cuerpo caliente. Son muchas las campañas que intentan prevenir muertes por frío, pero sigue sucediendo
Cuando empieza el invierno y las temperaturas descienden, es fundamental mantener el cuerpo caliente. Son muchas las campañas que intentan prevenir muertes por frío, pero sigue sucediendo

Ya pasó la medianoche. Miserere es la última parada, donde más gente se reúne para comer. El Tano explica que por el frío lo principal es el alimento calórico. Cuando empieza el invierno y las temperaturas descienden, es fundamental mantener el cuerpo caliente. Son muchas las campañas que intentan prevenir muertes por frío, pero sigue sucediendo. Los villanos lo saben, por eso durante el invierno concentran la mayor parte de sus esfuerzos en la recorrida de los miércoles. A veces cocinan ellos, a veces sus mujeres, que los apoyan en la tarea.

Aunque es un club de barbas, habilita la membresía a mujeres también, las BV Queens. "Acá no hay machismo ni ningún tipo de discriminación. Obviamente que nos une la barba, pero si no tenés barba y querés ayudar podés venir ¿Cómo te vamos a decir que no? Si lo que importa es el otro…", dice Mauro.

Es un tipo simpático y sencillo. Tiene un peine de madera para su barba, dice que tiene que ser de ese material porque sino le genera frizz. En el grupo él y el Tano tienen las barbas más largas. Los más jóvenes, los que tienen menos barba, son llamados "soporte", muchachos en camino a la membresía total.

“No vamos a cambiar el mundo, es imposible, pero por un instante le cambiamos el mundo a una persona que ayudamos. Y por ese instante esa persona es feliz”, revelan
“No vamos a cambiar el mundo, es imposible, pero por un instante le cambiamos el mundo a una persona que ayudamos. Y por ese instante esa persona es feliz”, revelan

Hay tres venezolanos en el grupo, uno de ellos ya era parte del club en Caracas. Hay un chico que llegó con 17 años y Mauro le dijo que tenía que esperar hasta los 18, y al año volvió mayor de edad y con más barba todavía. Hay un muchacho que trabaja en seguridad y llegó afeitado al ras porque no lo dejan usar barba en el trabajo, no es parte del grupo pero los acompaña. Hay un muchacho que es barbero y algunos que andan en moto. Hay un muchacho que viaja 3 horas cada miércoles para llegar a participar de la recorrida. Hay un muchacho que llega con anillos y los reparte y los otros, con sus barbas, con sus camperas de cuero, con sus tachas, sus tatuajes y sus mañas se abalanzan sobre ellos como si fuera el último juguete sobre la tierra. En un rincón de Boedo, unos muchachos se dan un abrazo capilar y tierno. Algo extraño surge en el que mira, acaso.

“Queremos enseñarles a nuestros hijos que esto es realmente importante”, dicen
“Queremos enseñarles a nuestros hijos que esto es realmente importante”, dicen

"No vamos a cambiar el mundo, es imposible, pero por un instante le cambiamos el mundo a una persona que ayudamos. Y por ese instante esa persona es feliz, y por ahí necesitaba un mimo, una charla, un plato de comida caliente. Saber que no está sola… Algunos no tienen nada. Son fantasmas de la sociedad, porque no los ve nadie. No los ve el gobierno, no los ven los vecinos. Te lo digo: no los ve nadie. Y que venga un desconocido a estar con él le hace muy bien. Porque no es solo un plato de comida, es verlos y conocerlos. Y enseñarle eso a nuestros hijos es realmente importante. Ojalá que cuando sean grandes puedan verlo", dice Mauro, y se emociona.

“Algunos no tienen nada. Son fantasmas de la sociedad, porque no los ve nadie. No los ve el gobierno, no los ven los vecinos. Te lo digo: no los ve nadie”, se lamentan
“Algunos no tienen nada. Son fantasmas de la sociedad, porque no los ve nadie. No los ve el gobierno, no los ven los vecinos. Te lo digo: no los ve nadie”, se lamentan

"Me vas a hacer llorar pelotudo, la concha de tu madre", se queja, así toscamente, con un insulto cariñoso. Y apenas, se pone a llorar. Lo frena a tiempo, no deja ver lágrima alguna a través de su barba, pero por un segundo los dos sabemos que llora.

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