Leila en 2019, de fondo, en la pantalla, ella y el beatle en el concierto de 2016 (Julieta Ferrario)
Leila en 2019, de fondo, en la pantalla, ella y el beatle en el concierto de 2016 (Julieta Ferrario)

Cada una de las últimas 1.039 mañanas de su vida (incluida la de hoy y probablemente las de mañana, pasado y el resto de los días), en ese limbo que es el tránsito entre el sueño y la vigilia, Leila repite en su cuarto, en algún instante, con flashazos mentales, la escena más increíble de su vida.

Abrigada en su campera verde, ella con 10 años, más bajita y menuda que ahora que tiene 13, sube a un escenario inmenso en el estadio de La Plata con su mono de peluche. Siente, cuando recuerda, lo mismo que aquella noche de mayo de 2016: desde ahí arriba las 55 mil personas que aullan en el campo no se sienten, las luces son muchas y le dan en la cara, hay dos chorros de aire caliente escupidos de unos tubos extraños, y al final del camino hay un hombre de 73 años, el ídolo de ella y de sus padres, un señor inglés del que cuelga un bajo famoso como una obra de Dalí. El hombre se llama Paul McCartney y le sonríe.

Y cada mañana, en esos flashbacks que duran instantes, vuelven a la mente de Leila esos dos minutos y pico que se desataron después de que él le pregunta si quiere que le firme su monito de peluche y ella, con Paul ya metido en la trampa de la ternura, le dispara lo que realmente sueña desde los 5 años, que no es presicamente un autógrafo. "Quiero tocar el bajo con vos", reclama y McCartney responde "esto sí que no me lo esperaba" y alguien trae un bajo blanco y ella, en el lugar que alguna vez ocupó John Lennon, toca una de sus canciones favoritas a dúo con Paul: Get back.

Pasaron casi tres años de aquella escena en La Plata, una especie de Big Bang en la vida de la familia de Leila Harfuch Lacase, que recorrió toda la circunferencia planetaria como noticia y de la que existen cientos de videos en YouTube y hasta DVD que incluyen "Get back with Leila". Es que la niña porteña es la única persona del público que alguna vez subió y tocó el bajo con ¡el bajista de los Beatles!

Este sábado McCartney volverá a expandir su magia desde un escenario en el Campo Argentino de Polo y allí abajo estarán Leila y su mamá Mariana, como lo hicieron en cerca de diez shows en todo el mundo.

A cada lugar al que van a escuchar a Paul y su banda madre e hija se instalan adelante con un cartel y alguna declaración de amor. Aquella vez inolvidable, alguien del staff de Paul se sintió atraído por la cartulina que sostenía en la valla de contención Leila y decía, en inglés, "Me gustaría tocar el bajo con vos o firmá mi mono".

-Me acuerdo que vino alguien y me dijo "¿querés ir con Paul?" y subimos con mi mamá. Ella caminaba lento, estaba nerviosa. Recuerdo que Paul tocaba Yesterday y yo quería subir rápido, -evoca Leila.

Y entonces se dio el diálogo contado párrafos arriba y cuando Leila le dice que quiere tocar el bajo, Paul, presumiblemente en la última jugada de incredulidad, le dice "pero no trajiste tu bajo".

Leila conserva el cartel que atrajo la atención del staff de Paul McCartney (Julieta Ferrario)
Leila conserva el cartel que atrajo la atención del staff de Paul McCartney (Julieta Ferrario)

Lo que no sabía McCartney era que Leila bailaba sus temas desde el vientre de su madre, y que a los 5 años le dijo a su papá Andrés que ella quería tocar el bajo "como Paul" y "con Paul", y que con esa determinación histórica no pensaba bajarse de ahí sin tocar.

La niña entonces apuró al beatle y señaló hacia las bambalinas y le dijo que traigan uno de los bajos que usa el guitarrista de la banda, Brian Ray, que a unos metros se reía y asentía. "Le dije de usar el de Brian porque soy derecha y Paul es zurdo", ríe tres años después Leila, en el sillón de su casa en el barrio de Almagro, llena de posters y tickets de conciertos y discos de vinilo y todo objeto digno de la casa de dos beatlemaníacas.

"Primero no sonaba el bajo, me pidió que lo prenda y cuando hago sonar la primera cuerda dije 'uh, suena muy bien'. Y me quedaba largo, la correa era muy larga. Entonces me dice que vamos a tocar "Get back" y yo sabía que no estaba en el set list original, no estaba anunciado", cuenta Leila y su papá Andrés, otro adorador de los Beatles, acota: "Y gran parte del público se volvió loco".

Paul no sabía que yo podía cantar y que conocía la letra, pero cuando él vio que yo la cantaba bajó el micrófono. Nunca pensé en lo tremendo que era estar ahí. Recién a las tres semanas vi el video y me puse a llorar de la emoción,-resume Leila.

Antes hubo otro llanto. El de su papá, cuando empezó a recibir mensajes y fotos y audios de gente que estaba en el estadio platense. "Cuando terminó el show lo llamé a papá pero no podía hablar, solo lloraba", se ríe ahora Leila.

"Yo no podía ni hablar, qué me iba a imaginar. Fue una sorpresa para todos. Ese día no pude dormir, vi el video una y otra vez hasta las seis de la mañana", se emociona de nuevo Andrés.

Leila confiesa que Get back la había aprendido dos días antes con su profesor de guitarra. "Es uno de mis temas favoritos, me parece una canción muy impactante porque es de la última vez que ellos tocaron juntos", admite la niña con noción enciclopédica.

Cuando Leila estaba en el vientre de su mamá, Andrés y Mariana le ponían Penny Lane o Strawberry fields y, juran, la beba se movía. A los tres años, su papá le puso la película Yellow submarine y, cuenta, otra vez emocionado, que cuando comenzó a sonar Nowhere man, ella le dijo "papi, esta canción es muy linda". La canción era la favorita de su mamá.

Leila toca el bajo y sueña con tener su banda de rock (Julieta Ferrario)
Leila toca el bajo y sueña con tener su banda de rock (Julieta Ferrario)

Mariana y Leila, que estudia bajo, guitarra y piano y quiere tener una banda de rock que mezcle el estilo de "Los Beatles con el de los Rolling Stones y Sex Pistols" usan sus vacaciones para ir a ver conciertos de rock, especialmente del ex Beatle.

De tanto andar detrás del hombre de Liverpool algunos integrantes del staff del músico ya las conocen. De hecho, Paul también. Antes del suceso inolvidable de La Plata, Leila cuenta que Paul le dedicó "Something", un temazo de su amigo George Harrison, porque ella sostenía en primera fila un cartel que decía que lo amaba.

Afortunada, Leila vio a Paul en Belo Horizonte, en Brasilia, en Vitória, en Montevideo, en La Plata, en Londres y en Liverpool a su ídolo. "La gente del staff me contó que Paul quedó encantado con Leila", dice con orgullo Andrés, que imaginó cualquier cosa para su vida pero nunca que su hija iba a tocar con uno de los Beatles, y mucho menos que una tarde de 2018 sonó su teléfono y alguien cercano a Paul le dijo que la querían llevar a un homenaje que le iban a hacer en un bar de Liverpool, para darle una sorpresa a McCartney. "Al final no pudo ser porque los menores no pueden entrar a los pubs británicos", ríe por la desdicha Andrés.

Leila, como una beatle, cruzó Abbey Road (Gentileza Mariana Lacase)
Leila, como una beatle, cruzó Abbey Road (Gentileza Mariana Lacase)

El sábado será una más de aquellas veces en que el destino cruce las almas de Leila y de Paul, pero tendrá un componente especial, porque con lo que le pasó en 2016 la nena aprendió algo: "Que los sueños son posibles, que hay que trabajar duro para conseguirlos y ser agradecidos".

-Y hablando de sueños, ¿soñás por las noches con aquel recital?

-Sí, sueño que el hombre del staff me viene a buscar entre el público y me pregunta mucho "¿estás segura que querés tocar con él?" y yo le digo que "sí, por favor", y Paul me ve y me dice "¡otra vez Leila!" y yo le digo que quiero tocar otro tema con él y que ese tema es Eight days a week, porque es un tema que no toca más.

Y ahora Leila Harfuch Lacase, que además de soñadora ostenta el don de la voluntad, se imagina otra vez en el escenario de Sir Paul McCartney, ya más alta pero con la misma determinación que a los 10 años. "Tengo un segundo sueño: volver a tocar con Paul", dice y sonríe, con su bajo negro colgando de sus hombros. Leila acaba de llegar del dentista, y entonces hace un breve silencio, mira a Mariana, e inocentemente le pregunta: "Ma, ¿y si no me reconoce por los brackets?".