La semana pasada varias mujeres integrantes del Grupo Teatro Inestable del teatro La Otra Orilla habían realizado un escrache público contra el autor y director teatral Jorge Omar Pacheco, de 67 años, acusándolo de abusos y maltratos. Este domingo Pacheco apareció ahorcado en el interior del teatro del que era presidente, director y que había fundado.

Videos viralizados a través de redes sociales y reproducidos por algunos medios muestran el escrache contra Pacheco realizado la semana pasada en la puerta del teatro La Otra Orilla, en calle General Urquiza 122/124, en el barrio porteño de Once.

"Se acabó la secta", "Una verdulería te vas a tener que poner" y "Estás hasta las manos", se escucha gritar a quienes increpan desde la vereda a Pacheco, que les responde con insultos. Esas serían las últimas imágenes del director teatral con vida.

Jorge Omar Pacheco (NA)
Jorge Omar Pacheco (NA)

Tras el episodio la familia de Pacheco le perdió el rastro. Este domingo el dramaturgo fue encontrado por agentes de la Comisaría Vecinal 3 de la Policía de la Ciudad, ahorcado en el interior de su propia sala teatral.

Fuentes de la investigación confirmaron a Infobae que aunque la principal hipótesis es la del suicidio, todavía no es posible descartar otras alternativas, por lo que se aguardará a lo que concluyan las pericias.

El escrache contra Pacheco fue acompañado además de un escrito difundido por el grupo de mujeres, así como también por el testimonio de la actriz Carolina Ghigliazza, que describió en primera persona lo que significaron para ella los años junto al director.

"Cuando alguien deja de trabajar con él, se va con el nombre de traidor y si es mujer traidora y puta y todos tus secretos revelados, hay que tener mucho coraje para irse de La Otra Orilla…", compartió la actriz en un pasaje de su exposición.

Sobre el final, Ghigliazza deslizó acusaciones aún más estremecedoras: "Pero hoy me entero de que además abusó de sus alumnas, algunas menores de edad y se me eriza la piel de verme ahí. Gracias a la valentía de un grupo de jóvenes, la mayoría mujeres que trabajaban para él (como tantes lo hicimos) hacemos este escrache por sus alumnes actuales y espectadores".

El escrito completo de las mujeres que realizaron el escrache a Pacheco

Escrache público al director teatral Omar Pacheco Violento, manipulador y abusador

Somos mujeres integrantes del Grupo Teatro Inestable del Teatro La Otra Orilla, creado y dirigido por el director teatral Omar Pacheco. Somos parte de esta grupalidad hace más de cinco años en donde hemos sufrido todo tipo de violencias de género, entre ellas abuso y manipulación sistemática por parte de quien era nuestro docente y director.

Nos parece importante compartir con toda la gente y la comunidad teatral nuestra experiencia para mantenernos en estado de alerta frente a la violencia misógina y machista. Y para que nadie más vuelva a estudiar con él ni consuma sus obras.

Este maltratador lleva adelante este proyecto hace más de 37 años, es decir que han pasado innumerables personas que han sufrido su maltrato, su manipulación y que tuvieron que irse solas. Omar construyó el método del Teatro Inestable en las bases de la verdad, equidad, compañerismo, confianza implacable, respeto, libertad, humanidad. Valores que se ha encargado de pisotear constantemente con su doble discurso y su hipocresía.

En estos años ejerció abuso de poder donde, entre otras cosas, construía relaciones sexo-afectivas con sus alumnas, imprimiéndole su posesión enfermiza en el completo ocultamiento ya que la no vinculación extra profesional era para él un requisito excluyente para ser parte del proyecto.

Además ejerció maltratos varios hacia otres miembro del grupo aprovechándose de la vulnerabilidad, eje fundamental de su metodología y de la admiración idealizada que construyo sobre el.

Dentro de su manipulación en dos de sus vínculos más recientes con alumnas, recurrió a la mentira para construir enemistad y competencia entre ellas, subestimando, insultando y agrediendo, tratándolas de caprichosas, histéricas, locas y acosadoras.

Los talleres formativos constaban de lo que él llama "trabajo de piso, que consiste en relajarse plenamente en el piso en condición de total oscuridad, con estímulo sonoro y olfativo, para lograr un estado pre-conciente en donde "liberar" todas las censuras y resistencias que nos inculcaron desde la infancia. Hoy vemos que muchas veces él se aprovechaba de este estado de vulnerabilidad para meterse cuando él quisiera y sin aviso previo en el piso, manosearnos y manipularnos corporalmente. Ahora entendemos sus criticas constantes al feminismo, incluso en instancias abiertas de debate con público donde se manifestaba en desacuerdo con el feminisimo "así como está planteado", claro, que lucha para que machos impunes como el pierdan sus privilegios. Te llego la OLA Pacheco.

Es muy difícil para nosotras poder describir cabalmente las situaciones que hemos vivido ahí adentro porque este lugar proponía un teatro único, un proyecto distinto, que intentaba mantenerse siempre en los márgenes del sistema y de una cultura opresiva. Constantemente hemos sufrido un lavado de cabeza, haciéndonos sentir culpables cuando no coincidiamos con lo que él planteaba, desde su personalismo, como verdad absoluta. No había lugar para la contradicción, la duda, la confrontación. El silencio era parte fundamental para vincularse allí adentro, aunque el pregonara como fundamental expresarse libremente para la conformación grupal, lo cierto es que quien lo hiciera era agredide y perseguide por Omar, generándole una especie de "vacío" hasta que esa persona finalmente se fuera, y entonces inculcaba que todes les compañeres creyéramos que aquel/lla que se fue era traidor, cobarde, conformista, tibie por no animarse a más, a superar sus límites y profundizar su búsqueda.

En este contexto opresivo fue como Omar tejía distancias entre nosotres para aislarnos, inhibirnos y mantenernos dentro. Nos hacia creer que lo fundamental era seguir con las funciones de las obras "La cuna vacía" y "Dashua", a costa de cualquier circunstancia, deshumanizandonos hasta el punto de tener que realizarlas enfermes, descompuestes o dejando de lado otros deseos, metiendonos en la cabeza que no tener una remuneración por nuestro trabajo era un deber ético moral, porque estar ahí era un privilegio por el que debíamos estar agradecides, siendo que igualmente debíamos pagar nuestra cuota mensual por tomar sus clases. Criticar esto o reclamar viáticos tenía como consecuencia ser etiquetade como mercantilista. Hoy para nosotras esto tiene nombre y es explotación, ya que además cumplíamos con las tareas de mantenimiento, limpieza general del teatro, armado y desarmado de escenografías y garantizado de las compras de materiales e insumos.

El proyecto tuvo dos grandes grupos conformados, antes del nuestro, que se desintegraron en su totalidad, quedando la gran mayoría en muy malos términos con Omar. Con algunes hemos podido tener contacto y conocer que hay otras tantas situaciones, incluso de mayor gravedad, que provocaron sus rupturas con el proyecto.

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