En plenas vacaciones de verano, Eduardo Costantini -creador de Nordelta, dueño de Consultatio y fundador del Malba- abrió a Infobae las puertas de su fabulosa casa de Punta Piedras, con una fascinante vista sobre el mar.

Café mediante en la gran terraza, durante una hora mantuvo una charla imperdible, y al finalizar la entrevista apuró el paso para aprovechar el viento de la tarde y practicar una de sus grandes pasiones en el mar esteño: kitesurf, un deporte con el que sufrió un severo accidente en 2003 pero que, a pesar de ello, no piensa abandonar.

Eduardo Costantini recibió a Infobae en su fabulosa casa de Punta Piedras /// Fotos: GM Press Punta
Eduardo Costantini recibió a Infobae en su fabulosa casa de Punta Piedras /// Fotos: GM Press Punta

-¿Qué significa Punta del Este en su vida?

-Punta del Este es parte de mi vida. La conozco desde hace más de cuarenta años, siempre viví cerca del mar. Al principio en La Mansa, después en Solanas, en el Barrio del Golf, La Barra, Bikini, Punta Piedras ahora, y se va extendiendo a José Ignacio y Rocha, donde tenemos el desarrollo de Las Garzas: 240 hectáreas y 2 kilómetros sobre el mar. Aparte, hace casi 40 años que navego en el mar: al principio con windsurf y desde hace 16 años con el kitesurf. Para mí, Punta del Este es el mar, el cielo, las estrellas, la luna, el viento, el agua, la energía… Es mi segunda casa.

-¿Cuál es su primera casa?

-Mi primera casa es a cuatro cuadras del Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), en ese barrio. Al principio, tenía una casa que me hice hacer por Rafael Viñoly -el mismo arquitecto que hizo el puente de Laguna Garzón- y luego hicimos un edificio, donde vivo, sobre avenida Figueroa Alcorta. Ese es mi barrio y también el Malba está ahí.

-¿Cómo empezó su carrera en el mundo empresarial, desde sus primeros pasos hasta construir un imperio en el real state?

-Es una larga historia. De joven y cuando estaba en la facultad, ya tenía un gran entusiasmo, una gran energía puesta en mi profesión. No sabía que iba a ser empresario. Me gustaba más la ciencia, el conocimiento, la filosofía, la economía… También, por necesidades económicas familiares, me volqué a la actividad privada. Empecé en la actividad financiera y luego llegué a la actividad inmobiliaria. Al principio como una forma de inversión y después me quería expresar en la economía real, así que empecé como desarrollador. Desde 1991, toda mi actividad fue como desarrollador, donde fui combinando distintos aspectos para familias y para empresas, a través de atributos como la honestidad, el diseño, la localización, la escala, la visibilidad del proyecto, su funcionalidad, el programa de arte, etcétera.

Eduardo Costantini en la intimidad de su refugio esteño, que cuenta con una espectacular vista sobre la playa
Eduardo Costantini en la intimidad de su refugio esteño, que cuenta con una espectacular vista sobre la playa

-Con tantas actividades que realiza, ¿le cuesta o le gusta delegar tareas?

-Me gusta delegar pero me gusta estar muy presente en la estrategia. Para mí, la vida es una construcción. Yo tengo un "master plan" en mi cabeza, una estrategia global de vida que, por ponerlo en metáfora, es como la retrospectiva de un artista que va viendo el cuerpo de obra en sus inicios, mitad de carrera, más al final, y va viendo cómo la obra se sostiene, que es lo que va diciendo el artista a través del tiempo. Mi vida la vislumbro de esa forma. Específicamente y como desarrollador, tengo proyectos muy longevos. Sumamente longevos, porque hay que pensar que Nordelta es un proyecto a cuarenta años: ya tiene veinte y creo que le faltan veinte más. El Malba debería perdurar a través de los siglos. Me voy proyectando a través de esos proyectos longevos y del encadenamiento de proyectos de cinco o seis años, como el que vamos a emprender ahora en Catalinas Norte, donde vamos a levantar el edificio corporativo más grande de la Argentina y que tiene un costo de más de 400 millones de dólares. Y así, otros proyectos más. Por ahora, hemos comprado tierras por 220 millones de dólares, en los últimos seis u ocho meses.

-¿Cómo ve al país desde la gestión del presidente Mauricio Macri?

-Al país hay que verlo desde una perspectiva panorámica. Yo siempre voy de lo general a lo particular. Entonces, tenés el contexto internacional muy significativo y donde tenemos buenos vientos. La economía internacional está caracterizada por una tasa de crecimiento en aumento, donde hay un exceso de liquidez que, a medida que va pasando el tiempo, va tendiendo a disminuir. Estados Unidos fue el primero en comenzar un proceso de suba de tasas y como reducción del balance de la Reserva Federal. Está disminuyendo la enorme cantidad de liquidez que hay, pero lo hace a paso muy mesurado. Ahora le va a seguir Europa, que también está creciendo muy bien, como también Japón. La economía internacional goza de buena salud y se ve un debilitamiento del dólar, porque ya se descuenta que las otras regiones van a iniciar un movimiento de suba de tasas; entonces, el capital empieza a buscar esas otras regiones. Y entre ellas, están las economías emergentes. Estamos en un valor récord de ingreso de capitales a las economías emergentes y, dentro de ese contexto, está nuestro país. Argentina empalma esa situación favorable con un cambio de gobierno que se torna un gobierno abierto al mundo, con una filosofía y una política de centro derecha, que está siendo bien vista, incluso por el G20, cuya conferencia va a ser en Argentina, en noviembre. Argentina quiere hacer las cosas bien: el mundo y los líderes están viendo esa voluntad. Macri está teniendo muy buenos recibimientos en el exterior. Esa parte está muy bien, pero luego viene el frente interno. El Gobierno heredó una situación muy complicada, porque los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner fueron muy malos: del 2011 al 2015 subió la inflación y la desocupación, no hubo generación de empleo ni recupero de la actividad económica, déficit energético, cepo cambiario, disminución de reservas… Entonces, se produce un cambio de gobierno, sin una situación traumática que es un logro a través de una estrategia gradualista. Estamos en un proceso donde el Gobierno quiere lograr un equilibrio, saliendo hacia delante a través del crecimiento y tratar de licuar el déficit fiscal. El primer año lo cumplió y tiene la expectativa de reducir ese déficit de 4,2 a 3,2 el año que viene. Pero necesita crecer un 3 por ciento. Es un gobierno que se está manejando muy bien políticamente pero tiene minoría en el Congreso. En el balance, yo veo bien a la Argentina; tampoco soy naif pero son temas complejos que hay que ir desentrañando. Entonces, la pregunta es si la dosis de gradualismo va a ser suficiente y eso va a depender de muchas variables. Yo no creo que venga un frente de tormenta desde el exterior, que te cambie radicalmente las reglas del juego.

-Entonces, ¿qué nota le pondría a este Gobierno si tuviera que calificarlo?

-Le pondría un 7,50.

-¿Qué consejo le daría a un inversor que este año quiere invertir en la Argentina?

-Hay un inversor financiero que no tiene conocimiento de un sector específico y para mí la inversión viene dada con la vocación, con el conocimiento, con la perseverancia, con la conducta. No es una kermés que tirás y la podes embocar. A los jóvenes les diría que se preparen, que estudien, que encuentren su vocación, su historia personal… Como inversor financiero, creo que la inversión en pesos va a estar bien, que la Bolsa subió mucho pero va a seguir dando buenos frutos, los bonos en dólares tiene un rendimiento de más del 5 por ciento… Veo un marco propicio para las inversiones.

-¿Qué opina sobre el boom de los créditos hipotecarios?

-Creo que los créditos hipotecarios son parte de la normalización de la economía: una economía que opera razonablemente bien no puede dejar de tener créditos hipotecarios. Son una necesidad legítima de las familias, de tener un instrumento para la vivienda propia y, como pasa en el 90% de las economías, independientemente del grado de desarrollo que tengan esos países. Uruguay, Chile, Mexico, Brasil, Paraguay tiene líneas de crédito accesibles a treinta años que, a un grupo familiar en el que trabaja la mujer y el marido, provocan que dejen de pagar un alquiler y que hagan un esfuerzo por pagar su casa propia. Entonces, me parece que es un derecho. Lo que pasa es que, en la Argentina, venimos de una inflación absolutamente anormal, disyuntiva, sin moneda, donde no hay ahorro interno y es fundamental que la inflación converja a largo plazo, a niveles razonables. Y eso da lugar al ahorro interno y a la fuente de financiación del crédito hipotecario. Al día de hoy, el crédito hipotecario ayudó en una base muy pequeña, y es muy importante que vaya mayoritariamente destinado a nuevos desarrollos, porque el gran porcentaje fue a viviendas existentes.

-¿Qué lo apasiona más: las inversiones o el arte?

-Para mí todo está integrado y, en la integración, tenés una mayor satisfacción. El arte es parte de mi vida desde los veinte años y culminó con la fundación de un museo, que ni siquiera lo tenía previsto. Ahora estoy viajando a Nueva York, porque se abre una retrospectiva de una artista brasileña, Tarsila do Amaral, y el Malba presta la obra principal, Abaporu. Constantemente, nos piden obras desde museos de Asia, Europa, Latinoamérica… Sigo siendo un coleccionista fanático. Compro piezas de la historia de Latinoamérica, sobre todo, del período moderno. El año pasado compré la obra más cara en la historia del arte latinoamericano, una obra de Diego Rivera, que ahora se exhibe en el Malba y es el Baile de Tehuantepec.

Su pasión por el arte comenzó a los 20 años y hoy es uno de los coleccionistas más importantes del mundo
Su pasión por el arte comenzó a los 20 años y hoy es uno de los coleccionistas más importantes del mundo

-Y sé que estuvo muchos años detrás de esa obra, hasta que la consiguió…

-Sí, estuve 21 años (risas). En mi vida todo es longevo. No sabía que esa obra iba a aparecer. El propietario falleció y su hijo decidió venderla. Era de un millonario de Nueva York, que la tenía en su departamento de Manhattan con obras de (Pablo) Picasso, (Salvador) Dalí. Entonces, la había sacado del circuito del arte y no se exhibía.

-¿En qué momento empezó su romance con el arte?

-Fui a comprar un helado a tres cuadras de mi casa, en Acasusso, y había una galería de arte justo en frente, con una obra de Antonio Berni en la vidriera. Era el retrato de un muchacho. Espontáneamente entré a la galería, aunque en mi casa nadie coleccionaba. Me conmovió esa obra y así fue mi ingreso al arte. No me alcanzó la plata para comprarla, pero la dueña de la galería me vendió en cuotas dos obras de otros dos artistas. Y así empecé. Recién empezaba a trabajar y las puse en un departamento, que me pude comprar con crédito hipotecario del Nuevo Banco Italiano. Después seguí comprando obras, fui aprendiendo, tuve un gran mentor que me enseñó a comprar y que fue Ricardo Esteves. A él le debo todo.

-¿Cómo se compra una obra de semejante envergadura como las que adquiere? ¿Por qué se pagan millones de dólares por algunas?

-Si escuchas cantar a alguien te das cuenta si tiene carisma, si tiene energía… Por qué esa persona tiene eso y hay otras que no. Pero además, dentro de aquellos que tienen carisma, el don o el talento, están los que hacen nuevos caminos. Eso pasa en la música, en el deporte, en la danza… en todas las disciplinas tenés gente innovadora. No solamente son unos genios técnicamente y se expresan plásticamente, si no que abren nuevos caminos en el arte. Y se dan en determinados momentos: a veces, en un período corto de tiempo, a veces esa genialidad se prorroga durante una cantidad de tiempo y después puede decrecer o no. Podés tener un período espectacular pero después el artista cae y no se recupera más. Entonces, las obras de arte que valen una fortuna son aquellas realizadas por genios que se expresaron con una creatividad única. Imagínate un artista, por ejemplo, Frida Kahlo. No solamente manejaba como nadie la técnica del retrato, como los grandes maestros de la historia universal del arte, sino que ella -a través de un camino de su historia personal- hizo una autobiografía a partir de la pintura. Entonces, eso es único de Frida Kahlo. Por eso, para comprar arte, hay que saber.

-¿Qué es lo primero que tiene que hacer una persona que quiere empezar a comprar arte?

-Se tiene que asesorar, pero no tanto con la galería -que es juez y parte, y lo digo en el mejor sentido de la palabra- si no con un curador, con un estudiante avanzado, con un profesor de historia del arte… con gente especializada que, preferentemente, no esté dentro del circuito comercial del arte.

-¿Alguna vez le llamó la atención dibujar, por ejemplo?

-Sí, en una época dibujaba hasta que me di cuenta que lo que mejor que podía hacer era coleccionar o hacer negocios (risas).

-¿Cuántas obras tiene ahora?

Mi historia como coleccionista se divide en dos: hasta 2001, que se fundó el Malba, donde doné toda mi colección. Las grandes obras del arte latinoamericano son del Malba, no son mías. A partir de 2001, seguí comprando pero a mi nombre y bajo mi patrimonio. Del Malba a hoy, más o menos, tengo unas 500 obras en el segundo período y que Malba me pide continuamente. Hay obras que compro que, directamente, me las sacan (risas). Dos tintas de (Emilio) Pettoruti, del año 1914 y que hacía 30 años que estaban fuera del país, me las manoteó el Malba: son mías pero nunca las pude colgar en mi casa (risas).

-¿En qué cree? ¿Es religioso?

-Para mí, el sentido de la vida son los valores, porque veo que en el nombre de la religión y de la ideología se hacen barbaridades. A las personas no les pregunto si son judíos, católicos, de izquierda o derecha: decime si sos honesto, no jodamos. A mí, hablame de valores en la vida. Va-lo-res (silabea). Luego, yo refiero a un Dios, soy agnóstico. Vengo de una familia hiperreligiosa, mi madre era una mujer muy inmanente y con una energía fortísima. He aprendido mucho de ella y de mi padre también, de su entusiasmo por la vida. Yo no me podría desligar de la eventual existencia de Dios, pero trato de ser honesto en mi vida; en todos los sentidos, tanto familiares, afectivos como profesionales, y luego hago como Barrabás: "A tí encomiendo mi espíritu".

-¿Qué cree qué pasa después de la muerte?

-No lo sé. No sé qué pasará. No me quiero morir, amo la vida pero obviamente la muerte es un hecho. Creo que la vida hay que vivirla con todo el entusiasmo que se pueda y de acuerdo al sentido, que para mí, tienen los valores y la vocación.

-¿El accidente grave que tuvo en 2003 haciendo kitesurf lo marcó en algo? ¿Siente que se replanteó algunas cosas luego de eso?

-No. Replanteos, no. Creo que quedé un poco más vulnerable y más frágil emocionalmente. Pero el accidente no me cambió los valores, ni mi tiempo de trabajo.

-¿Qué valores le transmitió a sus hijos?

-La honestidad, la humildad, el respeto. Darle a la gente lo que le prometés. No robar, no sacarle al otro, no meterse en actos de corrupción. Hay que respetar al otro.

-Habla de honestidad en un país que supo tener una relación muy estrecha con la corrupción…

-La honestidad le da mucho más sentido a mi vida: es un activo que considero que tengo y que creo que la gente lo aprecia. Nunca me he acercado a políticos con esos fines, ni he tenido al Estado como contraparte: nunca he sido contratista en toda mi carrera y lo podría haber hecho muchísimas veces. Pero creo que hay que dar el ejemplo. Si uno es líder, tiene que mostrar precisamente lo contrario a los puntos flacos que tiene nuestro país.

-¿Cómo le gustaría ser recordado?

-Como una persona honesta.