Nadia Lizet Rojas, de 14 años de edad, oriunda de la Villa 20, fue encontrada ayer a la madrugada luego de estar desaparecida durante más de un mes. Apareció ilesa en la calle Perirí en Parque Patricios, no muy lejos de la terminal de la línea de subte H. Había sido vista por última vez el 11 de junio pasado en su escuela, la René Favaloro en Villa Lugano.
Fue un mes ciertamente complicado. Organizaciones como la FUBA y el Plenario de Trabajadoras del Partido Obrero salieron a la calle para pedir su aparición mientras que el expediente que investigaba su ausencia se convertía en una bola de flipper judicial. Primero tramitó en la Justicia de instrucción, que lo envió a los juzgados federales de Comodoro Py. Trata de personas era la sospecha.
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El caso recayó en el Juzgado Nº6 de Rodolfo Canicoba Corral, que según fuentes judiciales intentó rechazarlo por incompetencia y enviarlo de vuelta a la Justicia ordinaria. Federico Delgado fue el fiscal. Delgado decidió avanzar, con medidas de prueba como la toma de testimonios y allanamientos. Cuatro días después, hoy por la madrugada, Nadia era finalmente encontrada, para ser llevada a un refugio por la división Delitos contra la Salud de la Policía de la Ciudad.

Sin embargo, Nadia no fue encontrada detrás de una puerta rota por un ariete policial: la joven se había comunicado el día anterior con su madre, Elena Rojas Paucará. Acordaron un encuentro en esa conversación. Infobae habló este mediodía con Rojas Paucará a las puertas de los tribunales de Comodoro Py, donde la madre de Nadia esperaba encontrar a su hija. Tenía una pequeña herida sobre la ceja: "Me la hicieron ayer, me pegaron cuando iba camino a encontrarme con Nadia, me amenazaron en los días anteriores", aseguró.
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Lo cierto es que la charla de ayer no fue la única que Nadia mantuvo con su mamá durante el mes que estuvo desaparecida: hubo varias, en donde la joven discaba desde un teléfono con número privado. El sábado pasado, Nadia llamó a su madre, que la atendió en llanto. "¿Dónde estás? Hablemos, por favor, te voy a buscar", dijo Elena.
La línea de Elena había sido intervenida a pedido del fiscal Delgado. Los contenidos de la charla son escalofriantes. En la conversación, que duró poco más de diez minutos y cuyo audio es parte de esta nota, Nadia le asegura a su madre que trabaja en una pizzería de Flores, que cobra un sueldo como mesera, que nadie la raptó, que le lleve zapatillas, que retire la denuncia policial.
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Nadia: Te estoy llamando para decirte que estoy bien.
Elena: No me digas si estás bien, te paso a buscar, decime dónde estás, si querés nos vamos lejos.
Nadia: Estoy viviendo en Flores. Estaba trabajando como mesera en una pizzería, me pagan mil pesos por semana, con eso puedo alquilar una pieza.
Elena: La vez pasada me dijiste lo mismo.
Nadia: Estoy solita. No quiero que metas en quilombos a los demás, la policía acá mete a todos, no quiero eso… Estoy bien así. Ya me estoy dando cuenta de las cosas. Quiero que retires la denuncia, no puedo caminar por la calle porque ya salí en la tele. Si vuelvo, vuelvo a casa, pero no ahora. Nadie me tiene, estoy bien. Solo quiero que sepas eso. Tampoco quiero que te enojes conmigo por haberme ido de casa.
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Elena: ¡Es mentira que estás trabajando!
Nadia: No es mentira, si me creés bien, y si no, no. Te voy a llamar para citarnos en un lugar y volver a hablar.
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Elena: Pero llamame…
Nadia: Mañana te voy a llamar, pero no le digas a nadie que te llamé. Pero tratá de levantar la denuncia y no metas más a personas. Me enteré que un chico fue a declarar, un chico que conozco, que trabaja en La Salada y fueron a allanar a su jefe. Te voy a llamar a eso de las cinco, te llamo desde una cabina, me compré ropa y zapatillas. Te amo ma, te extraño mucho.
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Elena: ¿Pero me vas a llamar de verdad? ¡Volvé por favor, ya no puedo más!
Nadia: No quiero que llores.
Elena: ¿Y qué quieres? ¿Que me cague de risa? ¿Que estoy en una fiesta?
Nadia: No me grites, por eso no se puede hablar con vos. Te voy a mostrar dónde estoy viviendo, dónde estoy trabajando, vas a ver que estoy bien en mi departamento.
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Elena: Bueno, bueno, yo voy a ir a levantar la denuncia. ¿Dónde nos vemos?
Nadia: En la Plaza Flores, ahí te veo. Mañana te voy a decir, dale… ¿Te puedo pedir un favor? Necesito que me lleves unas zapatillas y un pantalón de jean. En el trabajo me piden jean y estoy yendo con uno solo.
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Elena: Yo te voy a llevar eso. Si necesitás plata te llevo.
Nadia: Plata tengo de sobra… ¿Retirá la denuncia, sí? ¿Cómo está mi gato? ¿Está allá?
Elena: No, se escapó, igual que vos. Todos se fueron, el gato se fue, tú te fuiste.
Nadia llora al oír esto. "Chau, ma, te amo", responde. Elena da por terminada la conversación sin cortar la línea. Se la oye llorando, hablando con otras personas. "Ma, ma, ma…" dice Nadia. La madre de la joven luego declaró ante el fiscal Delgado y habló sobre esta charla. Otros miembros de la familia -el padre biológico de la joven está fuera de la ecuación- también declararon en Comodoro Py. Qué pasó con Nadia todavía es algo sumamente incierto. De nuevo, la trata o un cautiverio para venta de drogas -con la PROTEX, el ala de la Procuración dedicada al tema que interviene en el caso- son las principales hipótesis. De todas formas, el relato no es tan lineal. Las líneas de sospecha son varias.

Para empezar, el fiscal Delgado buscará que varios de los amigos y compañeros de escuela de Nadia declaren bajo cámara Gesell: ya se allanaron varias casas relacionadas al grupo alrededor de la joven, Nadia demostró saber de esto en la escucha reproducida en esta nota. Dichos de padres y profesores de la René Favaloro que constan en la causa apuntan a que sus amigos hablaban con ella durante el mes de su desaparición.
Otra denuncia apunta a una disco en Liniers, El Basilón, sobre la colectora de General Paz, frecuentada por Nadia y su grupo, con bandas de cumbia en el escenario y tequila gratis para chicas según sus afiches. Delgado y la Justicia ordinaria pidieron allanarla; no se encontró nada en dos operativos policiales. Una posible connivencia policial fue otro rumor: no hay nada al respecto en la causa, de un solo cuerpo hasta ahora.

Por otra parte, Delgado y su equipo encontraron dos huecos llamativos en la escucha telefónica el sábado pasado, algo que hace sospechar que Nadia o sus presuntos captores sabían que estaba siendo escuchada por la Justicia y que existiría un posible conflicto en casa de los Rojas. "Yo me fui de casa por razones X, sabés muy bien", dijo Nadia a su mamá, literalmente. "Yo voy a terminar de pagar aunque sea…", dijo Elena en un momento, desesperada mientras hablaba. "¿Pagar qué?", se pregunta Delgado en privado.
Queda, por otra parte, el interrogante más obvio de todos: ¿quién o qué la presionó para pedirle tres veces a su madre que retire la denuncia por su desaparición?
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