
Filmar un cortometraje de apenas unos minutos de duración puede llevar varios meses. Escribir un guión, definir las locaciones, reunir al equipo técnico, a los actores, rodar y editar el material son, muy a grandes rasgos, los pasos a seguir. Aún así, decenas de realizadores argentinos eligieron, semanas atrás, someterse a un llamativo desafío: agotar este proceso en no más de 48 horas.
El 48 Hour Film Project -así se llama la competencia- nació hace 15 años en los Estados Unidos. Desde 2014, Buenos Aires y Córdoba integran la lista de las 153 ciudades del mundo en las que actualmente se realiza.
La edición local tuvo lugar del 7 al 9 de este mes y se presentaron 29 equipos. Al tratarse de un concurso abierto, los perfiles de los participantes fueron muy disímiles: hubo, entre ellos, aficionados en busca de una primera experiencia en el mundo audiovisual, estudiantes e incluso profesionales de trayectoria.

El ajustado lapso con el que cuentan los competidores no es la única dificultad que plantea la iniciativa sino que, además, todos los films deben presentar tres características que son asignadas por los organizadores minutos antes de que empiece a correr el tiempo.
En esta oportunidad, los 29 grupos recibieron la siguiente consigna: el corto, de entre 4 y 7 minutos de duración, debía incluir un personaje que fuese jockey y se llamase Giovanni o Gina Caprirolo; en algún momento debía aparecer un bandoneón; y la frase "ya se me hizo tarde y el tiempo vuela sin piedad" debía ser pronunciada por alguno de los intérpretes.
Si bien todos los equipos compartieron esos tres lineamientos, cada uno tuvo que abordar el corto desde un género distinto, también impuesto por la organización.

Los géneros son muy variados, van de la comedia negra al musical, pasando por el western, la sátira, el film de época, la road movie y hasta la película muda. Se adjudican por sorteo. Cada grupo puede optar entre dos opciones.
Una norma complicó aún más las cosas: el reglamento prohíbe utilizar música preexistente a menos que se posean los derechos correspondientes. Por este motivo, muchos concurrentes recurrieron a la colaboración de compositores amigos, dispuestos a trabajar a contrarreloj.
Otra condición, muy entendible, es que no se dañe a ningún animal en el proceso de realización del corto.
No hay muchas más pautas que esas. Tanto la creatividad como las decisiones de producción corrieron por cuenta de los realizadores. Si bien desde la organización remarcan que desalientan la contratación de personal técnico y actoral, aclaran que en rigor no está prohibido.

"Importa más la historia que otros aspectos", sostiene Claudia Fernández, una de las organizadoras del evento en Buenos Aires y coordinadora de la iniciativa a nivel regional. "Lo que más se valora es la coherencia de los elementos con los que se está contando y que se respete el género", agrega.
En este sentido, advierte que un error común es "meter el objeto o la línea de diálogo al azar". E incluso señala que hay quienes -acaso por obra de los nervios- olvidan cumplir con alguna de las tres reglas básicas.
"Una locura con una adrenalina tremenda". Así define la experiencia una de las participantes del certamen, a quien llamaremos "Lucía" (pidió reserva de su nombre dado que el concurso no ha terminado). Durante las 48 horas, cuenta, los integrantes de su equipo casi no durmieron.
Y dice que, en la primera etapa, todas las áreas tuvieron que trabajar en simultáneo. "Mientras unos escribían el guión, otros retiraban los equipos y los llevaban a locaciones, y los de arte armaban la decoración y el vestuario", relata la realizadora.

"Escribimos y planificamos desde la tarde del viernes hasta las 7 del sábado. A las 10 estábamos filmando y terminamos a las 3 del domingo", describe Lucía, y agrega que el proceso de edición comenzó cuando el rodaje aún no había concluido.
"Fue intenso y estresante", resume y apunta que el mayor desafío fue escribir en tan pocas horas un guión que conjugara en forma aceptable las tres pautas.
Esta semana todos los cortos se exhibieron en las salas Cinemark en Puerto Madero. Dado que las funciones previstas se agotaron, los responsables evaluaban sumar otras.

El 8 de noviembre se realizará la entrega de premios, durante la cual los ganadores de cada categoría recibirán su trofeo. Además del premio principal -a la mejor película-, también hay premio del público y premios a la actuación, fotografía, dirección, edición, partitura musical, diseño de sonido, efectos especiales, guión y al mejor uso de cada uno de los tres elementos: personaje, objeto y línea.
Quien obtenga el máximo galardón participará del Filmapalooza, en Seatlle, EEUU, donde se enfrentarán los 153 cortos que este año hayan triunfado en sus respectivas ciudades. El mejor de ellos será presentado en el Short Film Corner de Cannes.
Lucía mantiene la ilusión de pasar a la siguiente instancia; pero si esto no ocurre -dice- la experiencia ya valió la pena: "Queríamos pasarla bien y hacer un lindo producto: lo hicimos por el desafío, para divertirnos y por amor al arte".
Los dos cortos ganadores de ediciones anteriores
Mal trago
La postura
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