La historia de un cantante en las calles de la muerte y del narcotráfico

Big Deiv lanzó su primer disco en 2014. Recientemente, presentó en televisión su próxima producción: Constitución Finest. La vida del artista que llegó a la escena latina desde un peligroso barrio porteño

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Lleva sobre su ojo izquierdo una gran cicatriz: la marca de una caricia que la muerte dejó. David Ariel Berdichevsky nació en 1992 y es el hijo mayor de Claudia, pero también es hijo de uno de los barrios más peligrosos de Argentina.

Cuando tenía 14 años, en una vieja casa de Constitución, intentó asesinar a su padre: "Ese día me volví más frío. No me creo un loco. Él nos cagaba a palos. Solamente defendí a mi vieja, que estaba embarazada. Yo lo iba a hacer pelota. No me hubiera arrepentido. Agarré un cuchillo y ni la dudé".

Durante 2014, tras el lanzamiento de su primer disco, Big Deiv ingresó a la escena del hip hop latino como uno de los artistas nacionales con mayor impacto: Desde el barrio, producido por Del sur estilo, contiene 14 tracks en 47 minutos. Y acumula miles de reproducciones en YouTube. Mi lápiz y Underground Shit fueron los títulos de los videoclips oficiales. En pocas semanas, lanzará Constitución Finest, su nuevo disco. Producido por Imperia Records, ya fue presentado oficialmente en televisión.

Mientras pule los detalles de su última producción, en una entrevista exclusiva el cantante analiza el vínculo que hay entre su obra y la violencia social que señorea en el barrio Constitución, ubicado al sur de la ciudad de Buenos Aires, alrededor de la estación cabecera del Ferrocarril General Roca.

Para narrar el entorno en el que creó y desarrolló su música, explica: "Constitución no es Brooklyn, no es Los Ángeles ni Compton. Pero cada tres días uno muere, cada una semana como máximo. La mayoría de las veces es porque alguien le robó a un traficante, o por problemas entre fisuras en la calle, o en un baile. En la televisión no sale, pero en el barrio las calles hablan y te cuentan lo que pasó la mañana pasada. Hay situaciones que son extremas, que ni en las películas. Si lo contás, no te creen".

Bajo una mirada superficial, las canciones de Big Deiv pueden ser una permanente tragedia. Bajo una observación profesional, su voz puede no ser la mejor. Pero este artista revela una faceta que no admite objeción: sus historias solo un bravo las porta. El conocimiento que adquirió del dolor es un bien extremadamente valioso. Sus reflexiones, sus ideas y sus principios gozan la dignidad de una lágrima que florece cuando el invierno termina.

Las drogas y la sangre derramada por las armas son, en este caso, solo una buena excusa para describir los sentimientos que atraviesan hasta las calles en las que se esconden los hombres más duros y difíciles del bajo mundo. Las drogas y la sangre aparecen verso tras verso.

Para explicar esto, David dice: "No me irrita el narcotráfico. Me parece que es algo que va más allá del que vende. Están metidos los que controlan y manejan el país. Es algo muy obvio. Cuando vas por Constitución y ves que están vendido drogas en la calle a plena luz del dia, me parece que es obvio que algo está pasando, que alguien hace la vista gorda. Es una cuestión de los que manejan los hilos arriba, de 'matemos a los pibes pensantes así no se dan cuenta de lo que está pasando'. Ya sea un joven de recursos bajos fumando paco o un pibe de clase alta que toma una pastilla en una joda".

 

Las historias de música y cárceles

Constitución Finest, el próximo disco de Big Deiv, incluye colaboraciones del productor Nicolás Acinelli, pistas de Grey Music Family, e intervenciones de los músicos Sebastián Villalba, Juan Pablo Goyeneche y Leonardo Caruso. Así, sobre bases ideadas por personas de su círculo íntimo, Big Deiv cerró la producción y escupió su poesía. Al respecto, dice: "Nicolás la rompió con la producción, estoy muy contento, es uno de los productores más versátiles que conocí. Siempre humilde. Imperia Records es más que un estudio, es una familia".

El lanzamiento de este nuevo material abre la puerta también a una nueva audiencia, que tiene preguntas e intriga sobre algunos versos, frases y canciones de Big Deiv. Indefectiblemente, el relato de las respuestas conduce a la infancia de este cantante. "La generaciones vienen cada vez peor. La generación que me siguió, los pibes de 17 años, están perdidos. Muchos no pudieron salir y quedaron atrapados en el juego", explica David.

Luego, continúa: "Siento que cuando sos chico y nacés en un barrio como Constitución no salís preparado. Tenés que hacerte hombre muy rápido. Salís al mundo y sos chico y ves que son todos grandes. Y tenés que estar a la altura, no podés jugar".

Sobre su infancia en un barrio donde las denuncias por narcotráfico son cotidianas, recuerda: "Me encerraba en mi mundo y me gustaban cosas de chicos, los dibujitos animados. Me gustaba mucho la música. Me enganchaban los canales de música. No me gustaba mucho la rotación de videos de MTV pero, si me gustaba un tema que veía, me quedaba todo el día sentado tomando chocolatada esperando que den ese tema. Y, cuando lo daban, subía el volumen y era feliz. Siempre me gustó mucho la música, siempre la tuve en la cabeza. Iba por la calle pensando en las canciones que me gustaban".

Su casa está ubicada en un viejo pasaje de adoquines, cerca de la histórica plaza Juan de Garay. Es el mismo inmueble de su infancia. Allí, también nacieron sus hermanos Ezequiel Marcos y Maximiliano Saúl. "De acá salí yo, de un pasaje", dice David, mientras señala una antigüa propiedad horizontal. En ese lugar, cuando era un niño, tuvo que presenciar aberrantes escenas de violencia familiar. Su padre, un ex convicto, los desfiguraba a golpes.

"Yo lo iba a ver a mi viejo que estaba en cana. Y eso generó que yo esté mucho tiempo solo. No hablaba, me costaba. Todo el tiempo me sentía mal. Cuando tenía 6 años pensaba que lo iba a ver a mi viejo en la cárcel, y era algo fuerte. Además, en la cárcel de Caseros estaba el hermano de mi vieja. También lo íbamos a ver y le pasábamos palomas por la ventana. Esas cosas me marcaron", recuerda. 

Asegura no saber por qué su padre estuvo preso en Melincué, Santa Fe. Pero tiene un recuerdo muy claro del momento en el que, aquel hombre con el que nunca más tuvo contacto, abandonó la cárcel: "Cuando salió al principio todo era re lindo, y después el tipo era un monstruo. Nos cagaba a palos. Fue la única persona a la que llegué a odiar.  Hablaba solo, subía la tele a todo volumen a las cinco de la mañana. Le pegó mal estar tanto tiempo en cana, se terminó limando. Tendría que haber estado internado, como mínimo. Yo también me volvería loco. No por tener que agarrarme a las puñaladas, sino por estar encerrado". 

Así, David terminaba su adolescencia. Y así, tuvo que salir a las calles. A las veredas donde lo recibieron el rock y la cumbia. Veredas en las que -admitirá más tarde – su tío fue asesinado por el botín de un robo. El mismo tío que le acercó una canción de Los Pericos que aún hoy escucha: Sin cadenas.

"La cumbia fue algo muy lindo para mí, porque había talento, no era el mismo circuito de hoy. No me gusta el circuito que hay ahora. Sentía que representaba a los pibes con los que me juntaba todos los días. Mostraba una realidad que en el rock no la mostraban. Tenías que recurrir al punk o algo así. No me gusta el circuito actual de cumbia porque ni siquiera hacen sus temas. Hay muy poca originalidad. Siempre escucho algo nuevo que me gusta, pero no muy seguido", recuerda. 

"Me gusta mucho la salsa, son géneros que tienen su rima, igual que los payadores. Lo veo como una poesía. Al tango lo veo muy parecido al hip hop", agrega luego sobre sus gustos musicales. 

 

La muerte en las calles del dolor

Antes de pisar un estudio de televisión, David ya había aparecido en los noticieros. Exigía el esclarecimiento de un crimen.  El 29 de enero de 2012 a las 6 de la mañana, en la puerta del local bailable 'Blue Diamond Chicharrón', ubicado en Sarandí­ 1338, se produjo un tiroteo en el que Murió Rodrigo Ali Bacre del Ojo. "Nunca conocí a alguien como él, aprendí mucho, era un señor", dice Big Deiv sobre su amigo, que fue asesinado mientras el primer disco cobraba forma y, por eso, hay una canción en su memoria: "Life is too short".

"Eran transas y estaba todo pago con el boliche, y lo mataron a tiros. Ese día yo iba a ir a bailar y me quedé dormido con la campera. Cuando me desperté me vinieron a tocar el timbre y no lo podía creer. Desde chico, vi a mucha gente morir", dice.

Tiempo después del crimen de Rodrigo, mientras preparaba el segundo disco, la muerte volvió a visitar su esquina. El 25 de mayo de 2015, Renzo Segundo Teseyra cayó abatido en el pavimento de Constitución. Tenía dos tiros en el tórax. En aquella ocasión, los vecinos también denunciaron un crimen con sello narco. Y David cuenta: "Renzo decía 'a mi me quieren matar, pero no me importa, que me vengan a buscar'. Lo decía todos los días, ya sabía que lo querían matar. Era una persona muy buena, tenía sus cosas de pibe de la calle que estuvo mucho tiempo preso. Pero si vos eras bueno, él era bueno".

"Yo me crié en esa esquina donde mataron a Renzo y en la cuadra donde mataron a Rodrigo", dice Big Deiv, mientras intenta explicar de dónde viene ese dolor en la voz y en las letras. Ese llanto transformado en poesía por el que hoy, aunque no le importe, lo reconoce todo el país.

Pese a que la pregunta fue formulada una y otra vez, nunca se mostrará interesado por saber quién lo escucha más allá de "los pibes del barrio" y sus "amigos presos". Así, intenta mantener la magia que acarició en sus primeras canciones. Mientras narra las historias del vecindario, nunca olvida una aclaración: "En Constitución hay un montón de gente buena".

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Los inicios y la historia de Saúl

Es inevitable hablar de la carrera musical de David sin hablar de Saúl Berdichevsky, su abuelo paterno: "Cuando empecé, grababa con un micrófono de 20 pesos, no conocía ningún estudio. Antes de morir, mi abuelo Saúl me compró una computadora. Dijo que siempre me la había querido regalar. Con esa computadora grabé mis primeros temas. Tal vez, si no tenía esa computadora, terminaba siendo un guacho más de Constitución que va a buscar trabajo y no se lo dan por el lugar en el que vive".

En este punto, los primeros recuerdos también son acordes: "Mi abuelo escuchaba mucho tango, y tenía cosas que me hicieron como persona. Me enseñó muchas cosas. En los trenes y colectivos se subían muchos vendedores ambulantes y él no era una persona que tenía plata. Pero, cuando subían, compraba algo de cada vendedor. Yo preguntaba por qué, y él decía que era para ayudarlos, porque estaban trabajando".

A Big Deiv, la vida lo obligó a escuchar durante años los tangos de su abuelo. Las enseñanzas, que en un primer momento no entendía, pero que luego le sirvieron. Mientras tanto, por otro lado, el tiempo le guardaba una sorpresa: "Una vez, en un recital en la villa Ciudad Oculta, de Lugano, me bajé del escenario y vino un pibe y me dijo que acababa de salir de estar en cana y me dijo que escuchó mis temas en la cárcel. Y yo me siento mejor cuando se ceba esa gente de la villa que nunca escuchó hip hop, que cuando se ceba un pibe de 15 años que, realmente, no entendió lo que quise decir".