
En el mundo de los apasionados por la actividad física, las rutinas de alta exigencia en períodos cortos son de las más difíciles de realizar y sostener. La fórmula mágica de entrenar fuertemente y disfrutar a la vez no existe, sino que depende más de la capacidad y resistencia personal. Sin embargo, el secreto para olvidar el dolor parece estar en una costumbre cotidiana entre quienes se someten a los ejercicios físicos.
Según un estudio de la Universidad de McMaster, de Canadá, las sesiones de intervalos tan temidas pueden ser más llevaderas si se efectúan mientras se escucha música. Tras analizar la percepción del esfuerzo voluntario durante las sesiones de sprint, los científicos llegaron a la conclusión de que las canciones contribuyen a liberar endorfinas, haciendo que el ejercicio de alta intensidad sea una experiencia más agradable.
Las pruebas incluyeron a 20 jóvenes físicamente activos y sin experiencia previa en sesiones de intervalos. Tras una sesión exigente y un exhaustivo cuestionario, los investigadores determinaron que ejercitarse acompañado de los temas favoritos mejoró la sensación de placer durante estas sesiones, y también generó más probabilidades de repetir este tipo de actividad en el futuro atleta, incluso para las personas que hacían ejercicio de alta intensidad por primera vez.

De acuerdo con Mateo Stork, líder de la investigación, "estos resultados indican que el entrenamiento de alta intensidad no puede ser tan mal visto por la mayoría de la gente como algunos expertos habían predicho". El especialista dijo que actualmente están trabajando para ampliar el estudio, involucrando diferentes tipos de personas y de programas de intervalos.
Este efecto positivo de la música, y de las canciones adecuadas en especial, no es el primero conocido, ya que es sabido que puede actuar como una inyección de energía en la cúspide de los entrenamientos. Pero además, según publicó el Indian Journal of Physiology and Pharmacology, también ayuda a recuperar el esfuerzo porque este acto eleva los niveles de serotonina y dopamina que intervienen en ella.
"La música tiene un efecto motivante, pero no funciona para todos igual, depende de la persona. Hay personas que lo necesitan, que el ritmo los ayuda a moverse, mientras que para otros es más secundario, donde lo utilizan más como medio", explicó a Infobae Claudia Lescano, licenciada en alto rendimiento y preparadora física.
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