Esta noche llegan las Táuridas del Sur: cuándo y cómo ver estrellas fugaces y posibles bolas de fuego

Las observaciones en el hemisferio Sur alcanzarán sus máximos entre el 5 y el 12 de noviembre, con poca luz lunar y una oportunidad poco frecuente para observar meteoros

Silueta de una persona de pie en un terreno oscuro, mirando hacia un cielo nocturno repleto de múltiples estelas de luz brillante de meteoros que caen en diagonal.
Las Táuridas del Sur alcanzan su máximo entre el 4 y el 5 de noviembre, con una oportunidad favorable para detectar meteoros y bólidos (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La primera semana de noviembre abre una de las ventanas astronómicas más particulares del año: las Táuridas del Sur llegan a su máximo durante la noche del 4 y la madrugada del 5 de noviembre, con la posibilidad de que aparezcan bólidos, los meteoros de gran brillo que destacan sobre las estrellas fugaces habituales.

Una semana después, entre la noche del 11 y la madrugada del 12, llegará el turno de las Táuridas del Norte. El fenómeno no se mide por la cantidad de destellos que concentra en una hora. En un cielo muy oscuro, la previsión ronda los cinco meteoros por hora para cada rama.

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Sin embargo, las Táuridas poseen una cualidad que compensa esa frecuencia moderada: algunas partículas generan trazos amplios, lentos y luminosos, visibles durante varios segundos. En casos aislados, su brillo supera al de Venus y transforma por un instante una noche común en una escena de observación memorable.

Infografía con ilustraciones de meteoros, esquemas orbitales, pautas de visión nocturna y textos explicativos sobre las Táuridas.
Una infografía de Infobae detalla las fechas clave, la frecuencia y las pautas de observación de las lluvias de meteoros Táuridas del Sur y del Norte en noviembre. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La novedad de noviembre de 2026 radica en la combinación de dos máximos cercanos y una Luna poco invasiva. La Luna Nueva ocurrirá el 9 de noviembre, de modo que su iluminación interferirá poco con las noches que rodean ambos picos. Esa condición favorece la detección de meteoros débiles, aunque el atractivo principal de esta lluvia está en los fragmentos de mayor tamaño, capaces de producir bolas de fuego.

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Las dos ramas podrán verse desde ambos hemisferios. En el hemisferio sur, el primer máximo coincide con la noche del 4 de noviembre y la madrugada siguiente. Cada región tendrá sus propias condiciones de nubosidad, horizonte y contaminación lumínica, factores que pueden definir la experiencia más que la fecha exacta del máximo.

Un observador bajo un cielo despejado y alejado de las ciudades tendrá más posibilidades que otro situado en una zona urbana durante el punto teórico de mayor actividad.

El cometa Encke dejó una corriente de polvo que la Tierra cruza cada año

El cometa 2P Encke deja una corriente de partículas que la Tierra atraviesa cada año, ese material genera las lluvias de meteoros Táuridas (RS)
El cometa 2P Encke deja una corriente de partículas que la Tierra atraviesa cada año, ese material genera las lluvias de meteoros Táuridas (RS)

El origen del espectáculo está vinculado al cometa periódico 2P/Encke, un objeto de hielo y polvo de unos 4,8 kilómetros de diámetro. El cometa tarda alrededor de 3,3 años en completar una vuelta alrededor del Sol. En cada paso libera partículas que quedan distribuidas a lo largo de su órbita, como una estela de restos que persiste en el espacio interplanetario.

La Tierra cruza esa región de residuos cada año entre septiembre y diciembre. Cuando un grano de polvo, una partícula mineral o un fragmento de tamaño similar al de un guijarro entra en contacto con la atmósfera, la fricción y la compresión del aire elevan su temperatura. El material se vaporiza y excita los gases de las capas altas de la atmósfera. Desde el suelo, ese proceso aparece como una línea luminosa: un meteoro o estrella fugaz.

Los meteoros de esta lluvia entran en la atmósfera a velocidades de hasta 104607 kilómetros por hora, por eso dejan destellos visibles
 -  crédito Freepik
Los meteoros de esta lluvia entran en la atmósfera a velocidades de hasta 104607 kilómetros por hora, por eso dejan destellos visibles - crédito Freepik

Las partículas asociadas a las Táuridas ingresan a una velocidad aproximada de 27 a 29 kilómetros por segundo, equivalente a cerca de 104.607 kilómetros por hora.

Es una rapidez considerable, pero menor que la de otras lluvias conocidas. Por eso sus meteoros parecen avanzar con más calma que los de las Perseidas o las Leónidas. Esa apariencia permite seguir mejor su trayectoria y distinguir el color, la longitud del rastro o el posible destello final.

La corriente se divide en dos grupos principales. Las Táuridas del Sur permanecen activas desde el 20 de septiembre hasta el 20 de noviembre y presentan dos repuntes anuales. El primero ocurrió el 14 de octubre. El segundo se concentra ahora, en torno al 5 de noviembre, y suele asociarse con una mayor probabilidad de bólidos.

Las Táuridas del Norte, en cambio, se extienden desde el 20 de octubre hasta el 10 de diciembre y alcanzarán su máximo cerca del 12 de noviembre.

La lluvia de estrellas fugaces se presenta cada año y alcanza su máximo en agosto (Foto: UNAM)
Las Táuridas ofrecen cerca de cinco meteoros por hora bajo condiciones ideales, aunque algunos fragmentos producen bólidos de gran brillo (Foto: UNAM)

La división no implica que cada rama ocupe una zona totalmente distinta del firmamento. Ambas parecen partir de un mismo punto de perspectiva, llamado radiante, ubicado en la constelación de Tauro.

El radiante no constituye una fuente física de meteoros: marca la dirección desde la cual parecen expandirse por efecto de la geometría. Las partículas recorren trayectorias paralelas, pero la perspectiva terrestre hace que sus rastros parezcan nacer en un área común del cielo.

Los meteoros también son conocidos como estrellas fugaces.
Los bólidos de las Táuridas pueden superar el brillo de Venus, sus rastros luminosos permanecen visibles durante varios segundos (Sky&Telescope)

Este detalle explica una de las reglas más útiles para observar la lluvia. Conviene ubicar Tauro para orientarse, aunque no resulta recomendable fijar la mirada sobre el radiante. Los meteoros que aparecen cerca de ese punto se dirigen casi de frente hacia el observador y dejan líneas cortas. A cierta distancia, sus trayectorias cruzan una porción mayor del cielo y muestran estelas más largas, por lo que resultan más fáciles de identificar.

Los bólidos son el aspecto que distingue a las Táuridas dentro del calendario anual. Un meteoro común procede de partículas diminutas, a veces menores que un grano de arena. Los fragmentos más grandes contienen más masa y liberan más energía al atravesar el aire. El resultado puede ser una luz intensa, de tonalidad blanca, amarilla, anaranjada o verdosa, según su composición química y la interacción con los gases atmosféricos.

Un bólido no representa peligro para quienes observan desde la superficie. La desintegración ocurre a gran altura, por lo general a decenas de kilómetros sobre el suelo.

Algunos dejan una estela persistente que permanece visible unos segundos después del paso inicial. Otros terminan con un destello breve cuando el fragmento se rompe. La presencia de estas piezas mayores también alimenta el interés científico por la corriente de Encke y por la estructura de los enjambres de polvo que cruzan la órbita terrestre.

La oscuridad del cielo y la paciencia definen la observación de los máximos

El radiante de las Táuridas se ubica en la constelación de Tauro, aunque las estrellas fugaces pueden aparecer en cualquier sector del cielo (Foto: AFP)
El radiante de las Táuridas se ubica en la constelación de Tauro, aunque las estrellas fugaces pueden aparecer en cualquier sector del cielo (Foto: AFP)

La mejor estrategia no exige instrumentos ni conocimientos técnicos avanzados. Los telescopios y los prismáticos limitan demasiado el campo visual, justo lo contrario de lo que necesita una lluvia de meteoros. La observación debe realizarse a simple vista, con una vista amplia del firmamento y sin obstáculos como edificios, árboles o montañas que tapen el horizonte.

La segunda mitad de la noche suele ofrecer condiciones favorables. Hacia la medianoche, el radiante de Tauro gana altura sobre el sector sureste, y la Tierra presenta al cielo nocturno la cara que avanza en su recorrido orbital. Esa disposición incrementa la probabilidad de que las partículas entren en la atmósfera frente al planeta. Las horas previas al amanecer también pueden ofrecer buenos resultados, siempre que el cielo permanezca despejado.

El primer paso consiste en alejarse de las luces artificiales. Faroles, carteles, pantallas y alumbrado urbano reducen el contraste del cielo y ocultan los meteoros menos brillantes. Un parque periférico, una zona rural o una playa con horizonte abierto pueden servir, siempre que el lugar sea seguro. También resulta útil consultar el pronóstico meteorológico y elegir una noche sin nubosidad extensa.

La adaptación visual requiere entre 20 y 30 minutos. Durante ese lapso, los ojos aumentan su sensibilidad a la oscuridad y permiten distinguir más estrellas y meteoros tenues. La pantalla del teléfono interrumpe ese proceso, sobre todo si emite luz blanca intensa. Si resulta necesario consultar una aplicación astronómica, conviene reducir el brillo al mínimo o activar un filtro rojo para preservar la visión nocturna.

Un meteoro o estrella fugaz es un fragmento que atraviesa la atmósfera pero no impacta la superficie.
La segunda mitad de la noche ofrece una buena ventana de observación, cuando la constelación de Tauro gana altura en el cielo nocturno (Sky&Telescope)

Una cámara fotográfica con exposición prolongada puede registrar trazos que el ojo no retiene en detalle, aunque no sustituye la observación directa.

Para quienes busquen imágenes, un trípode, un objetivo angular y un disparador remoto ayudan a cubrir una porción amplia del firmamento. Aun así, no existe garantía de que un bólido atraviese el encuadre. La fotografía de meteoros depende de la preparación, el azar y la continuidad de las tomas.

Las noches posteriores a cada máximo también merecen atención. La actividad de las Táuridas se prolonga durante semanas y el momento exacto de mayor número de meteoros puede variar según la distribución de partículas dentro de la corriente.

El 5 y el 12 de noviembre funcionan como referencias centrales, pero no como únicas fechas posibles. Cualquier noche despejada de este período puede ofrecer una estrella fugaz lenta o un bólido sobre el cielo de Tauro.

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