Por qué el aumento del cortisol no necesariamente representa un obstáculo para la fertilidad

Una revisión sistemática analizó los cambios hormonales durante los ciclos ováricos de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces. Los resultados abren nuevas preguntas sobre los mecanismos biológicos que intervienen en la reproducción

Dibujo a mano alzada con tres colores: manos en tono piel sostienen un útero brillante y azul rodeado de iconos tecnológicos sobre un fondo gris claro.
Una revisión sistemática publicada en Journal of Experimental Biology determinó que el cortisol cumple una función normal en los ciclos reproductivos femeninos (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Durante décadas, la comunidad científica trató al cortisol como un enemigo de la reproducción. La idea era sencilla y, en apariencia, lógica: esta hormona, asociada popularmente al estrés, suprimía la fertilidad cuando sus niveles se disparaban. Esa lectura, sin embargo, era incompleta.

Una revisión sistemática a gran escala, liderada por la Universidad La Trobe de Australia con participación de investigadores de Estados Unidos y Canadá, llegó a una conclusión que obliga a replantear ese supuesto: lejos de obstaculizar los ciclos reproductivos femeninos, el cortisol parece ser una parte normal, y probablemente necesaria, de su funcionamiento. Los resultados fueron publicados en la revista Journal of Experimental Biology.

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Las consecuencias prácticas del hallazgo se extienden por terrenos muy distintos: la medicina reproductiva humana, la ganadería y la conservación de animales en peligro de extinción comparten el mismo problema de fondo, la infertilidad, y podrían beneficiarse por igual de una comprensión más precisa del rol que esta hormona cumple en el organismo.

Infografía con una molécula química sobre un óvulo, curvas estadísticas, siluetas de animales y recuadros de texto sobre fondo claro.
El equipo científico examinó casi 70 investigaciones sobre mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces para identificar patrones hormonales en el ciclo ovárico (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cortisol aumenta durante la ovulación en la mayoría de las especies estudiadas

Para llegar a esa conclusión, el equipo revisó casi 70 investigaciones sobre mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces, con el objetivo de identificar patrones naturales de la hormona a lo largo del ciclo ovárico. El 73% de los estudios registró un cambio significativo en sus niveles durante ciclos saludables, con picos que coincidían con frecuencia con el momento de la ovulación, lo que sugiere que esos aumentos no son una anomalía sino una regularidad biológica.

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La clave para entender el hallazgo está en la categoría a la que pertenece esta hormona. El cortisol integra la familia de los glucocorticoides, sustancias que el cuerpo produce ante distintos tipos de demanda fisiológica: el estrés emocional, el ejercicio, el ayuno o, como ahora propone esta investigación, los propios procesos reproductivos. Bajo esa lógica, que sus niveles se eleven durante la ovulación no sería una señal de alarma, sino una respuesta esperable del organismo.

Un óvulo azul central rodeado de anillos entrelazados con fórmulas químicas en tonos azules y dorados sobre un fondo oscuro.
El 73% de los trabajos revisados constató picos de cortisol que coincidieron con la fase de la ovulación en ciclos saludables (Imagen Ilustrativa Infobae)

La doctora Kerry Fanson, directora del Laboratorio de Conservación de Vida Silvestre y Endocrinología Reproductiva de La Trobe University y autora principal del trabajo, fue quien sintetizó el hallazgo en el comunicado institucional: los resultados “desafían la visión simplista de que los niveles elevados de cortisol siempre suprimen la reproducción” y señalan, en cambio, que la hormona “es una parte normal y de apoyo de los ciclos reproductivos femeninos saludables”.

La infertilidad, un problema que afecta a humanos, animales de granja y especies en peligro

Aunque el estudio no incluyó directamente a seres humanos, sus autores sostienen que los principios hallados son aplicables a nuestra especie. “La infertilidad es un problema enorme en todo el espectro, no solo para los humanos: es importante para personas como los productores lecheros que quieren saber por qué sus vacas no quedan preñadas, o para ayudar a la supervivencia de especies en peligro de extinción”, afirmó Fanson en el comunicado institucional.

Una mujer con bata blanca y guantes utiliza un microscopio frente a un monitor con gráficos y una mesa con frascos y pipetas.
Los resultados aportan aplicaciones prácticas para la medicina reproductiva humana, la ganadería lechera y la conservación de especies en peligro de extinción (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cortisol no es una hormona exclusiva de ninguna especie: su presencia y función a través de grupos tan distintos del reino animal, desde peces hasta mamíferos, sugiere que su vínculo con la reproducción podría ser un mecanismo conservado a lo largo de la evolución, una estrategia que la naturaleza mantuvo durante millones de años porque resultó útil.

Reconocer al cortisol como parte de la fertilidad puede transformar los tratamientos

Si la hormona sube de forma natural durante el ciclo ovárico, tratarla sistemáticamente como una señal de alarma pudo haber llevado a diagnósticos imprecisos y a tratamientos que dejaron fuera una pieza fundamental del equilibrio hormonal.

Para ilustrar la magnitud del cambio conceptual que implica el estudio, Fanson recurrió a una analogía: “Imaginen tratar la diabetes sin saber que la insulina estuviera implicada”, afirmó en el comunicado de prensa. “Al reconocer que el cortisol desempeña un papel importante en la reproducción, se crean nuevas oportunidades para diagnosticar y tratar problemas reproductivos”, agregó.

La investigación fue codirigida con la profesora asistente Phoebe Edwards, del Departamento de Ecología, Evolución y Biología Organísmica de la Universidad Estatal de Iowa, con la colaboración de Gabriela Mastromonaco, del área de Ciencias Reproductivas del Zoo de Toronto.

Según se detalla en el trabajo, los investigadores subrayan que incorporar esta variable en los estudios de reproducción abre la posibilidad de mejorar tanto los resultados clínicos en humanos como los programas de conservación de fauna silvestre.

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