Cómo inciden la alimentación y el microbioma en la respuesta del organismo a la vacunación

La dieta, las bacterias intestinales y el estado metabólico son factores que pueden modificarse de cara a una inmunización, advierte un reciente estudio

Brazo humano con un parche adhesivo del cual salen partículas luminosas hacia una representación gráfica de un intestino con bacterias.
Un estudio publicado en la revista Science vinculó la microbiota intestinal con la intensidad de la fiebre posterior a recibir vacunas de ARN mensajero (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La composición de la microbiota intestinal podría ayudar a explicar por qué algunas personas desarrollan fiebre después de recibir vacunas de ARN mensajero, mientras otras atraviesan la inmunización con molestias leves o sin síntomas relevantes. Un estudio publicado en la revista Science halló una relación entre ciertas bacterias intestinales, la inflamación previa y la intensidad de esa reacción.

La investigación, publicada en Science (el 8 de octubre), analizó a 171 adultos sanos antes y después de recibir una vacuna de ARNm contra el SARS-CoV-2. Los científicos evaluaron la temperatura corporal, marcadores inmunitarios en sangre y las especies presentes en el intestino para identificar factores asociados a la aparición de fiebre.

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Los resultados sugieren que el estado de la microbiota antes de la vacunación puede influir en la respuesta inflamatoria posterior. El trabajo no indica que estas bacterias reduzcan la seguridad ni la eficacia de las vacunas, sino que podrían incidir en uno de sus efectos secundarios transitorios.

La flagelina aparece asociada a una respuesta febril más intensa

El estudio, liderado por Kelsey Huus, investigadora de la Escuela de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Ottawa, puso el foco en la flagelina, una proteína que forma parte de los flagelos con los que se desplazan algunas bacterias.

El sistema inmunitario puede reconocer esa proteína como una señal de amenaza. Esa detección favorece una inflamación leve en el intestino y, según los datos recogidos, parece preparar al organismo para una reacción más marcada cuando recibe una vacuna de ARN mensajero.

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Primer plano de una mano morena sosteniendo un termómetro digital que marca 38.9°C, con una mujer latina borrosa en cama al fondo.
La proteína flagelina genera una inflamación leve en el intestino que prepara al organismo para una reacción febril más marcada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las personas con una mayor expresión intestinal de flagelina tendieron a presentar episodios de fiebre más intensos tras la vacunación. El mismo patrón se observó en participantes que ya mostraban indicadores de inflamación intestinal antes de la dosis.

La fiebre posterior a una vacuna suele interpretarse como parte de la activación del sistema inmunitario. Sin embargo, su intensidad no es uniforme y puede condicionar las actividades diarias de algunas personas durante uno o dos días.

Las Lachnospiraceae combinan funciones protectoras y potencial inflamatorio

Entre los grupos bacterianos analizados figura la familia de las Lachnospiraceae, una de las más frecuentes tanto en la microbiota humana como en el sistema digestivo de herbívoros. Estas bacterias participan en la degradación de fibras vegetales y producen compuestos como el butirato y el acetato.

Esos ácidos grasos de cadena corta alimentan a las células del intestino y se asocian con efectos protectores para la salud del colon. Por esa razón, las Lachnospiraceae suelen considerarse parte de una microbiota beneficiosa.

No obstante, el estudio plantea que algunas especies de esa familia pueden fabricar más flagelina que otras. La presencia de bacterias consideradas favorables no implica que todas generen la misma respuesta inmunitaria, ya que su efecto depende de las especies concretas, de su actividad y del contexto del organismo.

Vista interna de un tubo intestinal de color rosado con bacterias en forma de bastón de colores verdes, azules y rojos con flagelos.
La familia Lachnospiraceae figura entre las bacterias más frecuentes en la microbiota humana y en el sistema digestivo de los herbívoros (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según publicó National Geographic, el hallazgo añade elementos para comprender la relación entre la ecología intestinal y reacciones que se producen fuera del aparato digestivo, como la fiebre después de una inmunización.

La dieta podría modificar el entorno intestinal antes de la vacunación

Los autores también observaron diferencias vinculadas con la alimentación. Dentro de la cohorte estudiada, las personas que seguían dietas con mayor presencia de alimentos vegetales tendían a registrar menores niveles de inflamación intestinal.

Los experimentos en ratones reforzaron esa hipótesis. Cuando los investigadores modificaron la alimentación de los animales hacia un patrón más vegetal, cambió su microbiota y disminuyó la intensidad de la fiebre en comparación con los controles.

La investigación no demuestra que una dieta concreta evite la fiebre ni propone cambios alimentarios como recomendación médica antes de vacunarse. El número de participantes fue limitado y serán necesarios estudios de mayor tamaño, con poblaciones diversas, para confirmar la asociación y establecer sus mecanismos.

Mujer sosteniendo un bol de ensalada variada. Sobre su abdomen, ilustración digital de intestinos luminosos con microorganismos. Mesa de madera con lácteos.
Las personas que seguían dietas con mayor presencia de alimentos vegetales registraron menores niveles de inflamación intestinal (Imagen Ilustrativa Infobae)

El avance llega en un momento de expansión de las vacunas de ARN mensajero, una tecnología que se consolidó durante la pandemia de COVID-19 y que se aplica a nuevos desarrollos contra otras enfermedades infecciosas. En agosto de 2026, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprobó MFlusiva, la primera vacuna antigripal basada en esta plataforma para mayores de 50 años.

La respuesta febril no alteró la producción de anticuerpos

Los investigadores subrayaron que las diferencias en inflamación intestinal y fiebre no afectaron la producción de anticuerpos posterior a la vacunación. Por tanto, los resultados no apuntan a que la composición bacteriana vuelva las vacunas menos eficaces.

El inmunólogo de la Universidad de Stanford, Bali Pulendran, quien escribió un comentario sobre el estudio, sostuvo que la alimentación, la ecología microbiana y el estado metabólico pueden modificarse. “Es posible que algún día las personas se preparen para la vacunación con el mismo cuidado con el que se formula la propia vacuna”, señaló, según recogió National Geographic.

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