
Durante décadas, algunos fósiles hallados en Tanzania ocuparon un lugar central en el debate sobre el origen de los dinosaurios. Las capas de roca que los albergan parecían más antiguas que otras formaciones con restos similares, por lo que ofrecían una posible ventana hacia las primeras etapas de esa historia evolutiva.
Un nuevo estudio propone ahora una revisión de esa cronología a partir de un animal que no era un dinosaurio: un gran herbívoro emparentado de forma lejana con los mamíferos.
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La clave está en Dinodontosaurus isiyavamanda, una especie descrita a partir de fósiles africanos de unos 240 millones de años, dentro del período Triásico. Su presencia en Tanzania establece una conexión directa con depósitos de Sudamérica, donde el género Dinodontosaurus ya era conocido. Esa coincidencia permite comparar las edades de ambos conjuntos de rocas con mayor precisión y debilita la hipótesis que situaba a Tanzania como escenario de los fósiles candidatos a dinosaurios más antiguos.

El hallazgo fue publicado en Journal of Vertebrate Palaeontology por un equipo internacional liderado por la Universidad de Bristol, en el Reino Unido. La investigación no desplaza por sí sola el origen de los dinosaurios a otro continente ni resuelve todas las incógnitas sobre el grupo. Sin embargo, modifica el marco temporal con el que los paleontólogos interpretan varios yacimientos del Triásico, una época marcada por la recuperación de la vida tras una gran extinción y por la diversificación de linajes que después dominaron los ecosistemas terrestres.
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Los investigadores identificaron la nueva especie dentro de los dicinodontes, un grupo de sinápsidos herbívoros. Los sinápsidos forman parte de la rama evolutiva que incluye a los mamíferos, aunque los dicinodontes no eran mamíferos ni antepasados directos de las especies actuales. Poblaron distintos ambientes antes del auge de los dinosaurios y destacaron por sus cuerpos robustos, su dieta vegetal y, en varios casos, por estructuras semejantes a colmillos.
La noticia adquiere relevancia por el lugar de procedencia de los restos. Las rocas que preservaron a Dinodontosaurus isiyavamanda también aportaron fósiles que algunos especialistas consideraron posibles dinosaurios muy tempranos. Hasta ahora, la edad de esos depósitos se apoyaba en parte en comparaciones con formaciones de Sudáfrica, clasificadas dentro del Triásico Medio. El nuevo vínculo con Sudamérica modifica esa referencia.
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El vínculo con Sudamérica cambia la lectura de las rocas de Tanzania

El género Dinodontosaurus solo contaba con registros confirmados en Sudamérica. La identificación de la especie africana extiende su distribución a África oriental y aporta una pieza geológica de gran valor. En el Triásico, los continentes actuales formaban parte de Pangea, una enorme masa continental. África y Sudamérica todavía permanecían unidas, lo que facilitaba el desplazamiento de animales por territorios hoy separados por el océano Atlántico.
Esta conexión no implica que cada fósil de ambos continentes tenga la misma edad exacta. Sí ofrece una herramienta para correlacionar secuencias de roca que comparten fauna relacionada. Si un mismo género aparece en estratos de Tanzania y Sudamérica, los científicos pueden contrastar esos depósitos y ajustar la fecha asignada a cada uno con nuevos datos geológicos.
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Las dataciones radiométricas recientes en Sudamérica resultan decisivas en este punto. Este método calcula la antigüedad de una roca a partir de la desintegración de elementos radiactivos presentes en sus minerales.
Según el estudio, las capas sudamericanas vinculadas con Dinodontosaurus son hasta 10 millones de años más jóvenes que las formaciones sudafricanas que antes servían como comparación principal para Tanzania.

Esa diferencia temporal parece amplia en una escala humana, pero representa un tramo relevante en la evolución de los vertebrados del Triásico. Durante millones de años, los ecosistemas cambiaron con rapidez: se extinguieron algunos grupos, surgieron otros y varias ramas cercanas a los dinosaurios adquirieron nuevas características. Por eso, una corrección de hasta 10 millones de años puede alterar la posición de un fósil dentro del relato evolutivo.
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Hady George, estudiante de doctorado en la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol y autor principal del trabajo, resumió el alcance de la identificación: “Nuestro descubrimiento constituye el primer registro confirmado del género Dinodontosaurus fuera de Sudamérica. El hallazgo vincula las rocas fosilíferas de Tanzania y Sudamérica, demostrando que tienen una edad equivalente”.
La equivalencia propuesta para las rocas de Tanzania y Sudamérica no sitúa de inmediato todos los fósiles de dinosaurios en una fecha definitiva. Los autores plantean una conclusión más cauta: los candidatos hallados en Tanzania probablemente no superan en antigüedad a los ejemplares sudamericanos. De este modo, el registro tanzano pierde fuerza como prueba de un origen mucho más temprano para los dinosaurios.
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El cambio también obliga a separar dos preguntas que suelen aparecer unidas. Una es cuándo surgieron los primeros dinosaurios; la otra, dónde se preservaron los fósiles más antiguos conocidos o candidatos a serlo. El registro fósil depende de la formación de rocas, de las condiciones de enterramiento, de la erosión y de los hallazgos posteriores. Por esa razón, el lugar que conserva los restos más tempranos no necesariamente coincide con el sitio donde evolucionó por primera vez un linaje.
La revisión propuesta por el equipo se apoya en un fósil que permaneció durante más de medio siglo en una colección de museo. La historia del espécimen ilustra otro aspecto del trabajo paleontológico: los descubrimientos no solo surgen de expediciones recientes. También pueden aparecer en depósitos y colecciones que aguardan un nuevo examen, nuevas técnicas o una pregunta científica diferente.
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Un esqueleto guardado durante seis décadas revela una especie desconocida

En 1963, una expedición británica en el territorio de la actual Tanzania reunió una amplia colección de sinápsidos. Los materiales ingresaron después al Museo de Historia Natural de Londres, donde quedaron bajo resguardo. Parte de ese conjunto recibió estudios, pero varios especímenes conservaron una identificación incompleta o provisional.
El nuevo trabajo examinó un esqueleto que no contaba con descripción formal y un cráneo fragmentario descubierto más tarde. Ambos fósiles pertenecían a dicinodontes. La anatomía de sus huesos permitió asignarlos al género Dinodontosaurus, mientras que ciertos rasgos los diferenciaron de las especies sudamericanas ya conocidas. El equipo propuso entonces una especie nueva, Dinodontosaurus isiyavamanda.
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El nombre recupera una referencia territorial y cultural de la zona del hallazgo: alude a la tierra del pueblo Wamanda, que habita esa región de Tanzania. La denominación vincula el registro fósil con el lugar donde el animal vivió hace 240 millones de años, cuando el paisaje africano formaba parte de una geografía planetaria muy distinta de la actual.
Mike Day, conservador de tetrápodos no mamíferos del Museo de Historia Natural de Londres, destacó el valor de volver sobre colecciones antiguas: «Este fósil procedente de Tanzania ha estado bajo nuestro cuidado durante más de 60 años, y es maravilloso que su identidad haya salido a la luz. Al revelar que el Dinodontosaurus habitó Sudamérica y África oriental, nos ofrece una visión de nuestro planeta hace 240 millones de años».
La colección muestra que la conservación de especímenes puede sostener investigaciones durante décadas. En 1994, el paleontólogo Nigel Larkin estudió el esqueleto de dicinodonte en una tesis de maestría en el University College London y lo clasificó como una posible especie nueva. La publicación formal demoró casi 30 años, un lapso que permitió sumar especialistas de distintos países y herramientas que no estaban disponibles en los años noventa.
Larkin recordó ese recorrido en una declaración: “Estudié este esqueleto de dicinodonte para mi tesis de maestría en el University College London en 1994 y lo clasifiqué como una especie nueva para la ciencia, pero tardé casi 30 años en comenzar el proceso de redacción para su publicación. Me alegro de haber esperado, ya que el equipo internacional que reunimos, liderado por Hady George, ha hecho un trabajo increíble al desarrollar esta historia con mucho más detalle y profundidad de lo que yo hubiera podido lograr por mi cuenta”.
Las herramientas actuales permitieron observar los fósiles con un nivel de detalle superior. La tomografía microcomputarizada, por ejemplo, permite examinar estructuras internas sin dañar el ejemplar. Para restos frágiles o incompletos, este tipo de análisis ayuda a reconocer rasgos anatómicos que antes quedaban ocultos en el interior de los huesos o bajo sedimentos endurecidos.
Aun así, buena parte del material tanzano de Dinodontosaurus sigue sin una evaluación completa. El interés principal se concentra en el esqueleto postcraneal, es decir, los huesos situados fuera del cráneo. Esos elementos pueden aportar datos sobre el tamaño, la forma de desplazamiento, la postura y las relaciones evolutivas de la especie.
Los próximos estudios compararán esa anatomía con ejemplares de Sudamérica y analizarán la biomecánica de Dinodontosaurus junto con otros dicinodontes emparentados. El objetivo será comprender cómo funcionaban sus cuerpos y de qué forma distintas especies de grandes herbívoros compartían los ecosistemas del Triásico.
Cada hueso pendiente de estudio puede aportar nuevos datos sobre un período en el que el linaje de los mamíferos y el de los dinosaurios todavía competían por el espacio en un planeta sin continentes separados.
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