
El embarazo, la lactancia y las variaciones de peso pueden cambiar el volumen, la forma y la posición de las mamas.
Ante casos de flacidez, exceso de piel o caída de las mamas, los especialistas señalan que hay procedimientos que permiten elevar el tejido y reubicar la areola y el pezón. Sin embargo, aclaran que las modificaciones varían en cada cuerpo, por lo que destacan la importancia de un diálogo fluido entre el profesional y el paciente para conciliar las expectativas con las necesidades médicas de cada caso.
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“Después del embarazo y la lactancia es frecuente que la paciente consulte porque siente que la mama perdió volumen, se vació o quedó más caída. Pero no todas tienen el mismo cambio ni necesitan el mismo tratamiento”, explicó el doctor Juan Manuel Serén (MN 107.174), cirujano plástico, próximo presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires y creador del protocolo ERABAS de Rápida Recuperación en cirugía mamaria.
También precisó que esa percepción no implica una indicación uniforme, porque la anatomía, la calidad de la piel y la cantidad de tejido remanente cambian de una mujer a otra.
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Además, la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos (ASPS) advierte que un embarazo posterior puede alterar o reducir los resultados alcanzados con una operación.
Los cambios en la mama durante el embarazo y la lactancia

Por su parte, la doctora Diana Montoya, subjefa del servicio de Cirugía Mamaria del Hospital Universitario Austral, explicó a Infobae que hay que considerar que la mama durante el embarazo se preparó para tener una lactancia efectiva.
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“Hubo cambios como el aumento de volumen, de peso y de sensibilidad, la hiperpigmentación de las areolas y las venas que se hacen más visibles a través de la piel. Todos esos cambios son normales durante el embarazo y la lactancia. Cuando finaliza este período, estas modificaciones vuelven hacia atrás. Entonces, las mamas van a ir perdiendo tamaño, peso, turgencia, van a estar más flácidas. La pigmentación va a retrogradar. Aun habiendo finalizado la lactancia, puede persistir la salida de un líquido claro por el pezón. Todos estos cambios son normales”, resaltó la especialista.
Y agregó que las mamas tardan entre tres a seis meses en volver a su condición previa y habitual, pero este tiempo es muy personal, depende de cada persona y puede tardar hasta un año. “Yo recomendaría no tomar ninguna decisión en relación a un cambio estético: por lo menos, esperar entre seis meses y un año para evaluar si esas mamas necesitan alguna corrección estética, después de haber pasado el embarazo y la lactancia” señaló la experta.
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El doctor Fernando Felice, cirujano plástico, docente de la Universidad de Buenos Aires y autor del libro “El secreto mejor guardado de la belleza”, explicó a Infobae que después del parto y, especialmente, cuando finaliza la lactancia, comienza un proceso denominado involución mamaria.

“Al disminuir el estímulo hormonal y cesar la producción de leche, gran parte del tejido glandular que había aumentado durante el embarazo y la lactancia reduce nuevamente su volumen. Sin embargo, la envoltura cutánea y los tejidos de sostén que se habían expandido no siempre se retraen en la misma proporción”.
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Por eso, detalló, “algunas mujeres perciben que la mama queda más ‘vacía’, especialmente en el polo superior, mientras que en otras aparece una mayor caída o ptosis. También puede modificarse la forma, la posición del complejo areola-pezón y hacerse más evidentes asimetrías que antes eran mínimas”. También puede ocurrir lo contrario, agregó: “algunas pacientes quedan con un volumen mamario excesivo, asociado a mayor peso, molestias cervicales o dorsales y dificultad para hacer actividad física”.
Además, durante este proceso cambia la relación entre tejido glandular y tejido adiposo, señaló el médico. “Parte del volumen glandular que existía durante la gestación y la lactancia involuciona y posteriormente la composición mamaria vuelve a reorganizarse. Por eso, dos mujeres que tuvieron embarazos similares pueden presentar resultados completamente diferentes”, dijo Felice.
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Y completó: “En definitiva, no es correcto atribuir la caída o pérdida de volumen de la mama simplemente al hecho de haber amamantado. Es el conjunto del embarazo, la expansión glandular, las modificaciones hormonales, la distensión de los tejidos y la posterior involución de la glándula lo que determina el cambio final de la mama”.
El doctor Gastón Berman, director de Publicaciones de la Sociedad Argentina de Mastología, advirtió a Infobae que hay signos puntuales que no deben confundirse con signos esperables del postparto y exigen una evaluación con mastología. Su planteo combina dos alertas: no todo bulto, secreción o inflamación es benigno, y tampoco toda caída de la mama debe leerse de entrada como un problema estético.
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El especialista, que además integra el Departamento de Oncología del Instituto Ángel H. Roffo, ubicó esa consulta entre las más frecuentes del consultorio y señaló que suele generar “mucha angustia” porque los cambios “se ven y se palpan”. En ese marco, precisó que la observación aislada del cuerpo tras el destete puede inducir errores si no se separa lo fisiológico de lo patológico.
Berman fijó además un plazo concreto para evitar decisiones apresuradas: la mama post-lactancia atraviesa una involución glandular, un reacomodamiento de la piel y una estabilización hormonal que puede extenderse entre 6 y 12 meses. Según explicó, lo que una mujer observa a los dos meses del destete no representa todavía el aspecto definitivo.
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Esa doble advertencia ordena el problema de fondo: primero hay que descartar enfermedad y recién después evaluar una eventual corrección quirúrgica. “Ante la duda, siempre es necesario consultar. La mayoría de las veces será un cambio benigno propio de esta etapa, pero la evaluación a tiempo marca la diferencia”, dijo.
Berman detalló que una de las claves es reconocer cuándo un cambio deja de encajar dentro de la evolución habitual del postparto. En esa lista incluyó “un nódulo que persiste” si, a las 2 o 3 semanas de haber terminado la lactancia, se palpa un bulto duro, inmóvil o en crecimiento.
También indicó que debe estudiarse una secreción anormal por el pezón fuera del período de lactancia, en especial si contiene sangre o sale de manera espontánea por un solo orificio. A eso sumó cambios en la piel o en el pezón: retracción nueva, un hoyuelo ausente hasta ese momento, piel con aspecto de cáscara de naranja, enrojecimiento o calor persistente.

El médico agregó otra situación que no debe minimizarse: dolor, calor, rubor e incremento de la temperatura local que no ceden, sobre todo cuando la mujer ya no está amamantando. “No debe asumirse per se como mastitis”, sostuvo. También remarcó como señal de alarma el aumento brusco y asimétrico de una sola mama en poco tiempo.
Qué es la ptosis mamaria
Uno de los cambios que más suele preocupar es la ptosis mamaria, el descenso de la mama y del complejo areola-pezón. Según la American Society of Plastic Surgeons, ese proceso no depende solo del embarazo: también influyen el envejecimiento, la gravedad, la genética, la elasticidad cutánea y las fluctuaciones de peso.
La doctora Montoya explicó que la ptosis mamaria se define como el descenso o la caída del pecho de su posición natural. “Siempre después del embarazo y la lactancia va a haber un grado de ptosis que en parte se recupera al finalizar la misma. Pero la posibilidad de las mamas de volver a su condición previa tiene que ver con algunas condiciones de cada paciente. Por ejemplo, el tiempo de la lactancia, la edad de la paciente, la condición previa de esa mama, si era densa o muy adiposa, si hubo mucho aumento de peso durante el embarazo. Todas esas condiciones pueden afectar el regreso de esa mama a su posición o a su estructura normal al finalizar la lactancia”.
La mastopexia se orienta a corregir esa caída mediante el retiro de piel excedente, la remodelación del tejido y el reposicionamiento de la mama. La elección de la técnica depende del grado de ptosis y de las características de cada paciente, por lo que la valoración médica resulta central antes de definir una indicación.

De acuerdo al doctor Serén, la mastopexia y aumento mamario responden a objetivos distintos. El procedimiento se diseña para elevar y remodelar la mama, no para incrementar de manera marcada su volumen.
El médico explicó que el deseo de “recuperar la mama que tenía antes” no significa de forma automática la necesidad de un implante. La decisión se apoya en cuánto tejido conserva la paciente, cuánto descendió la mama y qué calidad presenta la piel.
En algunos casos puede evaluarse la combinación con implantes. Existen recursos como los implantes ultralivianos, utilizados para trabajar sobre el soporte de los tejidos y buscar mayor estabilidad de la forma obtenida con la cirugía.
“Después de la maternidad no buscamos que todas las mujeres tengan la misma mama. Buscamos que cada paciente pueda recuperar una forma armónica con su cuerpo y acorde con lo que ella quiere”, concluyó el doctor Serén.
El destete no marca el resultado definitivo
Después de la lactancia, la mama todavía puede atravesar cambios de forma y volumen. Ese dato explica por qué el momento de la consulta influye en la indicación: observar la zona antes de que los tejidos se estabilicen podría dificultar una valoración precisa de lo que persiste y de lo que aún puede modificarse.

En la práctica, el embarazo y la lactancia pueden dejar una mama con menos volumen, más piel y una posición más baja, pero esa evolución no es igual en todas las mujeres. La corrección, cuando se considera, depende del tejido disponible, del grado de descenso y del objetivo buscado, no de un esquema único para todas las pacientes.
La posibilidad de futuros embarazos también forma parte de la evaluación. La American Society of Plastic Surgeons indicó que los cambios propios de una nueva gestación podrían alterar el resultado conseguido, un dato que conviene contemplar antes de decidir una intervención si existe un embarazo próximo en el corto plazo.
En ese sentido, la doctora Montoya destacó: “Es importante considerar si ya se ha finalizado el deseo de paridad, porque, si se programa una corrección mamaria y después se desea tener más hijos, esa mama se va a volver a ver afectada y se puede perder la efectividad del resultado estético”.
Qué puede mejorar y qué no una cirugía mamaria posparto
La Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires indicó que la cirugía deja cicatrices porque requiere retirar piel y remodelar la mama. Su extensión cambia de acuerdo con el grado de descenso y con la cantidad de tejido cutáneo que debe extirparse.
Los diseños quirúrgicos pueden ir desde una incisión alrededor de la areola hasta una línea vertical o una cicatriz en T invertida. El aspecto final tampoco se define de inmediato, ya que su evolución continúa durante los meses posteriores y depende, entre otros factores, de la respuesta individual de cada paciente.

¿Qué puede mejorar y qué no una cirugía mamaria posparto? El doctor Felice afirmó que “la cirugía puede mejorar muchísimo la forma, el volumen, la simetría y la posición de las mamas, pero es fundamental entender que no existe una cirugía capaz de ‘volver exactamente a la mama que había antes del embarazo’”.
El especialista detalló que cuando falta volumen puede indicarse un implante mamario de silicona, transferencia de grasa o una combinación de técnicas. “Si existe caída, muchas veces es necesario realizar una mastopexia, es decir, reposicionar la mama y el complejo areola-pezón. Si hay exceso de volumen, puede plantearse una reducción mamaria. La elección depende de la anatomía de cada paciente y no de una técnica estándar”.
También describió cuáles son los límites. “La cirugía deja cicatrices, aunque intentemos hacerlas lo menos visibles posible; puede existir cierta asimetría residual porque ninguna persona es perfectamente simétrica; la mama seguirá envejeciendo y sufriendo los efectos de la gravedad, los cambios hormonales y las variaciones de peso. Además, la cirugía no puede garantizar una sensibilidad idéntica a la previa ni asegurar en todos los casos la capacidad futura de lactancia, especialmente cuando se realizan procedimientos que movilizan o reducen el tejido mamario”, advirtió el especialista.
Qué conversar con el médico antes de una cirugía estética de mamas

El doctor Felice afirmó que la primera conversación debería centrarse menos en “qué operación quiero” y más en “qué resultado quiero conseguir y qué técnica es la más segura para mi anatomía”.
El experto enumeró varios puntos:
- Haber terminado la lactancia y permitir que la mama se estabilice antes de operarse. En general conviene esperar al menos 6 meses después del destete (mínimo 3 meses), porque el volumen y la estructura mamaria siguen modificándose durante un tiempo.
- Tener un peso relativamente estable.
- Conversar sobre futuros embarazos, porque pueden modificar el resultado.
- Evaluar antecedentes personales y familiares de cáncer de mama y otras enfermedades mamarias.
- Realizar los estudios mamarios correspondientes según la edad, los antecedentes y el examen clínico —ecografía, mamografía u otros estudios cuando estén indicados—.
- Analizar el tipo de cirugía, la localización de las cicatrices, la posibilidad de cambios de sensibilidad y el impacto potencial sobre futuras lactancias.
- Si se utilizan implantes, conversar sobre el tipo, tamaño, ubicación, controles posteriores y la necesidad de seguimiento a largo plazo.
- Entender que si bien es una cirugía estética, no deja de ser una cirugía y requiere un reposo y cuidados post operatorios.
- Revisar medicación, tabaquismo, antecedentes de trombosis, enfermedades crónicas y cualquier factor que pueda aumentar el riesgo quirúrgico.

El doctor Felice destacó: “Es fundamental diferenciar expectativa de perfección. Una buena cirugía no busca crear una mama artificialmente perfecta, sino conseguir una mama proporcionada, armónica, segura y coherente con el cuerpo de esa paciente”.
Finalmente, el médico recomendó no tomar la decisión de operarse con apuro ni como respuesta a una presión estética después del embarazo. “El cuerpo atraviesa cambios muy importantes durante el embarazo, el puerperio y la lactancia, y necesita tiempo para encontrar nuevamente su equilibrio”.
“Cuando una mujer decide realizar una cirugía mamaria, debería hacerlo porque siente que ese cambio la ayudaría a estar mejor con su propio cuerpo, y no porque crea que tiene que recuperar obligatoriamente la figura que tenía antes de ser madre; o bien porque es decisión de su pareja”, resaltó el especialista.
Finalmente, concluyó que desde el punto de vista médico, la prioridad siempre debe ser la salud mamaria. “Primero debemos asegurarnos de que la mama esté sana; después podemos hablar de estética. Y la mejor cirugía no es necesariamente la que más modifica, sino la que consigue el resultado adecuado con la menor intervención necesaria y con la máxima seguridad”.

Que las mamas cambien después del embarazo y la lactancia resulta esperable, pero no toda alteración nueva debe atribuirse al posparto. El American College of Obstetricians and Gynecologists, colegio profesional estadounidense de obstetras y ginecólogos, indicó que, durante el embarazo o la lactancia, una masa palpable persistente debe estudiarse para evitar demoras en el diagnóstico de otras patologías.
Ese organismo señaló que la ecografía es el primer estudio por imágenes indicado para evaluar una masa palpable en ese contexto. Ante un cambio nuevo o persistente, la prioridad corresponde a la evaluación médica antes de considerar cualquier tratamiento estético.
La doctora Montoya advirtió que si se detecta algún bulto, enrojecimiento, asimetría, retracción de la piel o cualquier elemento que llame la atención, aun durante el embarazo, la lactancia o en los períodos posteriores, debe consultarse al mastólogo.
Finalmente, dijo que “la lactancia materna es un período maravilloso que tiene muchísimas ventajas tanto para el bebé como para la salud de las mamas, tiene que ser vivida en forma plena, armónica, con disfrute y toda corrección estética es posible al finalizar el período”.
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