
El consumo repetido de alcohol durante la adolescencia altera células cerebrales clave y deja cambios que se mantienen en la adultez, incluso después de períodos prolongados sin beber.
Así lo determinó un estudio publicado por investigadores de la Joan C. Edwards School of Medicine de la Universidad Marshall, en Estados Unidos, a partir de un modelo preclínico con ratas.
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La investigación se centró en el hipocampo, región del cerebro vinculada al aprendizaje y la memoria, y detectó alteraciones en la comunicación entre los astrocitos (células que cumplen un rol cada vez más reconocido en la señalización neuronal) y las sinapsis, que son los puntos de contacto donde las neuronas intercambian información. Esos cambios, además, se asociaron con modificaciones en el comportamiento relacionado con el miedo en la etapa adulta.
Los astrocitos del hipocampo cambian tras la exposición al alcohol en la juventud

Para llegar a estas conclusiones, los científicos aplicaron un modelo de exposición intermitente al etanol durante la adolescencia de los animales. El objetivo era medir qué ocurre en el cerebro luego de una fase de abstinencia y ya en la adultez. Los resultados mostraron que las alteraciones en los astrocitos no se revierten con el paso del tiempo.
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Olivia Coulter, primera autora del estudio y doctoranda en la Joan C. Edwards School of Medicine, explicó el fundamento del trabajo. “Las crecientes pruebas de los últimos años pusieron de relieve un nuevo papel prometedor de los astrocitos en la modulación de la actividad sináptica y de las respuestas conductuales”, señaló en declaraciones a Euronews.
Hasta hace poco, los astrocitos eran considerados principalmente células de soporte. Los hallazgos del equipo de Marshall refuerzan la idea de que su participación en los circuitos cerebrales es más activa de lo que se suponía, y que el alcohol en etapas tempranas de la vida los afecta de un modo específico y persistente.
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El daño en el cerebro adolescente es más profundo que en el adulto

Por su parte, Mary Louise Risher, profesora asociada en la misma institución y una de las responsables de la investigación, destacó por qué la etapa adolescente merece atención particular. “Comprender por qué el consumo compulsivo de alcohol específicamente durante la adolescencia empeora los resultados en salud mental y reduce la calidad de vida en general es el objetivo de esta investigación”, dijo en una nota de prensa.
El cerebro no termina de desarrollarse hasta bien entrada la adultez, lo que lo vuelve especialmente vulnerable al etanol durante la adolescencia. Los datos obtenidos en el estudio refuerzan esa diferencia: los efectos sobre los astrocitos y las sinapsis del hipocampo son más duraderos cuando la exposición ocurre en esa ventana del desarrollo.
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Los cambios conductuales asociados al miedo que detectaron los investigadores en los animales adultos sugieren que el daño neurológico tiene consecuencias funcionales concretas, más allá de lo estrictamente estructural.
Los resultados apuntan a nuevas estrategias terapéuticas centradas en los astrocitos

Risher indicó que el equipo busca que los resultados sirvan para dos propósitos concretos: “Aumentar la concienciación pública y desarrollar nuevos enfoques terapéuticos para aliviar las consecuencias a largo plazo del consumo compulsivo de alcohol en la adolescencia”, según sus declaraciones recogidas por Euronews.
Coulter, por su parte, señaló que los hallazgos podrían orientar el desarrollo de estrategias terapéuticas centradas en los astrocitos para mejorar la salud cerebral. Aclaró, sin embargo, que se necesitan más investigaciones antes de que esos resultados puedan traducirse en aplicaciones clínicas.
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Los autores sostienen que dirigir futuras terapias a la función de los astrocitos puede ser una vía para abordar algunos de los efectos conductuales persistentes asociados con el consumo de sustancias en etapas tempranas. El trabajo se suma a una línea de investigación centrada en entender por qué el daño neurológico del alcohol en la juventud resulta tan difícil de revertir.
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