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Sedentarismo y cerebro: por qué hacer ejercicio no siempre compensa pasar muchas horas sentado

Investigaciones en adultos mayores vinculan la inactividad prolongada con cambios en la memoria, el hipocampo y la velocidad de procesamiento, y advierten que moverse a lo largo del día también resulta clave

Dúo de imágenes: hombre viendo televisión con snacks en sala oscura; hombre trabajando en portátil con libros y taza de café en oficina.
Los estudios sobre sedentarismo y cerebro distinguen entre hacer ejercicio y pasar muchas horas inmóvil como factores independientes para la salud cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El sedentarismo puede afectar la salud del cerebro incluso en personas que hacen ejercicio, una relación que hoy concentra la atención de investigadores y especialistas por su vínculo con la memoria, la velocidad de procesamiento y el riesgo de deterioro cognitivo. La discusión ya no se limita al impacto de la inactividad sobre el cuerpo: también apunta a lo que ocurre en funciones mentales clave cuando pasar sentado ocupa gran parte del día.

La preocupación creció a medida que distintos trabajos empezaron a medir no solo cuánto ejercicio hace una persona, sino también cuánto tiempo permanece inmóvil. Esa diferencia cambió el enfoque. Moverse más a lo largo de la jornada aparece como un factor separado de la práctica deportiva habitual, sobre todo en adultos mayores y en contextos de trabajo o rutinas con muchas horas frente a una pantalla.

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Ese punto ganó relevancia porque el problema no se describe solo en términos de ausencia de ejercicio intenso. El tiempo sedentario prolongado también puede desplazar otras actividades que sí aportan estímulo al cerebro, como caminar, interactuar socialmente o sostener tareas cognitivas más activas.

Qué encontró la evidencia sobre sedentarismo y función cerebral

Silueta de persona de espaldas con cerebro superpuesto. Hipocampo resaltado con luz, conexiones neuronales. Partículas luminosas. Pantalla azul al frente.
La investigación actual advierte que el tiempo sedentario prolongado puede desplazar actividades que estimulan el cerebro, como caminar, interactuar socialmente o realizar tareas cognitivas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los estudios más citados en este campo provino de Estados Unidos y siguió durante siete años a 404 adultos mayores del Vanderbilt Memory and Aging Project. Según publicó Alzheimer’s & Dementia, el trabajo asoció un mayor nivel de conducta sedentaria con reducciones más rápidas del volumen del hipocampo, una estructura central para la memoria, además de descensos en velocidad de procesamiento y denominación, aun en participantes con niveles altos de actividad física.

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Ese hallazgo reforzó una idea que ya circulaba en la literatura médica: hacer ejercicio no necesariamente compensa por completo los efectos de pasar muchas horas inmóvil. De acuerdo con la publicación científica, el comportamiento sedentario apareció como un factor independiente en la evolución de marcadores ligados a neurodegeneración.

El estudio también examinó diferencias según el perfil genético de los participantes y detectó variaciones en algunos resultados entre portadores y no portadores de APOE-ε4, un alelo vinculado con mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer.

La revisión más amplia del tema todavía mantiene matices. Un análisis sistemático difundido en Frontiers in Aging Neuroscience reunió 33 estudios y concluyó que, en términos generales, un mayor sedentarismo se relacionó con peor cognición y peor salud cerebral, aunque los resultados variaron según la forma de medir el tiempo sentado y el tipo de actividad sedentaria evaluada. Esa distinción resulta relevante porque no toda conducta sedentaria tiene el mismo contenido mental.

No todo el tiempo sentado parece tener el mismo efecto

Tres adultos mayores caminan en un parque. Luz solar brilla entre los árboles. Líneas y luces brillantes rodean sus cabezas y una mano.
La evidencia científica indicó que el impacto del sedentarismo varía según cómo se mida el tiempo sentado y según el tipo de actividad sedentaria realizada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Parte de la discusión actual se concentra en diferenciar entre sedentarismo pasivo y actividades sedentarias con mayor exigencia cognitiva. Una revisión sobre salud cerebral a lo largo de la vida, difundida en NIH PMC, indicó que la evidencia es mixta y que el impacto puede cambiar según la clase de actividad realizada. Ver televisión durante muchas horas no implica el mismo nivel de demanda mental que leer, estudiar o resolver tareas complejas frente a una computadora.

Esa diferencia también apareció en investigaciones europeas. Un estudio con datos de Reino Unido, publicado en JAMA, analizó a 49.841 adultos mayores del UK Biobank y observó que el riesgo de demencia aumentaba de forma más marcada a partir de alrededor de 10 horas diarias de sedentarismo.

El trabajo encontró una asociación no lineal: el riesgo no se incrementó de manera uniforme con cada minuto sentado, sino que mostró un ascenso más claro cuando el tiempo sedentario superó ciertos umbrales.

Otra investigación del UK Biobank, publicada en International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, siguió a 90.320 personas y encontró que una mayor actividad física se asociaba con un menor riesgo de demencia, mientras que acumular demasiado tiempo inmóvil mostraba la tendencia opuesta.

El dato más relevante fue que ambos factores parecían actuar de manera independiente. Es decir, sumar movimiento resulta beneficioso, pero también importa reducir los períodos prolongados de inactividad a lo largo del día.

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