
Un equipo de la Universidad de Tel Aviv desarrolló un análisis de sangre que podría ayudar a diagnosticar cáncer de pulmón a partir de señales químicas detectadas en fragmentos de ADN circulante. Para eso usa un chip y un sistema óptico, sin necesidad de secuenciación genética, una vía que hoy suele resultar más compleja y costosa.
La carga global de la enfermedad ayuda a dimensionar el interés por ese desarrollo. Según GLOBOCAN 2024, la base de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud, el cáncer de pulmón registró 2.637.005 nuevos casos en el mundo, equivalentes al 12,8% del total, y causó 1.861.839 muertes, el 19,1% de los fallecimientos por cáncer.
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En ese contexto, un estudio publicado en npj Precision Oncology evaluó el nuevo método en pacientes con enfermedad de estadio dos a cuatro. La prueba distinguió entre personas con ese tumor y personas sanas con una sensibilidad de 93,1% y una especificidad de 90,3%.

La prueba busca una firma química del ADN tumoral
El trabajo fue encabezado por Yuval Ebenstein, profesor de la Escuela de Química de la Universidad de Tel Aviv, junto con investigadores de JaxBio Technologies, el Centro Médico Bnai Zion y el Centro Médico Sheba. La propuesta se basa en estudiar el ADN libre de células, material genético que circula en la sangre tras ser liberado por distintas células del organismo, incluidas las tumorales.
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La diferencia del método está en la forma de analizar ese material. El equipo extrae ADN de la sangre, lo coloca sobre un chip de laboratorio y lo marca con una señal luminosa para identificar cambios asociados al tumor.

Ebenstein afirmó en el comunicado institucional: “Nuestro objetivo es hacer que los análisis de sangre para el diagnóstico del cáncer sean más accesibles, más simples y menos costosos sin comprometer la precisión”. Luego agregó que desarrollaron “un nuevo enfoque que no requiere secuenciación genética, sino que identifica la ‘huella digital’ química del tumor con luz, usando una tecnología que puede implementarse en laboratorios clínicos estándar”.
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La diferencia no pasa por el uso de sangre, sino por el modo de analizarla. Según la universidad, ese enfoque podría adaptarse a laboratorios clínicos convencionales.
El estudio analizó 103 participantes y definió una firma de 170 regiones
La evaluación incluyó 103 participantes: 51 con cáncer de pulmón y 52 en el grupo de control sano. Según se detalla en el estudio, los investigadores realizaron primero una etapa de entrenamiento del modelo y luego definieron una firma compuesta por 170 regiones genómicas.
Esa firma fue probada después en una cohorte de validación separada y bajo análisis ciego, un procedimiento en el que quienes procesan las muestras no saben a qué grupo pertenece cada caso. Ese diseño permitió medir la capacidad de clasificación del test dentro de la muestra analizada.
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La sensibilidad indica cuántos casos enfermos detecta una prueba y la especificidad cuántas personas sanas reconoce correctamente como tales. Dentro de ese marco de investigación, el método mostró una capacidad alta para separar ambos grupos, aunque los datos siguen limitados a una cohorte acotada.
El comunicado institucional también señaló que el sistema logró diferenciar los dos subtipos principales del cáncer de pulmón: adenocarcinoma y carcinoma escamoso. Según la universidad, esa distinción se apoyó en firmas de ADN distintas para cada subtipo.
El método también fue explorado para seguir la respuesta al tratamiento
El equipo analizó además si la misma herramienta podía servir para monitorear la evolución de pacientes ya diagnosticados. En esa instancia, los cambios en la huella química del ADN coincidieron con lo que mostraban los estudios por imágenes.
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La institución lo resumió así: “En los pacientes que respondieron al tratamiento, la huella química se desplazó hacia el perfil de individuos sanos, mientras que no se observó un cambio significativo en los pacientes que no respondieron al tratamiento”. Ese resultado sugiere que el patrón detectado en sangre podría reflejar la respuesta terapéutica.
Los investigadores advirtieron, de todos modos, que se trata de un hallazgo preliminar. Según la publicación, harán falta estudios de mayor escala para confirmar esa posible utilidad antes de cualquier adopción clínica amplia.

La Universidad de Tel Aviv indicó además que el análisis puede completarse en dos a tres días y con un costo que lo ubica como una alternativa accesible ante otras biopsias líquidas basadas en secuenciación.
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La biopsia líquida es el nombre que reciben los análisis que buscan rastros de un tumor en fluidos corporales, sobre todo en sangre, en lugar de extraer tejido mediante un procedimiento invasivo.
Ebenstein sostuvo en el comunicado que se trata de “un paso hacia el desarrollo de una herramienta que pueda complementar las pruebas por imágenes y ayudar a los médicos a diagnosticar el cáncer de pulmón y monitorear la eficacia del tratamiento”.
El estudio no presenta la prueba como reemplazo de las imágenes, sino como un complemento potencial para el diagnóstico temprano y el seguimiento terapéutico. Los datos publicados sostienen esa posibilidad dentro de una cohorte limitada.
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