
El dolor de cabeza es uno de los síntomas más frecuentes en la población general, pero su presencia en la infancia y la adolescencia suele subestimarse o tratarse como una molestia pasajera. La evidencia médica disponible indica que casi el 60% de los menores de edad en todo el mundo experimentan molestias de carácter significativo. Más allá de la incomodidad inmediata, los episodios recurrentes pueden alterar el rendimiento escolar, los vínculos sociales y la calidad de vida cotidiana.
Según publicó la Cleveland Clinic, entre el 40% y el 50% de los dolores de cabeza en la infancia podrían estar relacionados con el estrés, aunque los desencadenantes varían. Reconocer cuándo merece atención médica y entender sus posibles causas son pasos fundamentales para que padres, cuidadores y profesionales de la salud puedan actuar a tiempo. La diversidad de tipos existentes y la dificultad de los menores para describir lo que sienten hacen que la evaluación clínica sea, en muchos casos, un proceso complejo que exige atención y conocimiento.
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Cuándo un dolor de cabeza infantil es señal de alerta
No todos los casos tienen la misma relevancia clínica. La mayoría son episodios ocasionales vinculados a causas menores como infecciones leves, golpes, falta de sueño o deshidratación. Sin embargo, ciertos patrones y síntomas acompañantes pueden indicar una causa subyacente más seria que requiere evaluación médica sin demora.
Ethan Benore, doctor en psicología y especialista en intervenciones para el dolor pediátrico, señaló en declaraciones a la Cleveland Clinic que muchas veces no pueden comunicar lo que sienten, y que algunos “pueden parecer desorientados sin razón aparente”. Ante ese escenario, advirtió que los niños que presentan letargo, problemas de equilibrio, vómitos sin causa aparente, confusión, irritabilidad, trastornos del sueño o fiebre deben ser evaluados para determinar si el origen está en la cefalea.
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La Mayo Clinic estableció una serie de señales que deben motivar una consulta médica inmediata:que lo despierte del sueño, que se vuelva más frecuente o intenso con el tiempo, que modifique su personalidad o conducta, que siga a un traumatismo craneal, que se acompañe de vómitos persistentes o cambios visuales, o que aparezca junto con fiebre y rigidez en el cuello, combinación que puede indicar meningitis. Johns Hopkins Medicine añadió que los que empeoran con esfuerzo físico, los que aparecen temprano por la mañana o los que se intensifican al estar acostado también merecen una evaluación especializada, ya que pueden ser compatibles con un aumento de la presión intracraneal.
Desde Harvard Health Publishing subrayan que “si se despiertan, no se trata de un dolor de cabeza común” y que los episodios que ocurren más de dos veces por semana, o que interfieren con las actividades cotidianas, justifican una visita al médico. El especialista Benore también aconsejó que si un niño sufre uno fuerte más de una vez por semana en promedio, debería consultar con un especialista.
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En cuanto al diagnóstico, la neuroimagen no siempre es necesaria. Diversos especialistas respaldan que las imágenes cerebrales son innecesarias en niños con una frecuencia estable de dolores de cabeza, ausencia de síntomas preocupantes y examen neurológico normal, según indicó la especialista Christina Szperka en una investigación publicada en 2022. Sin embargo, cuando existen señales de alarma, la indicación de estudios complementarios depende de la urgencia clínica y del diagnóstico diferencial que sugieran las características del cuadro.

Tipos de cefalea y estrategias de manejo
La migraña afecta aproximadamente al 5% de los niños y niñas a los 10 años, y su prevalencia aumenta con la edad hasta alcanzar el 10% en mujeres jóvenes, según los datos del estudio de Szperka. A diferencia de los adultos, en quienes el dolor suele ser unilateral y durar al menos cuatro horas, más del 80% reportan dolor bilateral, y los episodios pueden resolverse en un tiempo significativamente menor. Los síntomas asociados pueden manifestarse a través de comportamientos observables, como buscar un cuarto oscuro y silencioso.
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La cefalea tensional es el tipo más común en términos generales. Se caracteriza por un dolor de leve a moderado, de carácter opresivo, que no se agrava con la actividad física y no suele acompañarse de náuseas o vómitos. Afecta entre el 10% y el 24% de los niños y adolescentes, pero raramente requiere atención médica debido a su baja intensidad y escasa incapacidad, según detalló Szperka en su publicación. Las cefaleas en racimos, en cambio, son poco frecuentes en menores de 10 años y se presentan con un dolor agudo unilateral de corta duración, a menudo acompañado de lagrimeo y congestión nasal.
En cuanto al manejo, Johns Hopkins Medicine y la Cleveland Clinic coincidieron en que el tratamiento apunta a tres ejes. El primero involucra ajustes en el estilo de vida, organizados bajo el acrónimo SMART: sueño regular y suficiente, comidas e hidratación adecuadas, actividad física, relajación y manejo de desencadenantes. El segundo contempla el uso de medicamentos abortivos, siempre con indicación médica. El tercer eje corresponde al tratamiento preventivo, que debe considerarse cuando los episodios son frecuentes o generan una discapacidad significativa.
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Benore advirtió que el abuso de analgésicos de venta libre puede, paradójicamente, provocar más dolores de cabeza: “Una buena regla general es no tomarlos más de tres veces por semana o diez veces al mes”, señaló en declaraciones a la Cleveland Clinic. Las guías clínicas de la Academia Estadounidense de Neurología (AAN) y la Sociedad Estadounidense del Dolor de Cabeza (AHS) establecieron que el límite para antiinflamatorios simples es de 14 días al mes, y de 9 días al mes para los triptanes o combinaciones analgésicas.
Desde una perspectiva de largo plazo, los datos disponibles indican que aproximadamente la mitad de los niños con migraña seguirán presentando síntomas en la edad adulta. Szperka subrayó que “la migraña es la principal causa de discapacidad a nivel mundial en adolescentes mayores y adultos jóvenes”, lo que refuerza la necesidad de un diagnóstico temprano, un tratamiento adecuado y un seguimiento sostenido en el tiempo.
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