
El cáncer colorrectal se ubica entre los tumores más frecuentes y letales a escala mundial. En 2022 se registraron más de 1,9 millones de casos nuevos y más de 900.000 muertes por esta enfermedad, lo que la convierte en la segunda causa de muerte por tumores, según los últimos datos emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Cuando el tumor se detecta en etapas iniciales y se trata de manera oportuna, las posibilidades de controlarlo son mayores. En cambio, cuando aparecen metástasis, es decir, cuando el cáncer se extiende a otros órganos, el tratamiento se vuelve más complejo y el pronóstico suele empeorar.
PUBLICIDAD
Lo cierto es que desde hace años se repite la recomendación de no retrasar el tratamiento, aunque sin una respuesta precisa sobre cuánto tiempo puede demorarse y si ese margen debe ser igual para todas las personas.
En ese sentido, un estudio reciente publicado en la revista JAMA Network Open ofrece nuevas pistas. El trabajo analizó a casi 12.000 personas con cáncer colorrectal que no presentaban metástasis al momento del diagnóstico y evaluó cómo influía el tiempo entre ese diagnóstico y el inicio del tratamiento en el riesgo de que el cáncer se extendiera durante los tres años siguientes.

Según se detalla en el estudio, los retrasos se asocian con un aumento del riesgo de metástasis, pero el plazo a partir del cual ese riesgo crece depende del tipo de tratamiento que recibe cada paciente, por lo que el trabajo propone umbrales específicos para cada vía terapéutica en lugar de un límite único.
PUBLICIDAD
Un cáncer frecuente en el que el tiempo suma
La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe el cáncer colorrectal como un tumor que se origina en el intestino grueso (colon) o en el recto. Puede causar diarrea, estreñimiento, sangre en las heces, dolor abdominal, cansancio o pérdida de peso sin explicación. Según la organización, “el pronóstico depende en gran medida del estadio del cáncer en el momento del diagnóstico” y la supervivencia aumenta de manera considerable cuando la enfermedad se detecta en una fase inicial.
Entre los tratamientos, la OMS explica que se combinan cirugía, quimioterapia y radioterapia, además de otras terapias sistémicas en determinados pacientes. La elección de la estrategia depende del tamaño del tumor, de cuánto se ha extendido localmente y del estado de salud de cada persona.
PUBLICIDAD

Todo esto muestra que el tiempo actúa en dos sentidos: por un lado, influye en el momento del diagnóstico; por otro, en la rapidez con que el diagnóstico se traduce en un tratamiento efectivo. Es en este segundo aspecto donde se concentra el estudio publicado en JAMA Network Open.
Qué hizo el estudio y qué dijo sobre las demoras
El trabajo se basó en personas adultas que viven en Estados Unidos, tienen 40 años o más, cuentan con seguro de salud y recibieron un diagnóstico reciente de cáncer colorrectal sin metástasis. Todas se sometieron a cirugía con intención curativa, es decir, una operación destinada a tratar el tumor localizado.
PUBLICIDAD
Luego se siguió su evolución durante tres años. Según se detalla en el estudio, alrededor de una de cada ocho personas desarrolló metástasis en ese período. El indicador principal fue el tiempo hasta el inicio del tratamiento, entendido como la cantidad de días que pasan entre el diagnóstico y la primera intervención dirigida de manera específica contra el cáncer, ya sea una operación, una quimioterapia o una sesión de radioterapia.

En términos sencillos, el estudio se preguntó cuántos días se puede esperar sin que aumente demasiado el riesgo de que el tumor se extienda a otros órganos. El análisis distinguió cuatro recorridos de atención que se ven con frecuencia en la práctica.
PUBLICIDAD
Un primer grupo estuvo formado por personas tratadas con cirugía como eje principal. Un segundo grupo combinó cirugía seguida de quimioterapia, en ocasiones acompañada de radioterapia, como tratamiento complementario para reducir el riesgo de recaída. Un tercer grupo recibió quimioterapia y/o radioterapia antes de la cirugía, lo que se conoce como tratamiento neoadyuvante. Un cuarto grupo siguió una vía trimodal, con etapas de tratamiento antes y después de la operación, además de la cirugía.
A partir de esos caminos, el estudio examinó en qué momento las demoras empezaban a asociarse con más metástasis. La respuesta mostró perfiles diferentes según la vía. En las personas que se sometieron a cirugía y luego recibieron quimioterapia, el tiempo tuvo un peso particular.
PUBLICIDAD

El trabajo observó que, en comparación con quienes iniciaron el tratamiento de manera muy rápida, esperas de alrededor de cuatro a seis semanas ya se relacionaron con un riesgo mayor de que el cáncer desarrollara metástasis, y que “seis a siete semanas de retraso tuvieron consecuencias importantes para los pacientes que requerían cirugía y quimioterapia adyuvante”.
En las personas que recibieron tratamiento antes de la cirugía y luego fueron operadas, el análisis identificó un umbral diferente. Según se detalla en el trabajo, cuando el inicio del tratamiento se retrasó más allá de unas nueve o diez semanas, el riesgo de metástasis durante los años siguientes fue más alto.
PUBLICIDAD
En esta vía suelen incluirse tumores que ya presentan una extensión local mayor, por lo que las demoras prolongadas pueden tener más impacto, sobre todo si se deben a trabas organizativas o administrativas.

En el grupo que fue tratado con cirugía solamente, el estudio no encontró una diferencia marcada con esperas cortas. Recién al observar demoras muy largas, de más de siete meses, se vio un aumento del riesgo de metástasis. Ese resultado no fue del todo concluyente desde el punto de vista estadístico, por lo que el trabajo lo presenta como una señal que sugiere evitar esperas tan prolongadas, pero sin proponerlo todavía como un límite definitivo.
PUBLICIDAD
En cambio, en la vía trimodal, que combina tratamiento antes y después de la cirugía, los datos no mostraron una relación clara entre el tiempo hasta el inicio de la atención y la aparición de metástasis durante el seguimiento.
En conjunto, el estudio indica que “los retrasos en el tratamiento se asociaron con un mayor riesgo de metástasis, dependiendo de la vía de atención”. El trabajo resume que estos resultados “respaldan la implementación de criterios de referencia personalizados para el inicio del tratamiento y resaltan la importancia de la atención integral para reducir los retrasos y mejorar la atención del cáncer colorrectal de manera oportuna, equitativa y rentable”.

El trabajo concluye que definir plazos específicos según el tipo de tratamiento podría ayudar a diseñar indicadores de calidad para vigilar en qué puntos del recorrido asistencial se concentran las demoras más perjudiciales y priorizar intervenciones para acortarlas.
Los nuevos datos aportan una herramienta más para transformar esa idea en decisiones concretas de organización, con plazos adaptados a cada tipo de tratamiento y una mayor atención a los retrasos que pueden marcar la diferencia entre un tumor controlado y una enfermedad metastásica.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Urticaria crónica: cuáles son la diferencias con la alergia y claves para reconocerla
Las ronchas que reaparecen durante más de seis semanas pueden afectar el descanso y la vida cotidiana, por lo que resulta importante consultar a un profesional para evaluar sus causas

Menopausia: por qué los primeros 10 años pueden cambiar el abordaje de los síntomas y la salud a largo plazo
Expertos reunidos en el Congreso Mundial de Menopausia plantearon la importancia de intervenir de forma temprana, con tratamientos individualizados y una mirada que incluya sueño, salud cardiovascular, cognición y vida laboral. Por qué la primera década es una ventana de oportunidad que no se debe desaprovechar

Un interruptor para las neuronas: cómo funciona la optogenética y por qué cambió la neurociencia
Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel recibieron el Premio Nobel de Medicina por descubrimientos que permitieron crear un método capaz de controlar grupos específicos de células nerviosas y analizar su relación con la memoria, el movimiento, el sueño y la percepción

Masa madre o pan integral: cuál aporta más fibra y qué diferencias nutricionales tienen
La elección depende principalmente del tipo de harina y del grano utilizado, mientras que la fermentación puede modificar algunas propiedades sin garantizar por sí sola mayores beneficios para la salud

La señal de alarma renal que casi nadie nota antes de tirar la cadena
Una nefróloga del Northwell Transplant Institute advierte sobre un rastro silencioso que la mayoría pasa por alto y que podría indicar daño en los riñones



