
La mala calidad del sueño no siempre tiene la misma explicación biológica. Durante años, muchas investigaciones explicaron el insomnio y otros trastornos del sueño a partir de la hiperactivación: un estado de alerta elevado que dificulta relajarse al final del día.
Ahora, un estudio matiza esa idea al identificar que en los adultos jóvenes con mal descanso, la hiperactivación sigue ocupando un lugar central; mientras que en la vejez emergen señales que se asemejan a un desgaste de los sistemas que regulan el sueño y la memoria, con un impacto particular en mujeres mayores.
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La investigación advierte que en las personas jóvenes se vincula con un estado de “hiperactivación” del cuerpo, mientras que en las personas mayores, sobre todo mujeres, aparecen patrones cerebrales parecidos a fases silenciosas de demencia. El trabajo se centra en cómo cambia la comunicación entre distintas redes del cerebro según la edad y el sexo biológico de quienes duermen mal.
El trabajo combinó cuestionarios de sueño con imágenes de resonancia magnética funcional para observar cómo se conectan distintas zonas cerebrales en reposo, en más de 1.300 adultos de distintas edades. A partir de esos registros, el equipo identificó un cambio con el paso de los años: de una etapa dominada por la dificultad para desacelerarse a otra en la que aparecen alteradas redes vinculadas con la memoria y la atención en la vejez. El trabajo se publicó en la revista Neurobiology of Aging.
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Hiperactivación en jóvenes, redes frágiles en mayores
El punto de partida fue una pregunta concreta: cómo se relaciona la calidad del sueño con la forma en que se comunican las grandes redes cerebrales, y de qué modo esa relación varía según la edad y el sexo biológico. Para responderla, el equipo analizó la conectividad funcional en reposo, una medida que indica qué regiones del cerebro se activan al mismo tiempo cuando la persona está despierta pero en calma.
De acuerdo con el comunicado de prensa de Binghamton University, en Estados Unidos, los adultos jóvenes que reportaron dormir mal mostraron una conectividad excesiva entre regiones vinculadas al movimiento.
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En términos sencillos, las áreas que preparan y coordinan la acción del cuerpo seguían demasiado activas cuando debería predominar el descanso. En el comunicado, el profesor asociado de Psicología Ian M. McDonough señaló que los adultos universitarios con mala calidad de sueño “presentaron regiones cerebrales vinculadas al movimiento sobreconectadas, lo que sugiere que sus cuerpos no están físicamente listos para dormir”.

En las personas mayores, y en particular a partir de los 65, el patrón fue distinto. Esas mismas regiones motoras aparecieron menos conectadas entre sí. En cambio, se observó mayor comunicación entre áreas relacionadas con la atención sostenida y la memoria.
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Según describió McDonough, el cerebro de las personas mayores que duermen mal muestra “como si padeciera una falla general de sus sistemas de regulación del sueño”. Según se detalla en el estudio, este contraste sugiere un cambio de mecanismo: de la hiperactivación corporal y emocional en la juventud a un deterioro de los circuitos que sostienen el sueño y la función cognitiva en etapas tardías de la vida.
El papel de las mujeres mayores y la memoria
Uno de los hallazgos más relevantes se concentró en las mujeres de mayor edad con mala calidad de sueño. Según se detalla en el estudio, este grupo mostró una hiperconectividad anómala entre la Default Mode Network (DMN), que interviene en los pensamientos internos y en los recuerdos personales, y la Frontal Parietal Network (FPN), que participa en sostener la atención y en manejar información en el corto plazo.
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El comunicado institucional de Binghamton University señala que esta “sobrecomunicación” entre DMN y FPN se asoció de forma directa con un peor desempeño en pruebas de memoria.
El artículo científico destaca que esta asociación se observó principalmente en mujeres mayores con peor calidad subjetiva de sueño; aunque las razones exactas de estas diferencias no se resolvieron en este trabajo, el comunicado menciona que las personas mayores podrían haberse habituado con el tiempo a la hiperactivación o haber desarrollado estrategias de afrontamiento, como una mayor disposición al uso de medicación para dormir.
Rumiación, depresión y dudas abiertas
El concepto de rumiación también ocupa un lugar importante en la interpretación de los resultados, ya que este comportamiento se entiende como un patrón de pensamiento repetitivo, centrado en preocupaciones o recuerdos que se repasan una y otra vez, y que a menudo se asocia con ansiedad o depresión.
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El comunicado de Binghamton University explica que las personas que llegan a la noche con “pensamientos que corren” en la mente no se encuentran en un estado de calma, sino en uno agitado que favorece la hiperactivación cerebral. Asimismo, el texto institucional recuerda que la relación entre depresión, sueño y deterioro cognitivo es compleja.
Sobre este punto, McDonough explicó que “una posibilidad fuerte es que las personas que tienen muchos pensamientos que corren justo antes de dormir no se encuentren en un estado de calma, sino más bien en un estado de agitación”.
El trabajo también plantea una duda que los autores describen como un problema del “huevo y la gallina”; por lo que los investigadores se preguntan si “las conexiones cerebrales anómalas causan la disfunción del sueño, o la disfunción del sueño causa esas anomalías”.
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Implicancias para la salud del sueño

Los hallazgos trazan un panorama diferente según la etapa de la vida. Para adultos jóvenes, el comunicado de Binghamton University plantea que las intervenciones podrían centrarse en reducir la activación previa a dormir, en particular los pensamientos acelerados o repetitivos. La universidad menciona, por ejemplo, actividades como escribir antes de acostarse para descargar parte de esas ideas y facilitar la transición al descanso.
En las personas mayores, especialmente mujeres, el escenario resulta más incierto porque la hiperactivación parece no ocupar el mismo lugar central. El comunicado institucional recomienda consultar a un profesional de la salud cuando los problemas de sueño persisten y subraya que la calidad del descanso nocturno forma parte de la salud cerebral en sentido amplio.
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Según se detalla en el estudio, el uso combinado de cuestionarios de sueño, estudios de neuroimagen y pruebas cognitivas permitirá precisar hasta qué punto los cambios de conectividad observados funcionan como señales tempranas de problemas de memoria y de otras alteraciones ligadas al envejecimiento del cerebro.
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