Una terapia con nanopartículas muestra resultados prometedores contra tumores cerebrales agresivos

La estrategia, desarrollada en modelos animales por investigadores de Oregon State University, permitió atravesar la barrera hematoencefálica y restaurar una proteína clave para controlar el crecimiento tumoral

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Una cabeza humana translúcida muestra el cerebro con un glioblastoma rojizo. Vasos sanguíneos transportan nanopartículas luminosas hacia el tumor.
Las nanopartículas lipídicas con ARN mensajero de PTEN mejoraron la supervivencia en modelos de glioblastoma (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un sistema experimental basado en nanopartículas lipídicas y ARN mensajero mostró resultados alentadores en modelos de glioblastoma, un tipo de tumor cerebral agresivo. El avance surge de pruebas en ratones realizadas por un equipo de Oregon State University, que desarrolló una plataforma capaz de atravesar la barrera hematoencefálica — el “filtro” natural que protege al cerebro de muchas sustancias presentes en la sangre — y concentrarse en el tumor.

El estudio, publicado en Journal of Controlled Release, asoció este enfoque con un aumento del 50% en la supervivencia mediana.

Los investigadores utilizaron nanopartículas lipídicas (pequeñas “cápsulas” hechas con grasas parecidas a las membranas de las células) recubiertas con manosa y cargadas con ARN mensajero de PTEN. Según la universidad, el tratamiento redujo la carga tumoral y elevó la supervivencia mediana de 33 a 49 días en un modelo de ratón de glioblastoma.

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El trabajo, encabezado por Oleh Taratula, Olena Taratula y Yoon Tae Goo, del OSU College of Pharmacy, partió de dos obstáculos centrales en este tipo de cáncer cerebral. El primero es lograr que un agente terapéutico llegue al sistema nervioso central. El segundo es que, una vez dentro, se acumule de forma preferente en el tumor y no se “pierda” en el tejido sano.

Infografía sobre nanopartículas lipídicas contra el glioblastoma con imágenes del cerebro, neuronas, diagramas moleculares y gráficos de resultados.
El sistema experimental de Oregon State University logró atravesar la barrera hematoencefálica y concentrarse en el tumor cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para intentar resolver ambos desafíos con una misma estrategia, los científicos recurrieron a la manosa, un azúcar emparentado con la glucosa. La idea fue usarla como una “llave” para interactuar con GLUT1, el transportador de glucosa tipo 1 presente en el endotelio cerebral y también elevado en el glioblastoma. En términos simples, el equipo buscó que las partículas se engancharan a una vía de entrada que el cerebro usa a diario para incorporar energía.

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Cómo funciona la estrategia para cruzar la barrera hematoencefálica

Dentro de esas partículas, el equipo colocó ARN mensajero, el “instructivo” que las células leen para fabricar una proteína. En este caso, el mensaje estaba diseñado para producir PTEN, una proteína supresora de tumores que suele perderse en el glioblastoma. El objetivo fue restaurar ese freno del crecimiento tumoral dentro de las células cancerosas.

El diseño debía superar otra dificultad: en la sangre hay alta concentración de glucosa, que compite por el mismo transportador. Taratula explicó en un comunicado de prensa de la Oregon State University: “La sangre contiene concentraciones relativamente altas de glucosa, y eso es contra lo que compiten las nanopartículas para captar la atención de GLUT1”.

Representación macro de partículas doradas con estructuras moleculares amarillas, una red azul translúcida y un cerebro blanco con brillo.
El tratamiento con nanopartículas lipídicas recubiertas con manosa redujo la carga tumoral y elevó la supervivencia mediana de 33 a 49 días en ratones con glioblastoma (Imagen Ilustrativa Infobae)

El investigador también describió la innovación técnica. “Para que las nanopartículas lo consigan, necesitan una superficie de azúcar densamente recubierta, y esa es nuestra innovación central. Al conectar químicamente la manosa al colesterol, un componente estructural importante de las nanopartículas, mejoramos seis veces la cobertura superficial”, dijo.

Ese paso permitió aumentar la densidad del ligando en la superficie hasta cerca de 30 mol%, según el resumen del estudio. En comparación, los métodos convencionales basados en lípidos PEG suelen quedar alrededor de 5 mol%. Esto quiere decir que en lugar de tener pocas “etiquetas” de manosa en la superficie, estas nanopartículas quedaron mucho más recubiertas (aproximadamente seis veces más), lo que les daría más oportunidades de engancharse al transportador correcto.

El equipo también buscó proteger la carga genética dentro de la partícula. Para evitar que la modificación superficial alterara la arquitectura del sistema y afectara el transporte del ARN mensajero, añadió un derivado catiónico del colesterol llamado DC-colesterol, que elevó la encapsulación a más del 90%. En la práctica, esto apunta a que el mensaje llegue “resguardado” hasta el destino.

Mujer patóloga en laboratorio digital observando tejido tumoral cerebral en una pantalla curva. La imagen muestra una muestra histológica y un cerebro 3D con un tumor resaltado por IA.
El ARN mensajero transportado por las nanopartículas indicó la producción de PTEN, una proteína supresora de tumores que suele perderse en el glioblastoma (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué resultados mostró el tratamiento en ratones

Los ensayos en ratones sanos evaluaron primero si la plataforma podía llegar al cerebro. Según el resumen del estudio, las formulaciones con manosa-colesterol lograron una acumulación cerebral 9,9 veces mayor que las formulaciones no dirigidas.

El estudio también comprobó en ratones modificados genéticamente que el ARN mensajero llegó al cerebro y funcionó dentro de células del sistema nervioso, como neuronas y astrocitos. Ese resultado reforzó la idea de que las nanopartículas alcanzaron su destino y entregaron su carga.

En modelos ortotópicos de glioblastoma, el sistema mostró acumulación preferente en los tumores. Olena Taratula indicó: “El glioblastoma está reprogramado metabólicamente y expresa GLUT1 en niveles tres veces superiores a los del tejido cerebral normal, por lo que las partículas se acumulan de forma preferente en el tejido tumoral tras cruzar la barrera hematoencefálica”.

Representación microscópica de un vaso sanguíneo cerebral con nanopartículas anaranjadas, una barrera verde translúcida y un tumor cerebral brillante.
La estrategia usó manosa para interactuar con GLUT1, un transportador presente en el endotelio cerebral y elevado en el glioblastoma (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigadora vinculó esa llegada selectiva con el efecto terapéutico observado. “Y restaurar la expresión de PTEN en las células tumorales restablece el control del crecimiento. A lo largo de dosis repetidas, se produjo una reducción del tumor sin ninguna toxicidad orgánica medible”, afirmó.

Los datos precisaron el alcance de esa respuesta. En los animales tratados, la carga tumoral se redujo seis veces y la supervivencia mediana pasó de 33 a 49 días, un resultado que coincide con la mejora del 50% destacada por Oregon State University.

Por qué el glioblastoma sigue siendo un reto terapéutico

El glioblastoma es uno de los tumores cerebrales más agresivos. Según material difundido por Oregon State University, la supervivencia a dos años es inferior al 30%, y más del 95% de los pacientes vive menos de cinco años desde el diagnóstico.

En Estados Unidos, su incidencia es de 3,19 por cada 100.000 personas. También es más frecuente en hombres que en mujeres, y la edad mediana de aparición es 64 años.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las formulaciones con manosa-colesterol mostraron una acumulación cerebral 9,9 veces mayor que las nanopartículas no dirigidas y una encapsulación superior al 90% (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio comparó este avance con otras estrategias que buscan llevar tratamientos al cerebro. Entre ellas, el ultrasonido focalizado para modificar la barrera hematoencefálica, la administración por vía nasal y la inyección directa en el cráneo. Aunque pueden ayudar a que el fármaco llegue, también tienen límites: pueden ser invasivas, exigir equipos especializados o distribuirse solo en una zona.

La investigación sumó otra dificultad de varios enfoques previos: algunos sistemas logran entrar al cerebro, pero no tienen una forma activa de dirigirse al tumor y diferenciarlo del tejido sano una vez atravesada la barrera.

En ese contexto, la propuesta publicada en Journal of Controlled Release apuntó a usar un solo blanco molecular para dos tareas: ingresar al cerebro y concentrarse en el tumor. Según la universidad, esta forma de “armar” las nanopartículas con colesterol podría servir como plataforma para terapias con ARN mensajero en otras enfermedades del cerebro, además del glioblastoma.

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