
Más de 9.000 casos de cáncer al día en adultos menores de 50 años se diagnostican en el mundo, según dijo la epidemióloga Hyuna Sung en la reunión anual de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer.
Esa cifra advirtieron investigadores en dos de los mayores encuentros mundiales sobre la enfermedad, apunta a un riesgo que podría acompañar a esta generación hasta la mediana edad y la vejez.
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La pregunta dominó este año tanto la reunión de la AACR en San Diego como la de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica en Chicago. Allí, según analizó un artículo en Nature, circularon hipótesis sobre alimentos ultraprocesados, obesidad, toxinas microbianas y agroquímicos, pero no apareció una respuesta única.
“La incidencia de diversos tipos de cáncer está aumentando a nivel mundial entre las personas menores de 50 años”, declaró la oncóloga Kimmie Ng. Y sumó: “La gran mayoría se consideran esporádicos, de causa desconocida”.

Sung, que trabaja en la Sociedad Estadounidense del Cáncer en Atlanta, sostuvo que reunir todos esos diagnósticos bajo una sola categoría puede ocultar pistas sobre su origen. “El aumento de la incidencia de cáncer entre los adultos jóvenes no refleja una sola historia”, afirmó.
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Los datos muestran que no todos los aumentos responden a la misma causa
Según Sung, una de las claves está en observar cómo cambia cada tumor por separado. Si los diagnósticos de un cáncer específico suben de forma repentina en todos los grupos de edad, la explicación puede estar en una modificación de su detección o de su clasificación.
Eso ocurrió con el cáncer de páncreas a comienzos de la década de 2010, cuando su definición se amplió para incluir los tumores neuroendocrinos pancreáticos, que se forman en las regiones del páncreas que producen insulina. Los diagnósticos ya aumentaban lentamente antes de ese cambio, pero después se aceleraron, también entre personas menores de 50 años.
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Según Sung, esa modificación no alcanza para explicar por completo el aumento del cáncer de páncreas de aparición temprana, aunque probablemente explique gran parte. En otros tumores, en cambio, el incremento parece reflejar un cambio real en la frecuencia con que aparecen.
El ejemplo más claro es el cáncer colorrectal: en Estados Unidos, la incidencia de enfermedad colorrectal avanzada aumentó cerca de 3% por año desde alrededor de 2010 entre personas de 20 a 49 años. En 2023, ese cáncer se convirtió en la principal causa de muerte por cáncer en ese grupo etario.

Sung agregó que los diagnósticos y las muertes por cáncer de útero y de hígado también están aumentando en mujeres jóvenes. En esos casos, dijo, el patrón sugiere un “efecto de cohorte de nacimiento”: personas nacidas en un período determinado enfrentan un riesgo mayor que las nacidas antes.
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Aunque las muertes por cáncer en menores de 50 años siguen siendo una pequeña fracción de la mortalidad general por esta enfermedad, Sung advirtió que el problema no queda limitado a la juventud. “Esta tendencia creciente de cáncer entre los adultos jóvenes es un claro indicio de lo que sucederá dentro de 20 y 30 años, cuando lleguen a la mediana edad y la vejez”, afirmó.
La obesidad, los ultraprocesados, los herbicidas y las bacterias aparecen entre las pistas
¿Qué pudo haber cambiado para poner en riesgo a esta generación? Andrew Chan, gastroenterólogo del Hospital General de Massachusetts en Boston, señaló la exposición cada vez más temprana a un entorno que favorece las enfermedades metabólicas y la obesidad. “Las personas se exponen a estos factores a una edad cada vez más temprana”, explicó.
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El cáncer colorrectal y el de útero tienen vínculos conocidos con la obesidad. Ng, directora fundadora del Centro de Cáncer Colorrectal de Inicio Temprano del Instituto Oncológico Dana-Farber en Boston, sostuvo de todos modos que ese factor no alcanza para explicar por sí solo el aumento.
“Muchos de los presentes hemos atendido a pacientes jóvenes con cáncer, y muchos de ellos no son obesos”, declaró Ng en la conferencia de oncología clínica. “Es fundamental comenzar a investigar nuevas exposiciones”.

Chan y sus colegas encontraron una relación entre el consumo de alimentos ultraprocesados en mujeres jóvenes y el riesgo de pólipos colorrectales y otros crecimientos que a veces son signos tempranos de cáncer colorrectal. Según Chan, una dieta rica en esos productos parece influir en el riesgo incluso después de considerar el sobrepeso y la obesidad.
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Ng citó además una investigación publicada este año que analizó cambios en grupos químicos unidos a cadenas de ADN para rastrear exposiciones ambientales y factores de estilo de vida que podrían influir en el riesgo de cáncer colorrectal de aparición temprana. Ese trabajo halló posibles vínculos con la dieta, el tabaquismo y la exposición al herbicida picloram, usado en pastos y cunetas.
Según Ng, todavía hace falta más investigación para establecer con claridad una relación entre el picloram y el cáncer de aparición temprana. Aun así, dijo que esa estrategia destaca una herramienta nueva para seguir la exposición a factores ambientales.
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Los microorganismos también forman parte de las líneas de investigación sobre cáncer colorrectal temprano. El año pasado, investigadores informaron que los tumores colorrectales de aparición temprana tenían más probabilidades de presentar mutaciones características de una toxina bacteriana llamada colibactina que los tumores de personas de 70 años o más.

En la reunión de la AACR de abril, Ludmil Alexandrov, biólogo computacional de la Universidad de California, San Diego, presentó datos que muestran que algunos niños menores de cinco años tienen mutaciones de colibactina en el colon en niveles similares a los de adultos de mediana edad.
“De una forma u otra, tenemos que encontrar la manera de detener esta exposición temprana”, dijo Alexandrov en la reunión de la AACR. “No queremos que un niño de dos años tenga la carga mutacional de una persona de 65 años”.
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Alexandrov señaló que persisten preguntas centrales sobre el papel de la colibactina en el cáncer de aparición temprana. Él y sus colegas todavía no demostraron que las mutaciones asociadas a esa toxina hayan aumentado con el tiempo en personas jóvenes.
Chan añadió que la colibactina es producida por bacterias comunes del intestino. Según el investigador, podrían existir otros factores ambientales que vuelvan a algunas personas más sensibles a los efectos de esas bacterias.
“No creo que haya una sola prueba irrefutable”, dijo Chan. “Probablemente se trate de una acumulación de factores de riesgo a lo largo del tiempo que podrían conducir al cáncer”.
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