
Un nuevo estudio publicado en la revista científica Proceedings of the Royal Society B sugirió que los grillos podrían sentir dolor, tras observarse que estos insectos dedicaron tiempo a cuidar una antena lesionada, con un comportamiento comparable al de un perro que lame una pata herida.
La evidencia podría tener consecuencias importantes para las prácticas de cría y manejo de insectos, animales explotados a gran escala en la alimentación y la investigación científica, según informó el periódico británico The Guardian.
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La investigación, encabezada por el entomólogo Thomas White, profesor asociado de la Universidad de Sídney, consistió en aplicar un soldador calentado a 65 °C (149 °F) sobre una de las antenas de algunos grillos. Según el especialista, esa temperatura fue seleccionada para resultar “un poco desagradable” sin provocar daños permanentes.
El científico indicó que los grillos tratados con la sonda caliente “abrumadoramente dirigieron su atención a la antena afectada: la acicalaron más a menudo y la atendieron durante más tiempo”. El comportamiento fue observado únicamente en los individuos que sufrieron la quemadura.
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El grupo de control y los individuos expuestos a la sonda sin calentar mostraron solo una alteración momentánea antes de retomar su actividad habitual. White señaló que si se observaran respuestas similares en mascotas domésticas, serían identificadas de inmediato como signo de dolor, lo que planteó interrogantes sobre los criterios humanos para reconocer el sufrimiento en especies con menor parentesco evolutivo.
Los científicos emplearon el concepto de autoprotección flexible como indicador indirecto de dolor. Esta referencia comportamental implicó que un animal protege de forma sostenida una parte específica de su cuerpo, en contraste con un simple reflejo nervioso automático.
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En el caso de los grillos del estudio, el manejo repetido de la antena dañada cumplió con ese criterio, a diferencia de los animales que responden únicamente con movimientos automáticos tras una lesión.

Más evidencia de que los insectos pueden sufrir
Este hallazgo se enmarcó en un cambio de perspectiva sobre la experiencia subjetiva de los invertebrados. Más de 500 especialistas, entre científicos y filósofos, firmaron la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal, documento internacional de consenso que reconoció la “posibilidad realista de experiencia consciente” en todos los vertebrados y en numerosos invertebrados, entre ellos los insectos, según informó el periódico británico.
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Algunos países avanzaron en la inclusión de cefalópodos y crustáceos en sus leyes de protección animal, a partir del reconocimiento formal de la sentiencia, fenómeno en el que los insectos podrían ser considerados próximamente.
La bióloga Kate Umbers, directora ejecutiva de Invertebrates Australia y profesora asociada en la Western Sydney University, explicó que, desde el punto de vista evolutivo, los insectos podrían comprenderse como crustáceos terrestres, al compartir un ancestro común con ellos.
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Umbers señaló también que especies como las polillas bogong navegan varios cientos de kilómetros durante la noche hasta un destino desconocido, lo que evidenció capacidades cognitivas dentro del mundo de los insectos. Asimismo, investigaciones previas documentaron comportamientos lúdicos en abejorros y signos de pesimismo en abejas sometidas a estrés.

La cría industrial de grillos en el centro del debate
La pregunta sobre la capacidad de los grillos para sentir dolor fue especialmente relevante dado el volumen en que son criados. El profesor White los calificó como “las gallinas y vacas del mundo de los insectos”, pues son explotados por miles de millones —y hasta billones— para consumo humano, alimentación animal e investigación.
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Si se confirmaba que estos seres podían experimentar bienestar y sufrimiento, las condiciones y regulaciones de la industria podrían quedar sujetas a revisión ética, planteó el profesor.
La discusión sobre el dolor en los insectos hasta entonces estuvo centrada principalmente en las abejas. El nuevo trabajo amplió ese foco hacia otros grupos que, como los grillos, ocupan un lugar central en sistemas productivos a gran escala. Umbers remarcó que “los humanos habitualmente subestiman a los insectos” y alentó a reconocer la diversidad de estos animales.
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White reafirmó que los insectos no son “simplemente pequeñas máquinas”, sino animales con capacidad para aprender y tomar decisiones complejas.
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