
Soñar no ocurre solo durante la noche: la ciencia mostró que el cerebro también puede generar este tipo de experiencias cuando estamos despiertos. Este hallazgo no solo modifica una creencia arraigada, sino que también ofrece nuevas claves para comprender cómo funciona la mente en los momentos de transición entre el descanso y la actividad consciente.
El estudio, realizado por especialistas del Paris Brain Institute, analizó en detalle lo que ocurre en ese punto difuso en el que una persona comienza a quedarse dormida. Lejos de ser un simple “apagado” del cerebro, ese momento se reveló como un escenario dinámico en el que pueden surgir imágenes, ideas y sensaciones propias de la actividad onírica, incluso antes de que la persona se duerma por completo
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Estas experiencias pueden aparecer tanto de noche como durante el día. Muchas veces pasan desapercibidas porque se confunden con distracciones, fantasías o momentos de ensoñación cotidiana.
Por ejemplo, algunas personas, al quedarse en silencio o cerrar los ojos por unos segundos, perciben escenas breves y extrañas: imágenes sin sentido, recuerdos que se mezclan o situaciones que surgen sin intención.
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También puede ocurrir ese sobresalto repentino al sentir que uno se cae justo antes de dormirse. Según los investigadores, esas experiencias no son simples distracciones, sino manifestaciones de un mismo mecanismo mental que, en condiciones más profundas, da lugar a los sueños.
Metodología para captar el umbral entre vigilia y sueño
Para investigar este proceso, los científicos diseñaron un experimento con 92 participantes. El objetivo era capturar el instante exacto en el que una persona pasa de estar despierta a quedarse dormida.
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La técnica utilizada se inspiró en un método que popularizó el inventor Thomas Edison. Los voluntarios sostenían un objeto en la mano mientras descansaban. Cuando comenzaban a dormirse, el objeto caía al suelo y el ruido los despertaba de inmediato. En ese preciso momento, debían describir qué estaban experimentando segundos antes.

Este procedimiento permitió registrar lo que ocurre en el umbral entre la vigilia y el sueño, una fase conocida como estado hipnagógico. Se trata de un momento breve pero clave, en el que el cerebro empieza a desconectarse del entorno sin perder del todo la conciencia.
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Además, los investigadores registraron la actividad cerebral mediante electroencefalografía, una técnica que mide las señales eléctricas del cerebro a través de sensores colocados en el cuero cabelludo. Esto permitió relacionar las experiencias reportadas con patrones específicos de actividad neuronal.
Cuatro tipos de estados mentales
El análisis de los datos reveló que existen al menos cuatro tipos de estados mentales que pueden aparecer tanto en la vigilia como en el sueño ligero.
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El primero corresponde a pensamientos breves o recuerdos aislados, como ideas que aparecen y desaparecen rápidamente. El segundo implica una fuerte conexión con el entorno, donde la persona sigue percibiendo sonidos o sensaciones físicas.

El tercero es el más llamativo: un estado en el que surgen experiencias vívidas, extrañas y poco coherentes, muy similares a los sueños tradicionales. En este caso, la mente puede generar escenas improbables, como situaciones absurdas o combinaciones inusuales de elementos. Por ejemplo, algunos participantes describieron situaciones como resolver un crucigrama rodeados de insectos o ver figuras irreales.
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El cuarto estado se relaciona con el pensamiento dirigido, es decir, cuando la persona organiza ideas o planifica acciones de manera consciente.
Lo más relevante es que estos cuatro estados no están restringidos a un momento específico. Pueden aparecer tanto durante el día como en la transición hacia el sueño, lo que demuestra que la actividad mental es mucho más flexible de lo que se creía.
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Qué ocurre en el cerebro cuando “soñamos despiertos”
Uno de los aportes más importantes del estudio fue identificar qué cambios ocurren en el cerebro durante estas experiencias. En los momentos en los que aparecen escenas similares a los sueños, se observa una menor conexión entre dos regiones clave: el lóbulo frontal y el lóbulo occipital. El primero está asociado con el razonamiento lógico y el control consciente, mientras que el segundo procesa la información visual.

Cuando esa conexión se debilita, la parte del cerebro encargada de generar imágenes puede funcionar con mayor libertad, sin el control habitual del pensamiento racional. Esto facilita la aparición de escenas extrañas o ilógicas, características típicas de los sueños.
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En otras palabras, el cerebro puede “aflojar” el control lógico incluso estando despierto, lo que permite que surjan experiencias similares a las del sueño en cualquier momento.
Implicancias para el insomnio y la creatividad
Este descubrimiento no solo tiene valor teórico, sino también aplicaciones prácticas. Una de ellas se relaciona con el llamado insomnio paradójico, una condición en la que las personas sienten que no han dormido, aunque los registros muestran que sí lo hicieron.
Los investigadores sugieren que estas personas podrían pasar más tiempo en estados de alta conexión con el entorno, lo que les da la sensación de estar despiertas. En cambio, experimentarían menos momentos de desconexión y ensoñación, que son los que generan la percepción de haber descansado.

Comprender estos matices permite pensar en nuevas formas de evaluar y tratar los trastornos del sueño, más allá de medir solo cuánto tiempo duerme una persona.
Por otro lado, el estudio también aporta información valiosa sobre la creatividad. Ese momento intermedio entre la vigilia y el sueño podría ser especialmente fértil para generar ideas originales. Al disminuir el control racional, la mente puede establecer conexiones poco habituales, lo que favorece la innovación.
Un nuevo enfoque sobre la mente humana
Los resultados del Paris Brain Institute invitan a replantear cómo se entiende la conciencia. Lejos de ser estados completamente separados, la vigilia y el sueño forman parte de un continuo en el que el cerebro se mueve con gran flexibilidad.
Reconocer que las experiencias similares a los sueños pueden aparecer en cualquier momento no solo cambia la forma de interpretar la actividad mental cotidiana. También abre nuevas posibilidades para estudiar la imaginación, mejorar el descanso y explorar el potencial creativo de la mente.
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