Dónde se construyen las formas en el cerebro: un reciente hallazgo confirma una teoría de hace 60 años

Una investigación pone en evidencia el rol de la corteza en la interpretación visual y muestra que la diferenciación de líneas y bordes no es innata, sino resultado de conexiones que se adaptan con la experiencia

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Corteza visual iluminada en una cabeza humana sagital. Haces de luz de colores vibrantes entran por los ojos y se proyectan como líneas onduladas.
El estudio de la Universidad Técnica de Múnich identifica a la corteza cerebral como responsable de construir la percepción visual humana (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo de la Universidad Técnica de Múnich (TUM) logró resolver uno de los debates más antiguos de la neurociencia: cómo el cerebro transforma la información visual en formas reconocibles.

La investigación, dirigida por el profesor Arthur Konnerth, confirmó que la capacidad de distinguir orientaciones —como líneas horizontales o verticales— se genera en la corteza cerebral, tal como habían propuesto David Hubel y Torsten Wiesel dos neurocientíficos que ganaron el Premio Nobel por sus investigaciones sobre el sistema visual, en la década de 1960.

El hallazgo, publicado en la revista Science, obtenido mediante técnicas de ultra alta resolución y herramientas de manipulación neuronal, valida una de las teorías más influyentes sobre el funcionamiento del sistema visual y redefine el rol de distintas regiones del cerebro en este proceso.

Cómo el cerebro construye lo que vemos

Cada vez que miramos un objeto, la información visual no llega al cerebro ya “interpretada”. Primero pasa por el tálamo, una estructura que actúa como estación de relevo y envía datos básicos hacia la corteza visual.

Imagen microscópica de campo oscuro que muestra una red de neuronas verdes y células gliales rojizas con núcleos azules, sobre un fondo negro.
Las técnicas de microscopía de dos fotones y optogenética permitieron observar a nivel neuronal cómo el cerebro diferencia formas y orientaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Allí ocurre lo fundamental: la corteza toma esa información inicial y la transforma en algo comprensible. Es en esa etapa donde el cerebro empieza a diferenciar, por ejemplo, una línea horizontal de una vertical o un borde de otro.

El estudio demuestra que el tálamo aporta señales generales, pero es la corteza la que realiza el procesamiento que permite reconocer formas. En otras palabras, el “sentido” de lo que vemos no está en la información que llega, sino en cómo el cerebro la interpreta.

Desde los años 60, la teoría de Hubel y Wiesel planteaba que la visión se construye de forma progresiva: neuronas de la corteza reaccionan de manera específica a ciertas características, como la orientación de una línea.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El hallazgo valida la teoría de Hubel y Wiesel, demostrando que la especificidad de la percepción visual se genera en la corteza, no en el tálamo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque este modelo fue ampliamente aceptado, existía una duda clave: ¿esa selectividad ya venía del tálamo o se generaba recién en la corteza?

Durante décadas, no fue posible responder esta pregunta con precisión, ya que las herramientas disponibles no permitían observar el proceso en detalle.

Una tecnología que permitió ver lo que antes era invisible

El equipo de la TUM logró avanzar sobre este problema gracias a técnicas que permiten observar el cerebro en funcionamiento con un nivel de detalle sin precedentes.

Utilizaron microscopía de dos fotones, una tecnología que permite visualizar conexiones entre neuronas en cerebros vivos. A través de proteínas fluorescentes, pudieron identificar qué conexiones se activaban frente a estímulos visuales concretos, como líneas en distintas direcciones.

Cabeza humana transparente de perfil con cerebro iluminado por sinapsis rojas y azules, frente a una pantalla con líneas y patrones geométricos.
El estudio demuestra que la percepción visual es un proceso activo de interpretación cerebral y no una transferencia pasiva de información (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, aplicaron optogenética, una técnica que permite activar o desactivar neuronas mediante luz. Esto les permitió aislar el origen de las señales: si al “apagar” la corteza desaparecía la respuesta, significaba que esa información se generaba allí.

Los resultados fueron claros. Las señales provenientes del tálamo eran intensas, pero no diferenciaban orientaciones. Esa capacidad aparecía recién en la corteza cerebral.

Esto significa que el cerebro no recibe directamente la información “interpretada”, sino que la construye a partir de datos más simples.

Una forma sencilla de pensarlo es como si el tálamo enviara piezas sueltas y la corteza se encargara de armar el rompecabezas.

El rol del aprendizaje en el cerebro

El estudio también identificó diferencias clave en cómo se adaptan las conexiones neuronales. Las conexiones provenientes del tálamo se mantienen estables, mientras que las que existen dentro de la corteza pueden modificarse con la experiencia.

Este fenómeno, conocido como plasticidad sináptica, es la base del aprendizaje. Es lo que permite que el cerebro se adapte, mejore su capacidad de interpretar estímulos y refine lo que percibe con el tiempo.

Más allá de su relevancia en neurociencia, el hallazgo tiene implicancias en el desarrollo tecnológico. Los principios que describen cómo el cerebro procesa información visual ya inspiran modelos de inteligencia artificial, especialmente en sistemas de reconocimiento de imágenes.

Retrato de persona adulta con gafas, mirando al frente. Una red brillante de neuronas interconectadas emerge de su cabeza sobre un fondo difuso y cálido.
La plasticidad sináptica en la corteza cerebral explica la capacidad del cerebro para adaptarse y mejorar el reconocimiento de imágenes con la experiencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Comprender con mayor precisión cómo funciona este mecanismo permite diseñar algoritmos más eficientes, capaces de aprender y adaptarse de forma similar a los sistemas biológicos.

Los resultados respaldan las ideas de Hubel y Wiesel, que marcaron un antes y un después en el estudio del cerebro. Según destacó Konnerth, el trabajo demuestra cuán acertadas fueron aquellas hipótesis formuladas hace más de medio siglo.

La investigación no solo resuelve una discusión histórica, sino que también abre nuevas líneas de trabajo en el estudio del cerebro y su aplicación en tecnología.

Una base para entender mejor cómo percibimos el mundo

El estudio aporta una idea central: ver no es simplemente recibir información, sino interpretarla. La percepción visual surge de un proceso activo, en el que distintas regiones del cerebro cumplen roles específicos.

A partir de estos hallazgos, la neurociencia cuenta con una base más sólida para explorar cómo se construyen las imágenes en la mente y cómo ese conocimiento puede trasladarse a nuevas herramientas tecnológicas.

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