Mejorar la salud cardiovascular no basta para proteger la memoria en mayores con riesgo de Alzheimer, alerta un estudio

Un estudio multicéntrico concluye que ni el ejercicio regular ni los tratamientos farmacológicos evitan el deterioro cognitivo en adultos propensos a la enfermedad neurodegenerativa. Los detalles del trabajo publicado en JAMA Neurology

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Una persona mayor con ropa deportiva camina por un sendero en un parque soleado. Su cabeza muestra una silueta de cerebro brillante.
El estudio del Pennington Biomedical Research Center revela que controlar la presión arterial y el colesterol no previene el deterioro cerebral en adultos mayores con alto riesgo de Alzhéimer (Imagen Ilustrativa Infobae)

El vínculo entre la salud cardiovascular y el deterioro cognitivo ha sido motivo de debate en la medicina preventiva. ¿Es suficiente controlar la presión arterial o el colesterol para proteger el cerebro en la vejez?

Un estudio reciente coordinado por el Pennington Biomedical Research Center pone en duda esta idea. En adultos mayores con alto riesgo de Alzheimer, el ejercicio sistemático y los tratamientos farmacológicos no lograron evitar el empeoramiento de la función cerebral.

El ensayo clínico, publicado en la revista JAMA Neurology, se centró en personas con antecedentes familiares de demencia o con percepción subjetiva de pérdida de memoria, es decir, individuos especialmente vulnerables al deterioro cognitivo. Durante 24 meses se analizaron distintas estrategias orientadas a mejorar la salud cardiovascular.

Ilustración del sistema cardiovascular humano con el corazón, arterias rojas y venas azules dentro de un torso translúcido.
La investigación incluyó cerca de 500 adultos de entre 60 y 85 años con hipertensión y antecedentes familiares de demencia o pérdida de memoria (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación, realizada junto a ocho instituciones académicas y hospitalarias, evaluó si intervenciones intensivas —como la actividad física supervisada y el control farmacológico de la presión arterial y el colesterol LDL— podían traducirse en beneficios cognitivos medibles.

Resultados y hallazgos principales

Durante el seguimiento, los investigadores observaron mejoras claras en la salud cardiovascular. Quienes recibieron medicamentos antihipertensivos redujeron en promedio 13 puntos su presión arterial, mientras que los tratados con estatinas de alta intensidad disminuyeron su colesterol LDL en 24 puntos.

Sin embargo, estas mejoras no se reflejaron en la función cognitiva. Al evaluar la memoria y las funciones ejecutivas mediante la escala PACC (una prueba que combina distintos indicadores cognitivos tempranos), no se detectaron diferencias relevantes entre los grupos.

Ilustración vibrante que muestra un cerebro y un corazón interconectados, simbolizando la unión entre el pensamiento y la emoción para un bienestar integral. Esta imagen transmite la idea de que el cuidado de la salud mental y emocional, a través de prácticas como el mindfulness y la terapia, es esencial para el auto cuidado y la calidad de vida. (Imagen ilustrativa Infobae)
Entre las limitaciones del ensayo se destaca su duración de 24 meses y el enfoque sobre una población de alto riesgo de deterioro cognitivo (Imagen ilustrativa Infobae)

Quienes realizaron ejercicio registraron una variación mínima —de apenas 0,1 desviaciones estándar— respecto de quienes no entrenaron, un cambio considerado clínicamente irrelevante. Tampoco se observaron beneficios en quienes recibieron tratamiento farmacológico.

El equipo investigador subrayó que, si bien el control cardiovascular es positivo para la salud general, no se evidenciaron mejoras cognitivas en personas con alto riesgo de demencia durante el periodo analizado.

Participantes y diseño del estudio

La investigación fue aleatoria y multicéntrica, e incluyó a cerca de 500 personas de entre 60 y 85 años con hipertensión y factores de riesgo de deterioro cognitivo. Participaron instituciones como Texas Health Presbyterian Hospital, la Universidad de Kansas, el Albert Einstein College of Medicine y la Washington University in St. Louis.

Los participantes se dividieron en cuatro grupos: uno realizó 160 minutos semanales de ejercicio aeróbico de intensidad moderada a alta; otro recibió tratamiento farmacológico; un tercero combinó ambas estrategias; y un cuarto mantuvo la atención médica habitual como grupo control.

Un hombre mayor en ropa deportiva azul sostiene un balón medicinal, mientras un entrenador más joven con camiseta gris lo asiste en un campo verde.
La combinación de ejercicio aeróbico y tratamientos con antihipertensivos o estatinas no mostró diferencias relevantes en memoria ni funciones ejecutivas medidas por la prueba PACC (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para el tratamiento se utilizaron fármacos habituales como losartán y amlodipino para la presión arterial, junto con estatinas de alta potencia para reducir el colesterol LDL, ajustados según las recomendaciones clínicas.

Implicaciones para la prevención del Alzheimer

Los resultados plantean un desafío para las estrategias tradicionales de prevención. Según el Dr. Jeffrey Keller, director del centro, abordar de manera aislada factores como la presión arterial o el colesterol podría no ser suficiente para proteger la función cerebral.

En este sentido, los hallazgos sugieren que las políticas de salud pública deberían ir más allá del enfoque centrado exclusivamente en el sistema cardiovascular y considerar intervenciones que integren múltiples dimensiones del riesgo.

Representación digital de un cerebro humano desintegrándose en partículas, que se transforman en una neurona rodeada de estructuras geométricas simbólicas y conexiones abstractas, sobre un fondo oscuro.
Los autores recalcan la importancia de desarrollar estrategias preventivas más amplias que integren múltiples factores de riesgo más allá del sistema cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio reabre así el debate sobre cómo prevenir el deterioro cognitivo y refuerza la necesidad de desarrollar estrategias más amplias y sostenidas en poblaciones vulnerables.

Limitaciones y perspectivas futuras

Entre las principales limitaciones se destaca la duración del seguimiento, de 24 meses, que podría no ser suficiente para observar cambios a largo plazo en el cerebro. Además, el estudio se centró en personas con alto riesgo, por lo que los resultados no necesariamente se aplican a toda la población mayor.

Los investigadores subrayan la necesidad de desarrollar estudios más prolongados y con intervenciones combinadas que permitan comprender mejor cómo prevenir o retrasar el deterioro cognitivo.

El Pennington Biomedical Research Center señala que mejorar la salud cardiovascular —aunque esencial para el bienestar general— no garantiza por sí solo una protección frente al deterioro cognitivo en adultos con mayor vulnerabilidad, lo que refuerza la necesidad de estrategias preventivas más amplias y sostenidas.