Cómo la música activa el cerebro y fortalece la empatía social, según un estudio

Investigadores de la Universidad de Yale demostraron que ciertas armonías estimulan regiones neuronales vinculadas a la conexión interpersonal. Cómo este avance abre nuevas posibilidades terapéuticas y permite conocer la función biológica de los sonidos en los vínculos

Guardar
Un estudio de la Universidad
Un estudio de la Universidad de Yale demuestra que ciertas progresiones armónicas de la música activan regiones del cerebro vinculadas a la empatía y la interacción social (Imagen Ilustrativa Infobae)

La música no solo acompaña momentos compartidos, sino que también puede influir directamente en la forma en que las personas se relacionan entre sí. Desde encuentros sociales hasta experiencias colectivas como conciertos o celebraciones, su presencia parece facilitar un tipo de conexión que va más allá de lo emocional.

Ahora, un estudio de la Universidad de Yale aporta evidencia científica sobre este fenómeno al demostrar que ciertas estructuras musicales activan regiones del cerebro asociadas con la empatía y la interacción social.

La investigación, publicada en The Journal of Neuroscience, fue codirigida por AZA Allsop, profesor de psiquiatría y músico de jazz, y la neurocientífica Joy Hirsch. Sus resultados indican que determinadas progresiones armónicas —es decir, secuencias de acordes que resultan agradables y previsibles para el oído— pueden intensificar la sensación de cercanía entre personas durante interacciones cara a cara.

La investigación utilizó espectroscopia funcional
La investigación utilizó espectroscopia funcional cercana al infrarrojo para medir la actividad cerebral en tiempo real mientras los participantes interactuaban al escuchar música (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este hallazgo sugiere que la música no solo genera placer, sino que también cumple una función biológica en la cohesión social.

Qué tipo de música genera este efecto

Para estudiar este fenómeno, los investigadores seleccionaron progresiones armónicas consonantes, habituales en géneros como el jazz y el pop. Estas estructuras se caracterizan por su coherencia interna y por seguir patrones que el cerebro puede anticipar, lo que genera una sensación de estabilidad sonora.

En contraste, también se incluyeron secuencias de sonidos aleatorios, sin una organización clara, para comparar cómo reacciona el cerebro ante distintos estímulos musicales. La hipótesis era que no toda la música produce el mismo efecto, sino que ciertas configuraciones específicas son las que favorecen la conexión interpersonal.

Solo las progresiones armónicas organizadas,
Solo las progresiones armónicas organizadas, y no la música sin estructura ni el silencio, aumentaron la actividad cerebral en áreas asociadas a la percepción social y el procesamiento emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

El experimento se llevó a cabo con pares de voluntarios sentados frente a frente, manteniendo contacto visual. Durante las sesiones, los participantes atravesaban diferentes condiciones: momentos de silencio, exposición a música estructurada y escucha de secuencias desordenadas. Este diseño permitió observar cómo variaban tanto las respuestas subjetivas como la actividad cerebral según el tipo de estímulo.

Qué ocurre en el cerebro durante la interacción

Para registrar la actividad cerebral, los investigadores utilizaron espectroscopia funcional cercana al infrarrojo, una técnica que permite medir cambios en el flujo sanguíneo del cerebro en tiempo real mientras las personas interactúan de manera natural. A diferencia de otros métodos, no requiere inmovilizar a los participantes, lo que facilita el estudio de comportamientos sociales reales.

Los resultados mostraron que, cuando los voluntarios escuchaban progresiones armónicas organizadas, aumentaba la actividad en áreas cerebrales vinculadas a la percepción social, el procesamiento emocional y la interpretación de las intenciones de otras personas. Estas regiones son fundamentales para la empatía, es decir, la capacidad de comprender y responder a los estados emocionales de los demás.

La investigación utilizó espectroscopia funcional
La investigación utilizó espectroscopia funcional cercana al infrarrojo para medir la actividad cerebral en tiempo real mientras los participantes interactuaban al escuchar música (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este efecto no se observó en las condiciones de silencio ni cuando los participantes escuchaban música sin estructura. Además, muchos voluntarios manifestaron sentirse más conectados con la persona frente a ellos durante las sesiones con música organizada, lo que refuerza la relación entre actividad cerebral y experiencia subjetiva.

Según Hirsch, el estudio aporta evidencia concreta de cómo la música puede reforzar los sistemas neuronales que facilitan la interacción social, más allá de su función recreativa o estética.

Un enfoque que integra arte y ciencia

Uno de los aspectos distintivos del estudio es su enfoque interdisciplinario. Allsop, con formación en música, utilizó su experiencia como pianista y vocalista para seleccionar las progresiones armónicas adecuadas, mientras que Hirsch aportó su conocimiento en neurociencia para diseñar y analizar los experimentos.

Los resultados sugieren que la
Los resultados sugieren que la música cumple una función biológica relevante para la cohesión social, más allá de su papel recreativo o estético (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta combinación permitió abordar el fenómeno desde una perspectiva más completa, integrando la dimensión artística de la música con su impacto biológico. En este sentido, el trabajo refleja cómo disciplinas tradicionalmente separadas pueden complementarse para comprender mejor fenómenos complejos como la interacción social.

Implicaciones para la salud y la vida cotidiana

Más allá del interés científico, los hallazgos tienen posibles aplicaciones en el ámbito clínico. Los investigadores señalan que la música podría utilizarse como herramienta terapéutica para mejorar la interacción social en personas con trastornos del neurodesarrollo, como el autismo, o en individuos con ansiedad social.

Al activar circuitos cerebrales específicos, la música podría facilitar la comunicación y la conexión emocional en contextos donde estas habilidades están comprometidas. Esto abre la puerta a intervenciones más accesibles y menos invasivas, basadas en estímulos cotidianos.

Al mismo tiempo, el estudio ofrece una explicación sobre por qué la música ha estado presente en rituales, celebraciones y actividades colectivas a lo largo de la historia. Su capacidad para sincronizar respuestas emocionales y cerebrales entre individuos podría ser uno de los mecanismos que favorecieron la cohesión de los grupos humanos.