
La percepción sobre el sueño puede influir en el bienestar tanto como las horas realmente dormidas: adoptar una mentalidad flexible respecto al descanso es clave para potenciar la energía y proteger la salud emocional, incluso tras noches cortas.
Científicos que estudian el impacto de la mentalidad en la salud aseguran que la valoración personal de la calidad del sueño afecta directamente la energía, el estado de ánimo y el desempeño cognitivo, más allá de los registros objetivos, según investigaciones recientes recogidas por New Scientist.
El tradicional objetivo de alcanzar ocho horas perfectas de sueño ha sido cuestionado tras estudios realizados entre 2021 y 2023 en universidades de Estados Unidos, Reino Unido y España. Los expertos observan que modificar la mentalidad podría ser clave para sobrellevar noches de mal descanso y mantener el bienestar y la salud mental a lo largo del día.
Estudios científicos sobre percepción y calidad del sueño
Distintos experimentos confirmaron que la percepción personal puede pesar más que la propia falta de descanso. Samir Akre y su equipo en la Universidad de California en Los Ángeles estudiaron a 249 personas con depresión durante 13 semanas empleando relojes inteligentes para comparar la percepción del sueño con datos objetivos.

La investigación, detallada por New Scientist, encontró una diferencia entre la “calidad del sueño percibida” y la “calidad del sueño objetiva”. Para los autores, una simple modificación en la mentalidad sobre el sueño puede traducirse en beneficios tangibles en el bienestar.
Se identificó que quienes creían haber descansado peor de lo que realmente ocurrió mostraron menor rendimiento cognitivo, aunque los datos demostraban que habían dormido bien.
Un experimento previo manipuló la percepción de voluntarios mediante relojes alterados. Aquellos que creyeron haber dormido más tiempo —aunque en realidad solo fueran cinco horas— rindieron mejor en pruebas de atención.
Un investigador explicó que quienes creían haber dormido más obtuvieron mejores resultados. Esta diferencia psicológica produjo además cambios neuronales: la necesidad biológica de descanso disminuyó en quienes sentían haberse recuperado bien, incluso luego de una noche corta.
Factores que influyen en nuestra percepción del sueño
La percepción del descanso depende también de factores diurnos. Nicole Tang, especialista en psicología clínica de la Universidad de Warwick, identificó que la actividad física, el ánimo y la vida social influyen en la autoevaluación del sueño.
En su estudio, las personas modificaron repetidamente su percepción sobre la calidad del sueño durante el día, impulsadas sobre todo por su nivel de actividad física y bienestar emocional.

Tang observó que, según recogió New Scientist, cuando la gente realizaba más actividad física positiva, su puntuación sobre la calidad del sueño tendía a subir.
Evitar el ejercicio o anular actividades tras una mala noche puede acentuar creencias negativas y limitar la oportunidad de modificar la percepción. Tang señala que una actitud flexible facilita sobrellevar la privación temporal de sueño: “Si tu concepto de calidad del sueño no es tan rígido, puedes ayudarte a sentirte mejor”.
Cómo mejorar la percepción y los hábitos de sueño
Cambiar la manera de interpretar el descanso se presenta como una opción para quienes sufren insomnio o preocupaciones persistentes por dormir poco. El ciclo de ansiedad que deriva en insomnio puede convertirse en una profecía autocumplida.
New Scientist destaca que intervenir en la percepción ayuda a romper ese ciclo. Por su parte, Jason Ong, investigador en Nox Health, lideró un estudio que combinó ejercicios de atención plena y mediciones neurofisiológicas. Tras ocho semanas de práctica, los participantes mejoraron su autoevaluación del sueño, aunque algunas señales cerebrales asociadas a la vigilia seguían presentes.

Ong asegura que esta técnica ayuda a distanciarse de pensamientos negativos durante la noche y reducir su impacto, lo que puede impedir que el insomnio se perpetúe. Por su parte, Carlos De Las Cuevas, de la Universidad de La Laguna , advierte sobre el riesgo de expectativas excesivamente rígidas: “Incluso personas sanas pueden interiorizar el ideal de las ocho horas, aunque sus necesidades fisiológicas sean diferentes”.
Ajustar esa expectativa disminuye la preocupación y mejora la satisfacción con el descanso, sin que necesariamente aumente el tiempo dormido.
Los especialistas recomiendan conservar hábitos de descanso saludables: evitar pantallas brillantes antes de dormir, buscar luz natural al despertar y cuidar la alimentación.
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