
La idea de regresar a la luna ocupa nuevamente un lugar prioritario en los planes de exploración espacial. Más allá de los avances tecnológicos, las próximas misiones plantean una cuestión menos visible y profundamente humana: quiénes poseen la fortaleza física y mental necesaria para soportar una vida aislada a cientos de miles de kilómetros de la Tierra.
El programa Artemis, liderado por Estados Unidos, prevé vuelos tripulados alrededor del satélite natural, estancias prolongadas en su superficie y la construcción de una base cerca del Polo Sur lunar.
En ese entorno extremo, la selección de astronautas deja de centrarse solo en el rendimiento físico y pasa a priorizar la resistencia psicológica, la convivencia y la capacidad de adaptación.
El desafío de vivir lejos de la Tierra
“El espacio es un verdadero desafío”, afirmó el astronauta de la NASA Victor Glover a BBC News. Además subrayó que “es más difícil de lo que parece, y no lo decimos con suficiente frecuencia”. Glover participará en la misión Artemis II, que enviará por primera vez una cápsula Orión tripulada más allá de la luna durante un viaje de diez días.
Durante ese periodo, la tripulación compartirá un espacio reducido y no tendrá posibilidad de reabastecimiento. “Tenemos un tanque lleno de agua, y al beberla, se acaba. Tenemos comida, y al consumirla, se acaba; nadie envía un barco de reabastecimiento”, explicó el astronauta.
Incluso las tareas más simples pueden transformarse en fuentes de estrés. “La privacidad no existe”, señaló. “Puedes entrar en el compartimento de residuos e higiene, cerrar la puerta y, en cuanto enciendes la máquina, despiertas a todos”, agregó.
Qué buscan hoy las agencias espaciales
La Agencia Espacial Europea (ESA) participa activamente en la preparación de futuras misiones lunares y en la selección de perfiles aptos. Sergi Vaquer Araujo, responsable del equipo de medicina espacial de la ESA, subrayó que el criterio ya no se basa en encontrar individuos sobresalientes en un solo aspecto.
“Es muy difícil seleccionar un astronauta porque no se buscan superhumanos en ningún ámbito en particular. Se busca a alguien bueno en todos los ámbitos, y eso es extremadamente difícil de encontrar”, indicó en diálogo con BBC News.

Los requisitos médicos siguen siendo estrictos. “Cualquier enfermedad crónica que impida el funcionamiento durante la misión sería motivo de descalificación”, sostuvo Vaquer Araujo. Afecciones pulmonares, problemas cardíacos o daltonismo pueden excluir a candidatos altamente calificados.
“Estamos en una misión de exploración y no contamos con el equipo médico que tenemos en la Tierra”, advirtió. También destacó que “si alguien sufriera un ataque de asma en medio de la misión, no podríamos tratarlo como se debe”.
Además de la salud física, el proceso de selección actual prioriza la capacidad de trabajo en equipo. Durante las pruebas de la ESA, el rendimiento colectivo adquiere más relevancia que el éxito individual. “Llegó un punto en el que, para triunfar, había que perder por el bien del equipo”, explicó el especialista.
La Antártida como laboratorio humano
Para anticipar los efectos del aislamiento prolongado, las agencias espaciales utilizan entornos extremos en la Tierra. La estación Concordia, en la Antártida, funciona como uno de esos laboratorios. Allí, la cirujana británica Nina Purvis pasó un invierno completo junto a otras doce personas, sin posibilidad de evacuación.

“Se llama ‘Marte Blanco’ porque es un entorno aislado, confinado y extremo”, explicó Purvis a BBC News. Durante la noche polar, la temperatura desciende hasta los -80℃ y la base permanece totalmente aislada durante meses. “De febrero a noviembre, la estación está completamente aislada, así que tenemos que ser autónomos en cuanto a comida, combustible y atención médica”, detalló.
Para Purvis, el rasgo esencial no es técnico, sino social. “Tienes que ser una persona con la que sea agradable trabajar, eso es lo primero”, afirmó. Además de la presión y la incertidumbre, el aburrimiento representa un problema recurrente.
Por este motivo, parte de su investigación incluyó actividades de atención plena como yoga, pintura y construcción de rompecabezas, orientadas a fortalecer el bienestar mental y la cohesión del grupo.
Ensayar la vida lunar en Groenlandia
La experimentación no se limita a las agencias oficiales. En 2020, el arquitecto espacial Sebastian Aristotelis y su colega Karl-Johan Sørensen construyeron un prototipo de hábitat lunar llamado Lunark y vivieron en él durante 60 días en el norte de Groenlandia.

“Decidimos que no queríamos seguir con este tipo de conceptos. La gente ya pensaba que estábamos locos, y necesitaba ver que realmente podíamos construir algo”, relató Aristotelis.
El hábitat, fabricado en fibra de carbono y equipado con paneles solares, incluía compartimentos privados y un sistema de iluminación diseñado para regular los ritmos circadianos.
“El primer día fue tan claustrofóbico, había tanto equipo que estábamos de pie en una pequeña cápsula”, recordó. Con el paso del tiempo, el interior se transformó en un refugio ante un entorno exterior hostil.
Ese proyecto dio origen a la empresa Saga, que hoy colabora con agencias espaciales y compañías privadas en el diseño de hábitats lunares. Mientras tanto, la misión Artemis avanza y enfrenta a la humanidad a un desafío conocido, pero bajo condiciones radicalmente distintas, donde la resistencia mental y la convivencia resultan tan relevantes como la tecnología.
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