
Los bebés nacen preparados para aprender mucho antes de lo que suele creerse, y el movimiento cumple un papel central en ese proceso.
Así lo indica una serie de estudios realizados por investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), que muestran que incluso en los primeros días de vida los recién nacidos realizan movimientos voluntarios y dirigidos, fundamentales para el desarrollo cerebral.
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Lejos de limitarse a respuestas automáticas o reflejos, los bebés utilizan el movimiento como una forma activa de explorar el entorno y de organizar la información que reciben a través de los sentidos. Para los especialistas, esta capacidad temprana abre nuevas perspectivas sobre cómo se construyen las habilidades cognitivas desde el inicio de la vida. El estudio fue publicado en Neuropsychologia.
Movimiento y aprendizaje: mucho más que reflejos
La psicóloga e investigadora Audrey van der Meer, líder del proyecto en la NTNU, sostiene que el movimiento es una herramienta clave para el aprendizaje infantil. “El movimiento es, en muchos sentidos, el lenguaje del cerebro”, explica. A través de la acción, el cerebro recibe información constante que le permite establecer conexiones y anticipar lo que ocurre a su alrededor.
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En los experimentos de laboratorio, los investigadores observaron que cuando un bebé logra desplazarse por sí mismo —aunque sea de manera muy básica, usando brazos y piernas sobre una superficie— su cerebro comienza a procesar mejor la información espacial. Es decir, moverse ayuda al bebé a entender dónde está su cuerpo y cómo se relaciona con el entorno.
Uno de los ensayos más reveladores consistió en colocar pequeños pesos en los brazos de recién nacidos para ver cómo reaccionaban. Lejos de dejarse mover pasivamente, los bebés intentaban mantener sus manos dentro de su campo visual. Para los investigadores, este comportamiento indica control voluntario y coordinación entre la visión y el movimiento desde el nacimiento.
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El equipo también analizó cómo distintas formas de movimiento influyen en el aprendizaje a edades posteriores. En colaboración con Microsoft, compararon la actividad cerebral de personas que escribían a mano con lápiz y papel con la de quienes utilizaban teclados o tabletas.

Los resultados mostraron que escribir a mano activa áreas más amplias del cerebro, ya que cada letra requiere un patrón de movimientos diferente. En cambio, teclear implica gestos repetitivos que estimulan menos conexiones neuronales. Según los investigadores, esto podría explicar por qué la escritura tradicional facilita el aprendizaje de la lectura y el reconocimiento de letras, especialmente en las primeras etapas educativas.
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Natación, lenguaje y desarrollo temprano
Otro eje de investigación fue el movimiento en el agua. Un estudio de 2022, realizado junto a la investigadora Julie Borge Blystad, observó que los bebés que participan en actividades de natación desde edades tempranas desarrollan habilidades motoras antes que otros. En promedio, estos niños comenzaron a gatear varias semanas antes y mostraron un desarrollo neurológico más avanzado.
El grupo de Van der Meer también exploró el llanto como forma temprana de comunicación. En un estudio realizado en Brasil, aplicaron técnicas de aprendizaje automático para analizar el llanto de recién nacidos de distintos orígenes lingüísticos. Detectaron diferencias relacionadas con el idioma que los bebés escucharon durante el embarazo, lo que sugiere que el cerebro comienza a adaptarse al lenguaje incluso antes del nacimiento.
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Si estos resultados se confirman, el análisis del llanto podría convertirse en una herramienta útil para detectar problemas auditivos o del desarrollo en etapas muy tempranas.
Un cerebro activo desde el primer día
Para Van der Meer, estos hallazgos invitan a replantear la forma en que se concibe el desarrollo infantil. “Los recién nacidos y los bebés pequeños son mucho más capaces de lo que solemos creer. Nacen con un cerebro preparado para aprender desde el primer día”, afirma.
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Durante el primer año de vida, los bebés pasan de una dependencia total a una interacción activa con el mundo. El movimiento, lejos de ser un simple paso previo al aprendizaje, parece ser uno de sus motores principales, un proceso que sigue sorprendiendo a quienes estudian cómo se forma la mente humana desde el comienzo.
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