
Sunita Williams, astronauta de la NASA con más de 600 días acumulados en órbita y segunda mujer en la historia en asumir el mando de la Estación Espacial Internacional (en 2012), relató en el Figuring Out podcast -conducido por Raj Shamani- cómo la inesperada extensión de su reciente misión reveló desafíos y aprendizajes poco conocidos.
Durante la entrevista, abordó la soledad en el espacio, los vínculos con sus compañeros y los efectos de la adaptación física y mental a la vida lejos de la Tierra, mostrando aspectos poco difundidos de la experiencia astronauta.
Soledad y vínculos en órbita
Al analizar la soledad espacial, Williams resaltó el papel esencial de los lazos con quienes comparten la misión. “Las personas con las que vives en el espacio se convierten en tu familia”, afirmó.
Explicó que, aunque los familiares permanecen en la Tierra, los compañeros representan una “familia espacial” y constituyen un sostén cotidiano, especialmente en festividades, cuando las videollamadas ayudan a mantener el contacto con los seres queridos.

La astronauta de 60 años recordó un episodio crítico: la explosión de un satélite que generó un campo de escombros y obligó a la tripulación a activar el protocolo de Refugio Seguro. “Nos despertaron en medio de la noche para ir a nuestras propias naves. Nos abrazamos y dijimos: ‘Ojalá nos veamos en la Tierra’”, relató.
Desafíos emocionales y afrontamiento
Consultada sobre los momentos más difíciles, fue sincera: “Por supuesto que lloré. Echaba de menos a la gente y a mi mascota”. También, detalló que las emociones fluctúan tanto en la Estación Espacial Internacional (EEI) como en la Tierra y, en ese sentido, explicó que, al llorar en el espacio, las lágrimas no caen, sino que se agrupan alrededor de los ojos, lo que obliga a utilizar pañuelos.
La astronauta abordó la incertidumbre provocada por el fallo técnico que prolongó su estadía: “Supimos que no volveríamos según lo planeado. Cuando no tienes el control, lo único que puedes hacer es tener paciencia y confiar en el equipo en tierra”. Como método para sobrellevar la ansiedad, subrayó: “Vivir el momento es la mejor metodología”.
Vida cotidiana, organización y convivencia en la EEI
La vida diaria en la Estación Espacial combina rutina técnica y adaptación constante. Williams explicó que el silencio absoluto no existe: hay zumbidos permanentes, ventiladores en funcionamiento y crujidos del metal provocados por los cambios de temperatura.

Los olores suelen estar ligados a los propios tripulantes y a la comida, con aromas que varían según el menú, desde ajo hasta pescado, aunque la ventilación continua evita que se acumulen.
La convivencia exige organización y cooperación permanentes. Reconoció que cada astronauta necesita su propio espacio para guardar pertenencias y que la desorganización puede generarle ansiedad, un aspecto que debe gestionar a nivel personal.
Las tareas compartidas, desde la manipulación de alimentos y el mantenimiento del módulo hasta la colaboración en experimentos, refuerzan el trabajo en equipo. “No me gusta quedarme sin hacer nada. Siempre trato de ayudar al grupo, transfiriendo alimentos, arreglando el baño o colaborando en experimentos”, afirmó.
También mencionó que los sueños forman parte de esa vida en órbita y pueden alternar entre caminatas espaciales y escenas del regreso a la Tierra. “Incluso después de volver he soñado que sigo en el espacio”, contó.
Riesgo, entrenamiento y protocolos
Williams explicó que los astronautas se preparan durante años para enfrentar escenarios de emergencia. El incidente del satélite activó procedimientos estrictos y un margen de reacción muy acotado: “Tienes 45 minutos para prepararte y entrar en tu nave”.

Según subrayó, el riesgo es inherente a la exploración espacial, pero no se lo vive desde una mirada fatalista. “No estamos preparados para morir ni somos excesivamente optimistas. Simplemente estamos listos y conocemos los procedimientos”, afirmó, y remarcó que el entrenamiento es lo que permite responder con eficacia ante lo inesperado.
El cuerpo y los sentidos al volver a la Tierra
El regreso a la gravedad supone un proceso de readaptación exigente. “Siempre me siento un poco mareada tras regresar. El sistema vestibular necesita adaptarse otra vez a la gravedad”, explicó.
Durante las primeras 24 a 48 horas, describió una sensación similar a estar en un barco, con náuseas y desorientación, un proceso que puede extenderse cerca de un mes con acompañamiento de entrenadores físicos.

También relató cómo, tras aterrizar, los sentidos se intensifican. “Cuando se abrió la escotilla en California, el olor a tierra y salvia era abrumador. Y la sensación del agua cayendo al ducharse era inigualable”, recordó.
Memoria, observación y aprendizajes
En el plano personal, Williams relató que llevó consigo la Bhagavad Gita y una figura de Ganesh como forma de mantener un vínculo con sus raíces y su historia familiar.
Sobre la visión de la India desde el espacio, la describió como una experiencia impactante: “Durante el día los colores son impresionantes, los Himalayas son asombrosos. Por la noche, las ciudades iluminadas parecen nervios conectados entre sí”.
Entre los fenómenos que más la sorprendieron, mencionó la creciente cantidad de satélites en órbita y la observación de eventos atmosféricos poco conocidos, como los jets azules y los sprites asociados a tormentas eléctricas.
Al cierre, señaló que la extensión inesperada de la misión le dejó una enseñanza central: incluso en condiciones extremas, la empatía y la calidez humanas logran trascender fronteras, culturas y distancias.
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