
La migraña es una enfermedad neurológica crónica, distinta del dolor de cabeza común o cefalea, que puede tener más de 300 causas distintas —desde una gripe hasta una infección viral. Reconocida como la segunda causa de incapacidad global, afecta a más de 1.000 millones de personas a nivel mundial, según la OMS y al 9,5% de la población en Argentina, según el estudio de la Carga Global de las Enfermedades.
Las personas que viven con migraña suelen mostrar una sensibilidad especial en el verano. La reacción del cerebro ante el calor extremo o la luz solar directa aumenta la probabilidad de que sufran un episodio en esta estación del año.
La doctora María Teresa Goicochea, (MN 102.804), jefa de la Clínica de Cefaleas de Fleni explicó a Infobae que la migraña es una enfermedad neurológica hereditaria, que se manifiesta por episodios a repetición que pueden durar de 4 a 72 horas. En esos ataques la persona puede experimentar una variedad de síntomas, los cuales muchas veces dificultan el normal funcionamiento.

“Dentro de esos síntomas uno es el dolor de cabeza de intensidad moderado a severo, frecuentemente en mitad de la cabeza, con característica pulsátil, con náuseas o vómitos, sensibilidad a la luz o los ruidos”, afirmó la experta.
Agregó además: “Migraña no es sinónimo de dolor de cabeza, durante un ataque las personas pueden experimentar tensión en el cuello, dificultad en la concentración, cambios de humor, pérdida del apetito, bostezos, fatiga. Los síntomas pueden variar de una persona a otra entre los diferentes ataques e ir cambiando en las diferentes etapas de la vida. Métodos complementarios como los análisis de sangre y las imágenes de cerebro permiten descartar otras posibles causas".
Por su parte, la doctora Natalia Larripa (MN 137574, MP 550561), médica Neuróloga staff del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Austral e integrante de la Sociedad Internacional de Cefaleas, indicó a Infobae que la migraña es un desorden neurológico crónico y complejo que pertenece al grupo de las cefaleas primarias.

“Es decir, los dolores de cabeza que no se deben a otra enfermedad subyacente, sino que constituyen una condición en sí misma. Su rasgo distintivo es la hiperexcitabilidad cerebral, o sea, un cerebro con una sensibilidad aumentada que reacciona de forma desproporcionada frente a estímulos como la luz intensa, ciertos sonidos, olores, cambios hormonales, alteraciones del sueño o situaciones de estrés”, dijo la doctora.
Y añadió: “En muchos casos los episodios son invalidantes y obligan a aislarse del entorno. A menudo se acompañan de fotofobia (molestia con la luz), fonofobia (molestia con los sonidos), osmofobia (molestia a los olores), náuseas e intolerancia al movimiento”.
La migraña es una patología muy frecuente, con un impacto significativo en la calidad de vida, afirmó la doctora Larripa. “La Organización Mundial de la Salud la ubica entre las cinco enfermedades más incapacitantes y la señala como la primera causa de discapacidad en mujeres jóvenes".

Según los criterios diagnósticos establecidos por la Sociedad Internacional de Cefaleas, para ser diagnosticado con enfermedad migrañosa, los pacientes deben haber tenido al menos 5 ataques de dolor de cabeza que duraron entre 4 y 72 horas y los ataques deben haber tenido al menos dos de las siguientes características:
- Ubicación unilateral
- Calidad pulsante
- Intensidad del dolor moderada o severa
- Agravamiento o causa de evitación de la actividad física rutinaria
- Además, durante el dolor de cabeza el paciente debe haber tenido al menos uno de los siguientes síntomas: náuseas y/o vómitos, fotofobia y fonofobia.
Por qué en verano aumenta el riesgo de migraña

La doctora Goicochea señaló que en algunas personas el calor, la luminosidad del día, cambios abruptos en los horarios de sueño, viajes, o, por ejemplo, si están muchas horas del día sin alimentarse o con hidratación insuficiente pueden facilitar que los ataques de migraña sean más frecuentes o más intensos.
Sin embargo, aclaró, que otras personas durante las vacaciones de verano experimentan cierta mejoría, por ejemplo, “quienes se relajan al finalizar los exámenes de la facultad, colegio o excesiva carga laboral o quienes en vacaciones regularizan sus comidas, realizan ejercicio y duermen mejor”, destacó.
La doctora Larripa comentó que en verano y más particularmente durante las vacaciones, aumentan varios factores que pueden desencadenar una crisis de migraña. “La persona con migraña necesita ser constante y ordenada en sus rutinas diarias, ya que la regularidad en el sueño, las comidas, la hidratación y la actividad física ayuda a mantener estable el sistema nervioso y a reducir la aparición de crisis".
“El calor intenso y la exposición al sol favorecen la deshidratación, que es un disparador frecuente. También son comunes los cambios en los horarios de sueño, el cambio de cama y/o almohada por estar fuera de casa, los traslados prolongados en vehículos, las comidas irregulares, el mayor consumo de alcohol o el exceso en comidas y la exposición prolongada a luces /estímulos intensos. Todos estos factores pueden desencadenar más episodios de migraña".
Cuándo consultar al médico

Desde el Hospital de Clínicas, recomiendan acudir a un profesional de la salud si los dolores de cabeza presentan alguna de estas características:
- El dolor de cabeza es repentino y severo
- Afecta siempre un mismo lado de la cabeza
- Se localiza en un ojo o está precedido por trastornos visuales
- Si la persona presenta sensación de hormigueos en alguna parte del cuerpo o dificultades en el habla
- Si el dolor se asocia con confusión o desmayos
- Si empeora en frecuencia o duración
- Si interfiere en la actividad diaria
Ante sospecha de migraña, la primera consulta puede ser con un médico clínico, quien evaluará y derivará al neurólogo o especialista en cefaleas si fuera necesario.
Abordaje y tratamiento

El tratamiento de la migraña requiere una estrategia integral que combine diversas herramientas terapéuticas y siempre debe ser personalizado.
Según la doctora Goycochea, el proceso comienza “por la educación y comprensión de esta enfermedad, acompañando con hábitos de vida como la alimentación saludable, ejercicio regular, sueño reparador, herramientas para manejo del estrés”.
La especialista explicó que toda persona con migraña “necesita un tratamiento agudo efectivo, es decir la medicación necesaria para controlar los síntomas del ataque, cuyo objetivo es alivio del dolor en pocas horas, disminuir la aparición de náuseas o vómitos y procurar la recuperación de la funcionalidad de la persona”.
En coincidencia, la doctora Larripa destacó la importancia de un abordaje integral y dividió el tratamiento en tres pilares: “el tratamiento agudo, el tratamiento preventivo farmacológico y el tratamiento preventivo no farmacológico”. Detalló que el objetivo del tratamiento agudo es “aliviar la crisis cuando aparece. Cortar el dolor lo antes posible para que el episodio no progrese ni se prolongue”. En este sentido, ambas especialistas mencionaron el uso de analgésicos simples para episodios leves y, en casos moderados o severos, medicamentos específicos como triptanes o gepantes.

Respecto al tratamiento preventivo, la doctora Goycochea señaló que se indica cuando “una persona tiene una frecuencia de más de 1 día por semana de ataques de migraña o si alguno de los ataques no tiene buen control con la medicación y compromete el funcionamiento para realizar las actividades diarias”.
Enumeró varias opciones, desde fármacos clásicos como topiramato, propranolol, amitriptilina y flunarizina, hasta terapias más recientes como los anticuerpos monoclonales (Fremanezumab o Erenumab) con una aplicación subcutánea cada 30 días en Argentina, y gepantes de administración oral. También mencionó la aplicación de toxina botulínica para la migraña crónica, que se realiza en 31 puntos craneanos, con aplicación cada 3 meses.
La doctora Larripa agregó que el tratamiento preventivo farmacológico “se considera cuando las crisis son frecuentes en el mes, difíciles de controlar con el tratamiento agudo e impactan la calidad de vida”. Además, resaltó la relevancia de las medidas no farmacológicas: “Mantener horarios regulares de sueño y comidas, hidratarse bien, evitar ayunos prolongados, moderar la cafeína y el alcohol, sostener una rutina de ejercicio y manejar el estrés son medidas clave”.

Además, identificar los desencadenantes personales —como ciertos alimentos, la falta de sueño, el estrés o los cambios hormonales— y evitarlos en la medida de lo posible ayuda a disminuir la frecuencia de las crisis, señaló Larripa.
La doctora concluyó que la migraña es una patología crónica que no tiene una cura, pero el avance en neurociencias ha permitido disponer de diversas herramientas terapéuticas novedosas y especializadas para modular eficazmente la enfermedad.
Por eso, “un abordaje personalizado, que combine estos tres pilares y cuente con seguimiento médico, permite que muchas personas recuperen bienestar y dejen de sentir que su vida está siendo condicionada por esta patología".
Consejos para evitar la migraña en verano

La doctora Larripa dijo que para prevenir la migraña durante el verano, es importante mantener una buena hidratación a lo largo del día, evitar la exposición al sol en las horas de mayor calor y protegerse usando anteojos de sol y gorra.
Además, la doctora Goicochea recomendó realizar las cuatro comidas saludables, evitar el consumo en exceso de café y alcohol, dormir en forma regular y realizar actividades que faciliten relajación".
“También ayuda mantener lo más estrictamente posible las rutinas en los horarios de comidas y de sueño, evitar los excesos en la alimentación. Es importante sostener la rutina regular de ejercicio, moderar el consumo de alcohol, buscar ambientes frescos y evitar exposición prolongada al calor”, sumó Larripa.
Además, recomendó en casos específicos, seleccionar los destinos de vacaciones teniendo en cuenta factores climáticos. “Si las crisis se vuelven más frecuentes, más intensas o cambian sus características, consultar con el médico”.
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