
Un equipo de investigadores del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia (IoPPN) del King’s College London presentó la primera evidencia directa de que un aumento en la liberación de serotonina en la corteza frontal cerebral guarda relación con la gravedad de los síntomas de la esquizofrenia.
El estudio, publicado en la revista JAMA Psychiatry, marca un avance relevante al abrir nuevas perspectivas para el desarrollo de tratamientos personalizados para la esquizofrenia, una condición mental crónica que afecta a aproximadamente a 1 de cada 100 personas en el mundo y para la que aún no existe un abordaje terapéutico específico.
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Los síntomas de la esquizofrenia y el rol de la serotonina
La investigación confirmó que las personas con esquizofrenia muestran una liberación considerablemente mayor de serotonina en la corteza frontal, zona clave para la motivación y la planificación. Este aumento se asocia con síntomas como el aislamiento social, la apatía y la incapacidad para experimentar placer, describieron los investigadores.
Estos síntomas negativos constituyen obstáculos de gran peso para la recuperación y la reintegración social y laboral. Los especialistas señalan que representan uno de los mayores desafíos pendientes en la psiquiatría actual.
Durante más de seis décadas, se planteó la hipótesis de que el sistema de serotonina podía desempeñar un papel en la esquizofrenia, pero hasta este momento no se había logrado demostrarlo directamente en personas diagnosticadas con este trastorno.
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Cómo se hizo el estudio sobre esquizofrenia

El estudio incluyó a 54 participantes: 26 con diagnóstico confirmado de esquizofrenia y 28 personas sanas como grupo control.
Todos los participantes se sometieron a dos pruebas de tomografía por emisión de positrones (PET) con un radiotrazador selectivo para los receptores de serotonina cerebral.
Entre las dos pruebas, recibieron una dosis única de d-anfetamina, fármaco utilizado para estimular la liberación de serotonina. El análisis reveló reducciones notables en la unión del radiotrazador tanto en los pacientes como en los controles sanos.
El dato clave es que la liberación de serotonina fue significativamente mayor en la corteza frontal de quienes tenían esquizofrenia. Este fenómeno se relacionó estrechamente con la gravedad de los síntomas negativos y con un mayor grado de discapacidad funcional, según lo reportado por los investigadores.
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El doctor Martin Osugo, primer autor del estudio, subrayó la trascendencia de este hallazgo: “Nuestro estudio, que proporciona la primera evidencia de que la liberación de serotonina está asociada con la gravedad de los síntomas negativos, es un paso importante en este campo. Si podemos regular la serotonina, podría ser posible tratar esos síntomas”.

Además, destacó que estos resultados marcan solo el inicio de una nueva línea de investigación y remarcó la importancia de realizar estudios de seguimiento para confirmar la hipótesis.
El profesor Oliver Howes, líder del equipo, explicó: “La esquizofrenia suele tener un impacto enorme en la vida de las personas, especialmente en su motivación y función social. Existe poco conocimiento sobre el origen de estos síntomas y no hay tratamientos específicos, lo que hace urgente buscar nuevos enfoques”.
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La solidez de los resultados obtenidos por el IoPPN y publicados en una revista revisada por expertos refuerza la idea de que el sistema de serotonina cerebral se perfila como un posible objetivo farmacológico. Esta línea de trabajo abre la puerta al desarrollo de intervenciones dirigidas de manera específica a los síntomas negativos de la esquizofrenia, un campo tradicionalmente desatendido.
Los científicos del King’s College London destacan que haber identificado un sistema cerebral vinculado directamente con los síntomas negativos de la esquizofrenia sienta las bases para futuras terapias que podrían marcar una diferencia real en la vida de las personas afectadas.
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La investigación fue realizada con el apoyo del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, la organización benéfica Maudsley, el Wellcome Trust y el Centro de Investigación Biomédica Maudsley del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Atención (NIHR) británico.
Qué es la esquizofrenia y cuáles son sus síntomas

La esquizofrenia es un trastorno cerebral crónico que afecta aproximadamente al 1 % población mundial, lo que representa más de 400.000 personas en Argentina. Según especialistas del Grupo INECO —organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales, que investiga el cerebro humano a través de su Fundación INECO—, esta condición se manifiesta a través de una variedad de síntomas, entre los que destacan las alucinaciones (percepciones de imágenes o sonidos inexistentes) y las ideas delirantes (creencias falsas, como sentirse perseguido sin motivo real).
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Además, la enfermedad impacta en las emociones y la motivación, generando aplanamiento afectivo y dificultades para mantener la actividad cotidiana.
El inicio suele producirse entre la adolescencia y los 30 años. Los primeros signos pueden ser sutiles y difíciles de distinguir de otros cambios propios de la juventud o de estados depresivos: retraimiento social, irritabilidad, pensamientos inusuales y alteraciones en el sueño.
A menudo, la aparición de un episodio agudo, conocido como “brote”, marca el comienzo evidente del cuadro, con síntomas psicóticos como alucinaciones, delirios y desorganización del pensamiento. Durante estos episodios, la persona puede perder contacto con la realidad, experimentar ansiedad intensa y mostrar una conducta desorganizada.
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La evolución de la esquizofrenia tiende a ser crónica, con recaídas frecuentes especialmente si se abandona el tratamiento. La adherencia a las terapias es clave, ya que 8 de cada 10 pacientes que suspenden la medicación presentan recaídas.

El deterioro progresivo, manifestado como disminución del interés, la voluntad y la expresión emocional, depende de múltiples factores, como el tipo de esquizofrenia, la frecuencia de los episodios y la constancia en el tratamiento.
El diagnóstico requiere una evaluación psiquiátrica y psicológica integral, que involucra tanto al paciente como a su entorno familiar. Aunque no existen pruebas de laboratorio específicas, los estudios de neuroimagen y las evaluaciones neurocognitivas pueden aportar información sobre el funcionamiento cerebral, en especial sobre la memoria, la atención y la toma de decisiones.
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En cuanto a las causas, los especialistas indican que la esquizofrenia es una enfermedad multicausal, en la que se combinan factores genéticos y ambientales capaces de alterar el desarrollo cerebral.
La teoría dopaminérgica sugiere que un aumento de la actividad de la dopamina en ciertos circuitos cerebrales contribuye a la aparición de alucinaciones y delirios, mientras que la hipótesis del neurodesarrollo plantea que alteraciones en la organización cerebral, originadas incluso antes del nacimiento, pueden predisponer a la enfermedad.
Existen distintas formas clínicas, como la esquizofrenia simple (caracterizada por apatía y falta de iniciativa), la hebefrénica (inicio juvenil y comportamiento desorganizado), la paranoide (predominio de delirios y alucinaciones) y la catatónica (alteraciones motoras severas). La presentación, el curso y la respuesta al tratamiento pueden variar considerablemente entre las personas.
El abordaje de la esquizofrenia combina tratamientos farmacológicos —principalmente antipsicóticos clásicos y de nueva generación— con intervenciones psicosociales.
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