
¿Alguna vez te preguntaste por qué algunas imágenes resultan irresistiblemente atractivas mientras otras nos pasan desapercibidas o incluso nos resultan incómodas? Más allá del gusto personal, la belleza visual tiene una base biológica sorprendente: recientes hallazgos de la Universidad de Toronto demuestran que el cerebro humano prefiere aquellas imágenes que puede procesar de manera más eficiente, consumiendo menos energía.
Los hallazgos publicados en la revista PNAS Nexus proponen una teoría que redefine el concepto de estética y plantea que la apreciación de la belleza podría estar influida por una necesidad evolutiva de optimizar el uso de energía.
PUBLICIDAD
El experimento: medir la energía del cerebro ante imágenes
El equipo dirigido por Yikai Tang en la Universidad de Toronto empleó métodos innovadores para descubrir cómo el cerebro responde ante cientos de imágenes diferentes. En primer lugar, utilizaron un modelo computacional avanzado conocido como VGG19, capaz de simular el funcionamiento del sistema visual. Este modelo sirvió para calcular cuántas neuronas serían necesarias para procesar nada menos que 4.914 imágenes de objetos y escenarios diversos.
Luego, solicitaron a 1.118 personas que calificaran de manera rápida y espontánea estas imágenes, puntuando su atractivo visual. Así, pudieron comparar el “esfuerzo cerebral estimado” con la reacción estética humana, captando esas primeras impresiones que suelen ser automáticas e inconscientes.
PUBLICIDAD

Pero el estudio fue más allá: recurrieron a técnicas de neuroimagen funcional en cuatro voluntarios, midiendo cómo cambia la actividad cerebral, especialmente en zonas dedicadas a procesar imágenes visuales. Analizaron qué sucede en zonas del cerebro vinculadas con el reconocimiento de imágenes, como aquellas relacionadas con la percepción visual básica, la identificación de rostros y de lugares.
Eficiencia energética: el truco evolutivo detrás de lo bello
Los resultados obtenidos por el grupo de Tang revelan un patrón claro: el cerebro humano tiende a preferir imágenes que le demandan menos esfuerzo metabólico procesar. Las personas, de forma constante, otorgaron puntajes más altos a aquellas imágenes que requerían menos energía neuronal para ser entendidas. Este hallazgo apoya la idea de que, bajo la superficie de nuestros juicios estéticos, existe una poderosa tendencia evolutiva a conservar recursos.
PUBLICIDAD
Para entenderlo, pensemos en nuestros ojos y cerebro como una computadora: si le pedís a la máquina que abra un archivo muy simple, lo hará rápido y sin apenas gastar batería. Pero si el archivo es pesado y complejo, la computadora “se agota”. Algo similar ocurre con el cerebro.

Imágenes extremadamente simples, como una habitación totalmente blanca, resultan muy fáciles de procesar (pero aburridas y poco estimulantes), mientras que las imágenes excesivamente complejas o extrañas pueden resultar cansadoras, pues obligan al cerebro a esforzarse y gastar energía, generando incluso molestia. El estudio sugiere que existe un “punto justo”: imágenes que equilibran novedad y simplicidad son las más placenteras porque captan nuestra atención sin exigir un alto coste biológico.
PUBLICIDAD
Una nueva perspectiva sobre la belleza y la evolución
Según la Universidad de Toronto, el cerebro humano gasta casi un 20% de toda la energía del cuerpo, y el sistema visual utiliza cerca del 44% de ese consumo. Por eso, elegir estímulos visuales que brinden interés pero no resulten agotadores fue, probablemente, una ventaja evolutiva.
Los hallazgos de Tang ofrecen una explicación unificadora que conecta antiguas teorías sobre la percepción visual, el confort, la familiaridad y la complejidad de las imágenes. El modelo propuesto por el equipo canadiense sostiene que la atracción estética automática surge fundamentalmente de los mecanismos internos con los que el cerebro intenta ahorrar energía mientras se mantiene estimulado.
PUBLICIDAD

En otras palabras, la belleza visual podría ser la señal de que una imagen está en el equilibrio justo entre lo novedoso y el bajo esfuerzo metabólico: ni demasiado simple ni excesivamente complicada. Así, lo que llamamos “bello” sería el reflejo de la tendencia natural del cerebro a buscar estímulos que resulten satisfactorios sin agotar sus recursos.
Con este descubrimiento, la ciencia aporta una perspectiva innovadora sobre por qué nos fascina lo que vemos: la preferencia estética no es solo una cuestión de cultura o experiencias previas, sino también un sofisticado mecanismo biológico que vela por nuestro bienestar y eficiencia.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La revista Nature analizó la sospecha de peste en un laboratorio de Rusia: cuál es el riesgo de un brote
El fallecimiento de una investigadora de 28 años activó estrictos controles sanitarios y el monitoreo preventivo de la OMS. Las dudas que persisten sobre el caso, según un reportaje en la reconocida publicación científica

Avance en fertilidad masculina: trasplantan a un joven tejido testicular preservado antes de la quimioterapia
Un procedimiento experimental realizado en Reino Unido busca comprobar si células conservadas durante tres años pueden reactivar la producción de espermatozoides. Los médicos evaluarán los resultados dentro de ocho meses

Qué es el divorcio del sueño y cómo afecta la salud de una pareja
Dormir separados no siempre daña la relación, pero ignorar el impacto del descanso compartido sí puede hacerlo, según investigaciones recientes

La promesa de un tratamiento para quienes no pueden exponerse al sol
Un ensayo clínico en fase final evalúa si la bitopertina reduce el dolor que provoca la luz en personas con protoporfiria eritropoyética

“La humanidad todavía tiene capacidad de actuar”: The Lancet enumeró las 17 amenazas a la salud global del siglo XXI
Una comisión internacional de científicos examinó escenarios en 204 países para estimar los años de vida saludable que podrían perderse y el margen que aún existe para reducir esas pérdidas



