
El consumo habitual de gaseosas azucaradas y de sus versiones light se asocia con un mayor riesgo de daño hepático, según un estudio presentado en el encuentro anual de “United European Gastroenterology”, una organización sin fines de lucro que combina las sociedades europeas dedicadas a promover la salud digestiva.
La investigación, que analizó a más de 123.000 adultos del Reino Unido durante más de una década, concluye que incluso una sola lata diaria de cualquiera de las bebidas (con o sin azúcar) puede aumentar de forma significativa la probabilidad de desarrollar enfermedad hepática grasa metabólica (MASLD es su sigla en inglés).
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El estudio fue realizado por un equipo de investigación liderado por Lihe Liu, estudiante de posgrado en el Departamento de Gastroenterología del Hospital de la Universidad Soochow en Suzhou, China.
Los datos del estudio muestran que quienes consumen más de 250 gramos al día de bebidas light presentan un 60% más de riesgo de padecer MASLD, mientras que el riesgo para quienes prefieren las gaseosas azucaradas se eleva en un 50%.
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Durante el seguimiento de 10,3 años, 1.178 participantes desarrollaron MASLD y 108 fallecieron por causas relacionadas con el hígado.

Además, el consumo de bebidas light se asoció con un mayor riesgo de mortalidad hepática, algo que no se observó con las bebidas azucaradas tradicionales.
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Ambas categorías, sin embargo, se vincularon con un aumento en la acumulación de grasa en el hígado.
Enfermedad hepática grasa: qué es

La enfermedad hepática grasa metabólica (MASLD), antes llamada enfermedad hepática grasa no alcohólica, consiste en la acumulación de grasa en el hígado.
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Esta condición puede causar inflamación, dolor, fatiga y pérdida de apetito. MASLD se ha convertido en la enfermedad hepática crónica más frecuente a nivel global y afecta a más del 30% de la población mundial.
Su prevalencia y su papel como causa creciente de muertes relacionadas con el hígado la han situado en el centro de la preocupación sanitaria internacional.
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Lihe Liu, autora principal del estudio, explicó a través de un comunicado que las gaseosas azucaradas han sido objeto de escrutinio durante años, mientras que sus alternativas light suelen considerarse opciones más saludables.
Sin embargo, ambas se consumen ampliamente y sus efectos sobre la salud hepática no se comprendían del todo.
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Liu detalló que el alto contenido de azúcar de las gaseosas tradicionales puede provocar picos rápidos de glucosa e insulina en la sangre.
También puede favorecer el aumento de peso y elevar los niveles de ácido úrico, factores que contribuyen a la acumulación de grasa en el hígado.
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En el caso de las bebidas light, el estudio sugiere que podrían alterar la microbiota intestinal. Eso no es todo.
El consumo de las bebidas light podría interferir con la sensación de saciedad, estimular el deseo de consumir dulces y hasta inducir la secreción de insulina, que son mecanismos que también pueden dañar el hígado.
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El equipo de investigación recomendó entonces limitar tanto las gaseosas azucaradas como las light.

Esos consejos deben darse como parte de una estrategia integral de prevención, no solo para proteger el hígado sino también la salud metabólica y cardiovascular.
Los datos indican que sustituir cualquiera de estas bebidas por agua reduce el riesgo de MASLD: un 12,8% menos para quienes dejan las gaseosas azucaradas y un 15,2% menos para quienes abandonan las versiones light.
En cambio, reemplazar una por la otra no ofrece ningún beneficio en términos de riesgo hepático.
En cambio, el agua representa la opción más segura para cuidar el hígado y mantener una hidratación adecuada, ya que no añade carga metabólica ni favorece la acumulación de grasa en este órgano.
Por qué hay que tomar agua segura

Beber agua segura en lugar de gaseosas beneficia la salud de varias formas, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos.
El agua hidrata el cuerpo sin aportar calorías ni azúcares y favorece el control del peso. Las gaseosas contienen grandes cantidades de azúcar, lo que aumenta el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Además, las gaseosas contribuyen a la aparición de caries y pueden afectar la salud renal y ósea, especialmente las que aportan ácido fosfórico.
El agua ayuda a los riñones a eliminar toxinas de manera eficiente y apoya las funciones corporales. Elegir agua como bebida principal ayuda a prevenir enfermedades y mantener un equilibrio saludable en el organismo
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