
Los productos ultraprocesados son alimentos que se elaboran de manera industrial e incluyen ingredientes que no se encuentran comúnmente en la cocina casera, como aditivos, conservantes y saborizantes artificiales.
Suelen ser altos en azúcar, sal y grasas poco saludables; y se los asocia con el desarrollo de trastornos como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y los problemas metabólicos.
Científicos de la Universidad McGill, en Montreal, Canadá, y de la Universidad de Helsinki, en Finlandia, descubrieron más evidencias para señalar que el consumo de ultraprocesados puede tener su impacto en el cerebro humano. Fueron publicadas en la revista npj Metabolic Health and Disease.
Descubrieron que consumir muchos alimentos ultraprocesados puede afectar áreas del cerebro que controlan el hambre y la recompensa, como el núcleo accumbens (que regula el placer al comer) y el hipotálamo (que controla el hambre).

Esos cambios cerebrales no solo ocurren por ganar peso, sino también debido a alteraciones metabólicas, como la inflamación o los problemas con los niveles de grasa en la sangre.
En otras palabras, el consumo de alimentos ultraprocesados parece modificar el cerebro de una manera que podría fomentar la sobrealimentación. Además, se crearía un ciclo en el que las personas quieren seguir comiendo más de ese tipo de productos.
Los investigadores aclararon que, si bien el estudio fue observacional y con 33.654 participantes, aún se necesitan más investigaciones para confirmar si los cambios cerebrales son directamente causados por los ultraprocesados.
Al ser consultado por Infobae, el neurocientífico Filip Morys, quien lideró el estudio, expresó: “Necesitamos estudios de intervención que cambien la dieta de las personas y luego observen cómo esos cambios dietéticos afectan al cerebro. Se trata de estudios muy complejos que requieren semanas, incluso meses, de cambios en la dieta para observar los efectos, pero que proporcionarían un vínculo directo entre el consumo de los ultraprocesados y los cambios cerebrales”.
¿Qué alimentos son ultraprocesados?

Los alimentos ultraprocesados son aquellos que han sido sometidos a procesos industriales que modifican sus características originales y que contienen ingredientes no comunes en la cocina casera, como conservantes, colorantes, edulcorantes artificiales y potenciadores del sabor.
Ejemplos típicos incluyen refrescos o gaseosas, galletas, cereales azucarados, comidas rápidas, snacks y productos congelados como pizzas preelaboradas.
A partir de estudios científicos, ya hay evidencias que asocian al consumo de ultraprocesados con diversos efectos adversos para la salud, como el aumento del riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y trastornos metabólicos. Además, su consumo elevado está relacionado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
¿Cómo afectan los ultraprocesados al cerebro?

Con sus colaboradores, el doctor Morys se propuso analizar cómo los productos ultraprocesados afectaban áreas cerebrales involucradas en la regulación del hambre y la recompensa. Para llevar a cabo el estudio, los investigadores utilizaron datos del Biobanco del Reino Unido, una base de datos que contiene información de salud y comportamientos de más de 500.000 personas.
Se centraron en observar los cambios cerebrales mediante imágenes por resonancia magnética, mientras que también se analizaron los efectos del consumo de ultraprocesados sobre indicadores metabólicos, como la inflamación y los niveles de lípidos en sangre.
Los resultados mostraron que un alto consumo de esos productos está relacionado con alteraciones en la microestructura cerebral, particularmente en áreas clave como el núcleo accumbens y el hipotálamo, que regulan el control alimentario.

Estos efectos no solo se explican por la obesidad, sino que también están vinculados a mecanismos metabólicos, como la inflamación y cambios en los niveles de lípidos. Esto sugiere que los ultraprocesados afectan el cerebro de maneras más complejas que el aumento de peso.
Los investigadores sugieren que el consumo frecuente de ultraprocesados altera el sistema de recompensa del cerebro. Este cambio podría hacer que las personas experimenten un mayor deseo de comer más, ya que el cerebro asocia estos alimentos con una mayor recompensa.
Ingredientes como emulsionantes y endulzantes artificiales pueden intensificar la respuesta de recompensa en el cerebro; la cual, combinada con el placer que estos alimentos proporcionan, puede generar un ciclo de retroalimentación en el que las personas buscan constantemente más ultraprocesados.
¿Cómo se pueden reducir los problemas por los ultraprocesados?

Tras los resultados del estudio, los investigadores propusieron varias estrategias para reducir los efectos negativos de los ultraprocesados sobre la salud y el cerebro.
En primer lugar, sugieren que las personas adopten una dieta balanceada, rica en alimentos mínimamente procesados. “La reducción del consumo de alimentos ultraprocesados y el aumento de la ingesta de alimentos frescos y nutritivos pueden mejorar la salud cerebral y prevenir enfermedades metabólicas”, afirmaron.
Además, recomendaron que los gobiernos establezcan políticas públicas que promuevan una alimentación más saludable y limiten la disponibilidad de los ultraprocesados. Al tiempo que enfatizaron la importancia de la educación nutricional, para que las personas comprendan los riesgos asociados con estos productos y tomen decisiones informadas sobre su dieta.

“El estudio publicado suma pruebas claves al corpus de evidencia científica que demuestra el impacto negativo de la ingesta de los ultraprocesados en la salud. En este caso se sugiere que su consumo no solo hace que aumente la grasa en el cuerpo y empeore el funcionamiento del metabolismo, sino que también puede afectar las zonas del cerebro que regulan el hambre y la saciedad”, destacó María Victoria Tiscornia, una nutricionista e investigadora de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FIC Argentina) al ser consultada por Infobae.
Para la experta, los resultados son preocupantes “porque esos cambios en el cerebro, refuerzan el deseo de seguir comiendo ultraprocesados, lo que lleva al sobreconsumo”.
Para reducir el consumo de esos productos se recomienda implementar distintas políticas que lo desincentiven. “Entre estas medidas se destacan el etiquetado frontal, que se encuentra vigente en Argentina desde el 2022. La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable busca reducir el consumo de ultraprocesados a través del etiquetado, la prohibición de publicidad dirigida a niños y la oferta de estos productos en escuelas. Es un paso clave para transformar el entorno alimentario, por lo que es fundamental abogar para su implementación adecuada y efectiva”, concluyó.
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