
Conocidos como “químicos eternos” por su capacidad para resistir la degradación, los PFAS han invadido el aire, el suelo y, lo más preocupante, el agua subterránea de miles de comunidades. Un ejemplo de esto ocurre en Carolina del Norte, donde un nuevo estudio ha revelado que estas sustancias tóxicas podrían tardar más de 40 años en desaparecer del agua, incluso si se dejaran de emitir hoy mismo.
Presentes en productos tan cotidianos como sartenes antiadherentes y algunos envases de comida, los PFAS representan una amenaza latente para la salud pública. Investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (NC State) advierten que miles de pozos privados siguen contaminados, afectando a comunidades que dependen de estas fuentes de agua potable. El estudio fue publicado en la revista científica Environmental Science & Technology.
El equipo liderado por David Genereux, profesor de ciencias marinas, atmosféricas y de la tierra en NC State, recolectó muestras de agua en dos cuencas cercanas a la planta Fayetteville Works. En ellas, se encontraron niveles preocupantes de PFAS, compuestos utilizados en la fabricación de productos industriales y que, debido a su resistencia a degradarse, persisten en el ambiente por décadas.

“Hay una enorme área de agua subterránea contaminada con PFAS, que incluye tanto tierras residenciales como agrícolas”, explicó Genereux, señalando que más de 7.000 pozos privados están directamente afectados por esta contaminación. Además, el agua subterránea contaminada fluye hacia los afluentes del río Cape Fear, extendiendo el problema hacia ciudades como Wilmington.
Los análisis realizados mostraron que dos de los PFAS más comunes, HFPO−DA y PMPA, se encontraron en concentraciones de 229 y 498 nanogramos por litro (ng/L), respectivamente, superando ampliamente los 10 ng/L establecidos por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) como límite seguro para el agua potable.
Los PFAS, al ser altamente persistentes, fueron detectados en aguas subterráneas con una antigüedad de hasta 43 años. Según el estudio, las concentraciones actuales podrían mantenerse por más de 40 años, incluso sin emisiones adicionales, debido a la lenta velocidad de dispersión natural del agua subterránea y a la capacidad de estos químicos para quedarse atrapados en capas de baja permeabilidad.

El impacto de estas sustancias en la salud es motivo de creciente preocupación. Estudios recientes han vinculado la exposición a estos químicos con una variedad de problemas de salud.
Según un informe publicado en Infobae, los PFAS “pueden persistir en el medio ambiente durante décadas”, y se encuentran en productos como “utensilios de cocina antiadherentes y champú”. La gran mayoría de los estadounidenses tiene “niveles detectables de PFAS en la sangre”, lo que refuerza la urgencia de adoptar medidas para reducir su presencia en el ambiente.
Un informe de la Universidad del Sur de California (USC), destacado por Infobae, señaló que “cuatro de los siete tipos de PFAS examinados se relacionaron con problemas de sueño”. Los investigadores descubrieron que los jóvenes con mayores niveles de estas sustancias en su sangre dormían, en promedio, 1 hora y 20 minutos menos cada noche.
Además, el coautor del estudio Shiwen Li advirtió que “el impacto de los PFAS en el sueño podría tener implicaciones políticas”, ya que la falta de descanso se ha vinculado a problemas neurológicos, diabetes tipo 2 y Alzheimer.

El riesgo no se limita al sueño. Otro estudio realizado en Italia, citado por Infobae, mostró que la exposición prolongada a PFAS está asociada con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas. Según Annibale Biggeri, de la Universidad de Padua, “es la primera vez que se encuentran pruebas sólidas de una relación entre la exposición a PFAS y la mortalidad cardiovascular”.
El estudio, basado en los registros de fallecimientos en la región del Véneto, también sugirió un aumento en los casos de cáncer de riñón y testículo debido al consumo de agua contaminada.
El efecto sobre el desarrollo hormonal es otra área de preocupación. Según un estudio de la Universidad de Cincinnati, también citado por Infobae, la exposición a PFAS podría retrasar la pubertad en niñas, lo que aumenta su riesgo de desarrollar cáncer de mama, enfermedades renales y problemas tiroideos.
La investigadora principal Susan Pinney explicó que “la pubertad es una ventana de susceptibilidad”, y prolongar la exposición a PFAS en este periodo crítico del desarrollo puede incrementar los riesgos de problemas de salud a largo plazo.

Además de estar presentes en el agua y el cuerpo humano, los PFAS siguen siendo parte de muchos productos de consumo diario. Según otro informe de Infobae, “más de 200 sustancias químicas, incluidas las PFAS, migran desde los envases plásticos hacia los alimentos que consumimos diariamente”. Este hallazgo es alarmante, ya que estas sustancias han sido detectadas en la sangre, los tejidos humanos e incluso en la leche materna, demostrando su capacidad para acumularse y permanecer en el organismo por largos periodos.
El estudio de NC State y los descubrimientos de otras investigaciones globales confirman que los PFAS representan un grave riesgo para la salud pública. Mientras los científicos continúan investigando los efectos a largo plazo de estas sustancias, es fundamental que los legisladores tomen medidas más estrictas para limitar su uso y regular su presencia en productos de consumo.
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