
Tras una investigación con equipos de alta tecnología en la que participaron 174 pacientes, el Hospital Garrahan implementó un novedoso estudio no invasivo para la detección de esteatosis hepática, hígado graso, en niños, niñas y adolescentes con factores de riesgo.
El estudio permite la medición precisa de la grasa en el hígado -esteatosis hepática- una condición que puede evolucionar en una fibrosis. La evaluación, que anteriormente se realizaba con una biopsia o en forma subjetiva comparando el brillo de la ecografía respecto del riñón, los vasos portales y el diafragma, ahora se puede llevar a cabo con ecógrafos de última generación que permiten una evaluación multiparamétrica en pacientes con obesidad y sobrepeso.
La Enfermedad Hepática Grasa No Alcohólica (NAFLD, según la sigla en inglés) se caracteriza por el depósito de grasa en el hígado y otros cambios, que van desde inflamación en ese órgano y, en ocasiones, la presencia de fibrosis, y hasta cirrosis en personas sin antecedentes de ingesta de alcohol.

¿Por qué algunos menores de edad sufren esta enfermedad? Se estima que entre el 3 y el 10% de los niños en los países occidentales pueden estar afectados por la NAFLD y estas cifras son aún mayores en individuos obesos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos de obesidad y sobrepeso infantil se han triplicado en la última década. El sobrepeso es hoy una verdadera epidemia, como consecuencia de un estilo de vida sedentario, caracterizado por la permanencia de niños y adolescentes por tiempos muy prolongados frente a las pantallas, con actividad física insuficiente y el acompañamiento de una dieta hipercalórica y desequilibrada.
El hígado graso muchas veces tiene consecuencias, ya que aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, presión alta, enfermedades cardiovasculares o cirrosis hepática. Es por ese motivo que es importante detectar la enfermedad en un estadio temprano. Se aconseja a los padres hacer revisar a los niños con mucho sobrepeso regularmente desde los nueve años.
“Es un orgullo y a la vez una enorme satisfacción seguir innovando en estudios no invasivos que mejoran la calidad del diagnóstico de niños, niñas y adolescentes a partir de la incorporación de tecnología y el estímulo de la investigación”, indicó la directora médica ejecutiva del Garrahan, Patricia García Arrigoni.

¿Cómo es la evaluación?
El estudio para detectar el hígado graso incluye una ecografía modo B, en tiempo real, que brinda información cualitativa. En segundi lugar, el doppler evalúa la estructura vascular. Posteriormente hay una medición del coeficiente de atenuación, ATI, que brinda valores del contenido graso hepático, y una elastografía, que busca fibrosis en el hígado. Todos los métodos se pueden realizar en el mismo momento, sin anestesia o sedación y con el mismo equipo que se utiliza también para todo tipo de ecografías.
La idea inició en 2021, a partir de una propuesta para probar el método durante 4 meses con un equipo similar a manera de demostración. Entonces se realizó la investigación con un grupo de 27 pacientes sin factores de riesgo para esteatosis y otro grupo de 147 con factores de riesgo (obesidad, sobrepeso, diabetes, hipercolesterolemia, etc.) con resultados concluyentes y sin fallas técnicas.
“El principal beneficio es la medición precisa, cuantitativa y reproducible del grado de esteatosis, especialmente en los estadios tempranos que también permite evaluar el resultado del tratamiento”, dijo Esteban Dardanelli, jefe del servicio de Ecografía del Garrahan y especialista en Diagnóstico por Imágenes.

Factores de riesgo
Anteriormente, la nutricionista Romina Pereiro le explicó a Infobae: “El hígado graso está muy relacionado con el síndrome metabólico, que es la sumatoria de varias complicaciones para la salud como el sobrepeso, la obesidad, la hipertensión, la diabetes, etcétera. Si no se trata a tiempo, el hígado puede empezar a perder la funcionalidad del órgano y puede evolucionar en una cirrosis”.
De acuerdo a Pereiro, este cuadro “casi no da síntomas en la etapa temprana: como puede avanzar de manera silenciosa y causar una cirrosis o un cáncer de hígado, hoy los médicos alertan que hay que prestarle más atención”.
En ese tono, los expertos de Mayo Clinic describieron que, “para algunas personas, este exceso de grasa actúa como una toxina para las células hepáticas, lo que causa inflamación del hígado y esteatohepatitis no alcohólica, lo que puede llevar a una acumulación de tejido cicatricial del órgano”.
A su vez, desde el centro de salud estadounidense apuntaron los siguientes factores de riesgo:
-Colesterol alto
-Niveles altos de triglicéridos en la sangre
-Síndrome metabólico
-Obesidad, particularmente cuando la grasa se concentra en el abdomen
-Síndrome del ovario poliquístico
-Apnea del sueño Diabetes tipo 2
-Baja actividad de la tiroides (hipotiroidismo)
-Baja actividad de la glándula pituitaria (hipopituitarismo)
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