
Albergar a la población urbana en edificios de madera es una posibilidad en el futuro próximo. El acero convencional y el hormigón con el que se erigen las ciudades que conocemos van en camino a emitir más de 100 mil millones de toneladas de gas de efecto invernadero. Por lo tanto, la necesidad de respuestas es urgente.
Aquellas preocupantes cifras fueron relevadas en un estudio del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático. La investigación sugirió que, además de la cosecha de los bosques naturales, se requieren plantaciones recién establecidas para suministrar madera para la construcción.
De acuerdo a este trabajo científico -que se publicará próximamente en Nature Communications- más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y, para el año 2100, este número aumentará significativamente. “Esto quiere decir que se construirán más viviendas con acero y hormigón, la mayoría de las cuales tienen una huella de carbono importante”, explicó Abhijeet Mishra, científico de la Instituto Potsdam y autor del estudio.

La madera es un recurso renovable con una huella de carbono considerablemente menor a la de cualquier material utilizado para la construcción. ¿El motivo? Los árboles absorben dióxido de carbono de la atmósfera para crecer.
El desafío de levantar nuevas ciudades
“La producción de madera de ingeniería libera mucho menos dióxido de carbono que la producción de acero y de cemento. La madera de ingeniería también almacena carbono, lo que convierte a las ciudades de madera en sumideros de carbono únicos a largo plazo”, indicó Mishra, alentando la tesis a la que llegó con su equipo.
Para el año 2100, según el estudio del Instituto Potsdam, las ciudades de madera podrían ahorrar más de 100 mil millones de CO2, equivalentes al 10% del presupuesto de carbono restante para el objetivo mundial de 2 °C relacionado a la lucha contra el cambio climático.
En el informe, los científicos estudiaron cuatro escenarios distintos en el uso de la tierra. Uno de ellos con materiales de construcción convencionales como cemento y acero, mientras que los tres restantes fueron pensados con una demanda de madera adicional a la ya disponible en la actualidad.

Las consecuencias a tener en cuenta
Los expertos a cargo de Mishra analizaron cuáles podrían ser las consecuencias en las emisiones de carbono directas e indirectas a la hora de utilizar este material. “Nuestra simulación muestra que se puede producir suficiente madera para nuevos edificios urbanos de mediana altura sin una gran repercusión en la producción de alimentos”, explicó el científico Florian Humpenöder, coautor del proyecto.
“La madera se obtiene de plantaciones y de bosques naturales. La mayoría de las plantaciones adicionales necesarias -aproximadamente 140 millones de hectáreas- se puede establecer en áreas forestales cosechadas y, por lo tanto, no será a costa de las tierras agrícolas”, agregó Humpenöder.
John Schellnhuber, director emérito del Instituto Potsdam, celebró los resultados del estudio y sumó su visión sobre el asunto: “Esta podría convertirse en la solución climática que hemos estado buscando desesperadamente. Si se integran cuidadosamente, los sectores de la tierra y la construcción pueden eliminar y almacenar carbono de la atmósfera sin poner en peligro la seguridad alimentaria o la biodiversidad”.

Un proyecto que no funcionó
Más allá de la teoría y de los resultados científicos, algunos entusiastas han intentado recorrer el camino del cuidado del medio ambiente con ciudades de madera. En el año 2018 la empresa canadiense Sidewalk Labs, ligada a Google, promovió una particular iniciativa en la ciudad de Toronto.
Este proyecto consistía en la creación de un vecindario erigido con edificios de madera prefabricados, en el marco de un nuevo modelo de desarrollo urbano. “Buscamos alcanzar los más altos niveles de sostenibilidad, oportunidades económicas, vivienda asequible y nueva movilidad”, anunciaban oficialmente. Sin embargo, a pesar del entusiasmo, la pandemia del coronavirus frenó la moción de Sidewalk.
De cualquier manera, la ciencia allanó hace tiempo el sendero para cambiar las históricas metrópolis de cemento y colaborar con la salud del planeta Tierra a través del uso de la madera.
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