Por qué algunas zonas de la espalda son más vulnerables al desgaste, según un estudio

Científicos europeos analizaron cómo los discos de la columna distribuyen las cargas diarias y detectaron áreas con mayor exposición al deterioro asociado al paso del tiempo

Un hombre inclinado levanta una caja de cartón, con la columna vertebral visible en transparencia y vértebras lumbares marcadas en rojo.
Un estudio publicado en la revista Nature reveló que los discos intervertebrales poseen una tensión interna previa para sostener las cargas cotidianas (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Cada vez que una persona se inclina para atarse las zapatillas, carga una bolsa de supermercado o levanta a un niño, su espalda pone en marcha un sistema de apoyo que pasa inadvertido. Un grupo internacional de investigadores logró observar parte de ese mecanismo y encontró que los discos de la columna ya contienen una tensión interna que les permite resistir las cargas cotidianas, aunque también puede dejar áreas más expuestas al desgaste.

El trabajo, publicado en Nature, analiza los discos que separan una vértebra de otra. Estas piezas amortiguan los movimientos y ayudan a que la columna se flexione sin que los huesos choquen entre sí. Comprender cómo reparten las fuerzas puede aportar información sobre un problema frecuente: el deterioro progresivo de la espalda.

PUBLICIDAD

Vértebras lumbares y discos intervertebrales translúcidos con fibras visibles sobre un fondo azul en orientación horizontal.
Los discos intervertebrales amortiguan las cargas que recibe la columna y permiten que las vértebras se muevan sin rozar entre sí. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación reunió a especialistas de la Universidad de Manchester, la Universidad Queen Mary de Londres y el University College London, con apoyo de instalaciones científicas europeas. Los autores aclararon que el hallazgo no equivale a un tratamiento nuevo ni ofrece una solución inmediata para el dolor de espalda. Su aporte está en mostrar, con un nivel de detalle hasta ahora difícil de alcanzar, qué sucede dentro de los discos cuando soportan presión.

Los discos sostienen fuerzas que cambian con cada movimiento

La columna no trabaja igual cuando una persona está acostada, de pie o inclinada hacia adelante. En cada posición, los discos intervertebrales reciben y distribuyen el peso del cuerpo. También deben responder a impulsos breves, como un salto, y a esfuerzos más prolongados, como permanecer sentado durante horas.

PUBLICIDAD

Hombre de espaldas con una mano en la zona lumbar y un gráfico superpuesto de los huesos de la columna vertebral y la pelvis.
El dolor lumbar puede tener distintas causas. Los investigadores analizaron cómo responden los discos de la columna ante fuerzas cotidianas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores estudiaron muestras de esos discos mediante rayos X y un método de observación que permite reconstruir su interior en tres dimensiones. El objetivo fue seguir el comportamiento de las fibras de colágeno, un material presente en distintas partes del cuerpo que aporta resistencia y flexibilidad. El equipo pudo conectar la respuesta de todo el disco con cambios en fibras diminutas de su estructura interna.

La comparación puede pensarse como una cuerda formada por muchos hilos. A simple vista, la cuerda parece una sola pieza; sin embargo, su resistencia depende de la disposición y el estado de cada hilo. En los discos, las fibras se organizan de manera ordenada para sostener la presión y permitir los movimientos de la espalda.

Parte de esa red ya está tirante antes de recibir peso

Uno de los resultados centrales fue que muchas de esas fibras no parten de una condición relajada. Ya se encuentran bajo cierta tensión antes de que el disco reciba una carga adicional. Esa tensión previa parece contribuir a la firmeza necesaria para que el disco cumpla su función durante la vida diaria.

Un hombre adulto levanta en el aire a un niño en un parque rodeado de vegetación y personas que caminan al fondo.
Al levantar a un niño, la columna distribuye la carga entre las vértebras, los discos intervertebrales, los músculos y otras estructuras. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hallazgo también plantea una contrapartida. Si algunas fibras empiezan su trabajo con tensión acumulada, pueden tener menos margen para afrontar una exigencia extra. Esa condición no significa que una lesión sea inevitable, pero ayuda a entender por qué ciertas partes de un disco podrían tolerar peor los esfuerzos repetidos o una carga intensa.

La investigadora Alissa Parmenter, del University College London, explicó que, al agacharse o levantar peso, las fuerzas se reparten en estructuras mucho menores de las que pueden verse a simple vista. Según señaló, el método permitió relacionar la deformación del tejido con los cambios que se producen en sus componentes más pequeños.

La unión entre dos zonas del disco concentró la mayor exigencia

El estudio detectó que las fibras con una forma más curvada soportaban una tensión mayor. El efecto fue más marcado cerca del límite entre la parte central del disco y su capa exterior. Esa franja aparece como una de las zonas que podrían ser más propensas a sufrir daños.

Ilustración del torso posterior de una persona con una mano apoyada en la zona lumbar resaltada en rojo sobre fondo azul.
El profesor Himadri Gupta afirmó que la tensión interna otorga rigidez al disco, pero reduce su margen de tolerancia ante esfuerzos intensos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los discos tienen una zona interna más blanda, que ayuda a amortiguar, y una parte externa más resistente, que contiene y protege esa estructura. El punto donde ambas se conectan debe combinar funciones diferentes y, por eso, recibe exigencias particulares durante los movimientos. Los autores consideran que conocer mejor ese límite permitirá investigar de qué modo comienza el deterioro del disco con la edad o tras esfuerzos acumulados.

Himadri Gupta, profesor de la Universidad Queen Mary de Londres, indicó que el diseño del disco parece responder a un equilibrio. La tensión interna favorece la rigidez que necesita para sostener carga, pero podría reducir la capacidad de algunas fibras para enfrentar presiones potencialmente dañinas.

El resultado abre una herramienta para estudiar el desgaste con más detalle

La investigación se apoyó en avances previos de técnicas de imágenes desarrolladas por equipos de Manchester. Catherine Disney, una de las científicas vinculadas a esa línea de trabajo, destacó la importancia de sostener durante años las herramientas que permiten estudiar tejidos con precisión.

El nuevo enfoque no se limita a la columna. La misma forma de observación podría emplearse para investigar tendones, cartílagos y arterias, que también dependen de redes de colágeno para resistir fuerzas y conservar su forma. En el caso de la espalda, el próximo paso será analizar cómo cambian estas estructuras en discos de distintas edades y en condiciones de desgaste.

Elis Newham, también de la Universidad Queen Mary de Londres, sostuvo que para entender el daño de un disco es necesario mirar más allá de su apariencia general. La técnica permite vincular lo que sucede en sus fibras con el comportamiento del conjunto y ofrece una base para futuras investigaciones sobre los cambios asociados al envejecimiento.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD