Entre la vigilia y el sueño: por qué el cerebro puede alterar la percepción de la realidad

La profesora Michelle Spear, de la Universidad de Bristol, analiza los episodios nocturnos que pueden alterar el descanso y provocar temor o desconcierto en quienes los atraviesan

Ilustración realista de un cerebro humano transparente en vista lateral con redes neuronales luminosas y ondas eléctricas pulsantes, y una persona durmiendo al fondo.
La falta de sincronización entre el procesamiento sensorial y la actividad muscular produce percepciones sin estímulos externos en la transición al sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

El cerebro puede generar sonidos, presencias y sensaciones que nunca ocurrieron durante la transición al sueño, un fenómeno que la neurociencia explica a partir de las particularidades del proceso de dormir, según plantea Michelle Spear, profesora de Anatomía de la Universidad de Bristol, en un artículo publicado en The Conversation.

Quedarse dormido no es el equivalente neurológico de apagar una luz. El cerebro atraviesa cambios graduales en el procesamiento sensorial, la actividad muscular y la conciencia del entorno que no siempre ocurren en sincronía. Esa desincronización abre una ventana breve en la que características del estado de vigilia y del sueño coexisten, con resultados que pueden ser desconcertantes.

PUBLICIDAD

El sacudón al dormirse es una señal del tránsito neurológico

Uno de los fenómenos más conocidos es el llamado sacudón del sueño (o inicio del sueño), una contracción muscular involuntaria que ocurre en las primeras etapas del adormecimiento y genera la sensación de caer o tropezar. Se trata de un indicador claro de que el paso de la vigilia al sueño no siempre es fluido.

Un hombre duerme de lado con expresión preocupada. Una burbuja de pensamiento sobre su cabeza contiene la silueta oscura y borrosa de una figura grande y amenazante.
Las experiencias en el umbral del sueño permiten escuchar pasos o percibir figuras en la habitación sin la presencia de un estímulo real (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa misma zona limítrofe, las llamadas experiencias del umbral del sueño pueden incluir percepciones auditivas y visuales: pasos, susurros o incluso figuras que parecen estar en la habitación, sin que exista ningún estímulo externo que las origine. Según Spear, estas experiencias ilustran un principio fundamental: “percibir un sonido y que ese sonido realmente ocurra no son exactamente la misma cosa”.

PUBLICIDAD

El síndrome de la cabeza explosiva no implica dolor ni daño

Dentro de este espectro de fenómenos aparece el síndrome de la cabeza explosiva, cuyo nombre puede parecer alarmante pero que es completamente inofensivo. Quien lo experimenta percibe, en el momento de quedarse dormido o de despertarse, un estruendo súbito (una explosión, un disparo, una puerta que se cierra de golpe) sin que nada en el entorno haya producido ese ruido.

Su causa precisa aún no está determinada, pero el fenómeno subraya algo que la profesora señala con claridad: la experiencia consciente del sonido es una construcción del cerebro. La actividad neuronal puede generar una percepción auditiva por completo real sin que medie ningún estímulo del mundo exterior.

Una mujer recostada en la cama con los ojos cerrados. Un cerebro virtual brillante y azul se proyecta sobre su cabeza en un dormitorio oscuro.
El síndrome de la cabeza explosiva genera la percepción de ruidos súbitos como detonaciones o portazos sin causar daño físico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otro mecanismo involucrado es la capacidad del cerebro para distinguir entre lo que genera internamente (pensamientos, recuerdos, habla imaginada) y lo que proviene del exterior. Normalmente, esa distinción es automática, pero cerca del umbral del sueño puede fallar y hacer que algo producido dentro del propio cerebro sea percibido como si viniera de afuera.

Ese principio también explica un fenómeno cotidiano que muchas personas reconocen: creer escuchar que alguien llama por su nombre y darse vuelta para encontrar que no hay nadie.

La parálisis del sueño puede generar la sensación de una presencia en la habitación

La experiencia más perturbadora de este conjunto es, probablemente, la parálisis del sueño. Durante la fase de movimientos oculares rápidos (REM), en que se producen los sueños más vívidos, el cerebro suprime la actividad muscular para evitar que las personas actúen físicamente lo que están soñando.

Cuando la conciencia de vigilia regresa antes de que esa parálisis se disuelva, el individuo sabe dónde está pero no puede moverse, y fragmentos de lo que estaba soñando pueden permanecer activos. El resultado es la sensación nítida de que hay alguien más en la habitación, a pesar de que los sentidos no registran ninguna presencia real.

Cerebro humano estilizado en tonos oscuros con red neuronal topográfica superpuesta. Caminos de señal luminosos verde azulado y ámbar se ramifican sobre la corteza.
El cerebro suprime la actividad muscular durante la fase REM para impedir la reproducción física de los movimientos del sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

La base de ese fenómeno fue ilustrada en un experimento citado por Spear: participantes controlaban un dispositivo robótico ubicado frente a ellos, mientras un segundo robot reproducía sus movimientos tocándoles la espalda. Cuando los investigadores introdujeron un leve retraso entre el movimiento y el toque, algunos participantes comenzaron a sentir que otra persona los tocaba e incluso percibieron una presencia detrás de ellos.

El experimento pone en evidencia que la distinción entre uno mismo y el otro es algo que el cerebro construye activamente, y no una percepción dada. Si ese proceso se interrumpe, como ocurre durante la parálisis del sueño, una sensación generada internamente puede sentirse como si tuviese un origen externo.

Al borde del sueño, el cerebro elabora la realidad con menos fiabilidad

Lo que todos estos fenómenos tienen en común es que revelan el carácter constructivo de la percepción humana. El cerebro combina información sensorial con expectativas y experiencias previas para elaborar la interpretación más probable de la realidad, y en el límite entre el sueño y la vigilia ese mecanismo se vuelve menos confiable.

Según Spear, en ese estado el cerebro puede producir sonidos que nunca ocurrieron, dejar que fragmentos de sueños se filtren en la habitación e interpretar sensaciones propias como la presencia de otra persona.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD