
Un estudio publicado en Nature Medicine advirtió que los casos y las muertes por cáncer de cuello uterino aumentarán en el mundo si se mantienen las tendencias actuales. La investigación proyecta que los diagnósticos anuales crecerán un 20,2% y los fallecimientos un 39,3% frente a los niveles de 2024, pese a que se trata de una enfermedad que en gran medida puede prevenirse.
La investigación anticipa que para 2050 habrá cerca de 1,08 millones de nuevos casos al año y 522.000 muertes. La mayor parte de ese incremento recaería en África subsahariana, una región donde las limitaciones de acceso a la vacunación contra el virus del papiloma humano, las pruebas de detección y el tratamiento continúan marcando diferencias con los países de mayores ingresos.
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El análisis fue realizado por Natalie Pritchett, Lisa Force y otros investigadores a partir de las estimaciones del Estudio de la Carga Global de Enfermedades, Lesiones y Factores de Riesgo.
El equipo revisó la incidencia, la mortalidad y los años de vida ajustados por discapacidad, una medida que reúne años perdidos por muerte prematura y por mala salud, en 204 países y territorios entre 1990 y 2023, y luego elaboró proyecciones hasta mediados de siglo.
Según sus cálculos, en 2023 se produjeron 887.000 nuevos diagnósticos y 369.000 muertes por cáncer de cuello uterino en el mundo. Las diferencias por nivel de ingresos fueron pronunciadas: la incidencia ajustada por edad en los países de bajos ingresos fue más de cuatro veces superior a la observada en los de altos ingresos. En mortalidad, la distancia superó siete veces.
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La proyección para África subsahariana resulta especialmente relevante. Allí, los casos podrían aumentar un 88,7% de aquí a 2050 y las muertes, un 95,4%. El estudio calcula que la región podría registrar alrededor de 206.000 fallecimientos anuales por esta causa al final del período analizado.
Ninguna superregión llegaría a la meta de eliminación en 2050

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el cáncer de cuello uterino puede encaminarse hacia su eliminación como problema de salud pública cuando la incidencia baja de cuatro casos por cada 100.000 mujeres. Sin embargo, los autores estiman que ninguna de las siete superregiones del estudio alcanzaría ese umbral para 2050 si no cambian las trayectorias actuales.
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La advertencia se produce en un contexto en el que existen herramientas para reducir de manera sustancial el riesgo. La vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) previene las infecciones de los tipos virales asociados con la mayoría de estos tumores.
A su vez, el tamizaje permite identificar lesiones precancerosas o detectar la enfermedad en fases iniciales, cuando las posibilidades de tratamiento son mayores.
Los investigadores plantean que ampliar de forma sostenida la cobertura de inmunización, de las pruebas de detección y de la atención de las lesiones cervicales será determinante para modificar las previsiones.

También señalan una limitación de sus resultados: la información disponible es incompleta o de calidad desigual en numerosos países de ingresos bajos y medios, precisamente donde la carga proyectada es más elevada.
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Además, los modelos se apoyan en las tendencias observadas y no incorporan el posible efecto futuro de los programas de vacunación contra el VPH. Ese factor podría alterar la evolución de la enfermedad, aunque dependerá de la rapidez con la que las dosis lleguen a las poblaciones que hoy tienen menor acceso a la prevención.
El VPH explica la mayoría de los tumores del cuello uterino
El cáncer de cuello uterino comienza en las células del cuello del útero, la parte inferior del útero que se conecta con la vagina. De acuerdo con Mayo Clinic la mayoría de los casos se relaciona con determinadas cepas del VPH, una infección frecuente que se transmite por contacto sexual.
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En la mayoría de las personas, el sistema inmunitario elimina el virus sin que genere consecuencias. En una proporción menor, la infección persiste durante años y puede provocar cambios celulares que, con el tiempo, derivan en cáncer.
Los dos tipos principales son el carcinoma de células escamosas, que aparece en las células planas que cubren la parte externa del cuello uterino, y el adenocarcinoma, originado en las células glandulares del canal cervical.
En sus primeras etapas, la enfermedad puede no causar síntomas. Cuando avanza, pueden presentarse sangrado vaginal después de las relaciones sexuales, entre menstruaciones o tras la menopausia; menstruaciones más abundantes o prolongadas; flujo vaginal acuoso con sangre; y dolor pélvico o durante las relaciones sexuales. Esos signos pueden obedecer a distintas causas, pero requieren una consulta con un profesional de salud.
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La prevención combina vacuna, controles y tratamiento oportuno

La prevención incluye recibir la vacuna contra el VPH de acuerdo con la recomendación sanitaria de cada país y realizarse controles periódicos, entre ellos la prueba de Papanicolaou u otros estudios de detección indicados por el equipo médico. Estas evaluaciones buscan identificar alteraciones antes de que se conviertan en un tumor invasivo.
También se asocian con un mayor riesgo el tabaquismo, un sistema inmunitario debilitado, el inicio temprano de la actividad sexual y la exposición a otras infecciones de transmisión sexual. El uso de preservativo ayuda a reducir el riesgo de infecciones, aunque no elimina por completo la posibilidad de contagio de VPH.
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Cuando se confirma un diagnóstico, el tratamiento depende del tipo de tumor y de su extensión. Puede incluir cirugía, radioterapia, quimioterapia, terapias dirigidas o combinaciones de estas alternativas.
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